¿Bautismo del Espíritu Santo es lo mismo que Recibir el Espíritu?

Por: Rigoberto Gómez

El bautismo del Espíritu Santo nos hace parte del cuerpo de Cristo

El apóstol Pablo dice: “Porque por un mismo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo… y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”, dando a entender que la iglesia es bautizada con el Espíritu para ser parte del cuerpo de Cristo.

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Por tal razón, Jesús dijo a sus discípulos…”más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5), porque sin bautismo del Espíritu Santo no hay cuerpo de Cristo, dicho en otras palabras, no habría iglesia.

Bautismo, llenura, don y promesa del Espíritu Santo

A pesar de que Jesús les dijo “…seréis bautizados con el Espíritu Santo…” (Hechos 1:5), después se nos dice que “…fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). Ambas expresiones significan lo mismo, ser lleno y bautizado con el Espíritu es el mismo acontecimiento.

Lo que se cumplió en pentecostés fue la promesa del Espíritu Santo conforme a la profecía de Joel: “Más esto es lo dicho por el profeta Joel… derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…” (Hechos 2:16-17), razón por la cual se nos enfatiza “…habiendo recibido del padre la promesa del Espíritu Santo…” (v33). 

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A esta promesa, el apóstol Pedro, le llama “don” al decir “…recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38), pero antes del día de pentecostés nadie lo había recibido, ni siquiera los mismos apóstoles; pues Jesús les dijo “yo enviaré la promesa de mi padre sobre vosotros” (Lucas 24:49), “No os dejaré huérfanos vendré a vosotros” (Juan 14:18), esa era la promesa, pero mientras Jesús no fuera glorificado y ascendiera a los cielos no podían recibir el Espíritu Santo. 

Recibir el Espíritu Santo es ser Bautizado con el Espíritu Santo

Los Samaritanos, a pesar de ser bautizados en el nombre del Señor Jesús, todavía no habían recibido el Espíritu Santo por lo cual “…oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos… entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:15-17). 

Habían creído y se bautizaron pero no recibieron el Espíritu Santo. A esta frase “recibían el Espíritu Santo”, el apóstol Pedro, le también le llama “don” en el versículo 20. (Te invito a leer el artículo ¿Cómo saber si he Recibido el Espíritu Santo?)

Cuando se derramó el Espíritu Santo en la casa de Cornelio, los fieles de la circuncisión se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo, así lo dice Hechos 10:45, pero a esto que llamaron don, el apóstol Pedro, le llamó “recibir el Espíritu Santo” al decir “… estos [gentiles] que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros”. Recibir el Espíritu Santo, tal como dice Pedro, es lo mismo que recibir el don del Espíritu Santo que predicó en pentecostés (Hechos 2:38), ese mismo Espíritu con el cual “…fueron todos llenos…” (Hechos 2:4). 

Cuando Pedro explicó a los hermanos de Jerusalén lo que había sucedido en Jope, en la casa de Cornelio, dijo: “…me acordé de lo dicho por el señor…más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 11:16), es decir, que lo que Pedro había llamado en Jope “recibir el Espíritu Santo”, ahora lo llama bautismo del Espíritu Santo, por lo cual podemos notar que esta experiencia en la escritura es llamada de diferentes maneras pero describen un mismo acontecimiento: “Recibir el Espíritu Santo”. 

Como podemos notar en Hechos capítulo 8, los Samaritanos (aun siendo bautizados), no habían recibido el Espíritu Santo. El apóstol Pablo se había convertido pero todavía no recibía el Espíritu Santo, razón por la cual fue enviado Ananías para que fuese lleno del Espíritu y también bautizado en su nombre (Hechos 9:17; Hechos 22:16).

Espíritu Santo se recibe por fe como dice Gálatas 3: 2 “… ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?, obviamente la respuesta es por fe; pues es el “…Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él…” (Juan 7:37). Los apóstoles creyeron que lo recibirían y así fue el día de pentecostés. 

Al recibir por fe el Espíritu Santo somos sellados por Dios, pues “habiendo creído en el fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13), pero es importante notar que dice “El Espíritu Santo de la promesa”, es decir, el bautismo, don, promesa, que también se derramó en pentecostés.

Los Samaritanos recibieron el Espíritu Santo cuando llegaron a orar por ellos (pues no lo habían recibido, a pesar de ser bautizados). De igual forma, a los Efesios, Pablo les está recordando que fue por esa fe que recibieron el bautismo del Espíritu Santo para ser sellados por Dios. 

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