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Preguntad por las sendas antiguas: sermón sobre Jeremías 6:16

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Texto base: Jeremías 6:16. Tema: volver al camino de fidelidad revelado por Dios. Propósito: mostrar qué significan las sendas antiguas en su contexto bíblico y llamar al creyente a examinar su camino, escuchar la Palabra, arrepentirse cuando se ha desviado y andar en obediencia.

Idea central: las sendas antiguas no son todas las costumbres del pasado, sino el buen camino de fidelidad que Dios había revelado. Para el creyente, volver no significa vivir de nostalgia religiosa, sino regresar a la verdad de Dios y andar en obediencia a Jesucristo.

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (Jeremías 6:16).

Jeremías 6:16 es uno de esos textos que pueden citarse fácilmente sin escuchar primero la gravedad de su contexto. Dios no estaba invitando a Judá simplemente a recordar tiempos mejores. Estaba llamando a un pueblo que se había apartado de Él a detenerse, examinar el camino que seguía, buscar nuevamente el buen camino y comenzar a andar por él.

La tragedia del pasaje se encuentra en sus últimas palabras: “Mas dijeron: No andaremos”. El problema no era que Dios hubiera ocultado el camino. El pueblo había dejado de querer recorrerlo.

Por eso este texto sigue confrontándonos. Una persona puede acostumbrarse gradualmente a vivir lejos de aquello que antes reconocía como voluntad de Dios. Una congregación puede conservar lenguaje religioso mientras pierde sensibilidad ante la Palabra. Una generación puede llamar progreso a lo que en realidad es alejamiento, o llamar tradición bíblica a lo que nunca fue un mandato de Dios.

Jeremías nos obliga a formular una pregunta más profunda: ¿cómo sabemos si estamos andando por el buen camino?

El contexto de Jeremías 6: un pueblo que había dejado de escuchar

Para comprender las sendas antiguas debemos observar primero la condición espiritual de Judá. Jeremías no estaba hablando a personas que simplemente desconocían la voluntad de Dios. Hablaba a un pueblo que había recibido la Palabra y, sin embargo, estaba resistiéndola.

En Jeremías 6:10 el profeta pregunta:

“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman”.

El problema comenzaba en el oído espiritual. Dios hablaba, pero el pueblo ya no quería escuchar. La Palabra que debía corregirlos había llegado a resultarles molesta.

Este es uno de los primeros síntomas del alejamiento espiritual. No siempre comienza rechazando abiertamente a Dios. Puede comenzar cuando únicamente queremos escuchar aquello que confirma nuestras preferencias, cuando evitamos los textos que nos confrontan o cuando aceptamos con facilidad un mensaje agradable, pero resistimos una enseñanza que exige arrepentimiento.

Pablo advirtió posteriormente que llegaría un tiempo cuando algunos no soportarían la sana doctrina, sino que buscarían maestros conforme a sus propios deseos (2 Timoteo 4:3-4). El peligro continúa siendo el mismo: querer que la Palabra se adapte a nosotros en lugar de permitir que nosotros seamos corregidos por la Palabra.

¿Qué significa “paraos en los caminos y mirad”?

El llamado comienza con una orden sorprendente: “Paraos”.

Antes de cambiar de dirección hay que reconocer dónde estamos. Una persona que nunca se detiene a examinar su vida puede continuar durante años por un camino equivocado simplemente porque se acostumbró a recorrerlo.

La vida espiritual necesita momentos de examen. No para vivir permanentemente bajo condenación, sino para permitir que Dios confronte nuestras motivaciones, prioridades, hábitos y decisiones.

El salmista expresó esa disposición cuando oró:

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

“Mirad” implica algo más que observar superficialmente. El pueblo debía considerar hacia dónde lo estaba llevando el camino que había escogido. El pecado promete libertad, pero termina produciendo esclavitud. La autosuficiencia parece fortaleza hasta que descubrimos cuánto nos hemos alejado de Dios. Las decisiones pequeñas pueden formar, con el tiempo, una dirección completa de vida.

Detenerse delante de Dios significa hacernos preguntas incómodas cuando sean necesarias: ¿Estoy amando todavía aquello que Dios ama? ¿Hay algo que antes reconocía como pecado y ahora estoy justificando? ¿Estoy escuchando la Escritura o solamente las voces que coinciden conmigo? ¿Estoy siguiendo a Cristo o simplemente manteniendo una apariencia religiosa?

¿Qué son las sendas antiguas de Jeremías 6:16?

Las sendas antiguas eran, dentro del contexto de Jeremías, el camino de fidelidad a Dios que Judá había recibido y abandonado. Dios no estaba promoviendo la antigüedad por sí misma. La expresión está unida inmediatamente a otra pregunta: “cuál sea el buen camino”.

Eso es decisivo. Lo antiguo es valioso porque se trata del camino revelado por Dios, no simplemente porque pertenezca al pasado.

Judá había recibido mandamientos, advertencias, enseñanzas y una historia de la fidelidad divina. El pueblo sabía quién era su Dios y cómo había sido llamado a vivir. Sin embargo, había sustituido esa fidelidad por idolatría, injusticia, avaricia, engaño y una religión que podía hablar de paz mientras ignoraba el pecado.

Por eso preguntar por las sendas antiguas era volver a preguntar: ¿Cuál es el camino que Dios nos ha mostrado y del cual nos hemos desviado?

Las sendas antiguas no significan volver a toda costumbre del pasado

Este punto es especialmente importante. Una práctica no se convierte en bíblica simplemente porque tenga muchos años.

Las generaciones anteriores pudieron acertar en muchas cosas y equivocarse en otras. Nuestras familias pueden transmitirnos ejemplos hermosos de fe, pero también costumbres que nunca fueron mandamientos de Dios. Incluso dentro de la iglesia pueden surgir hábitos culturales que con el tiempo llegan a confundirse con principios bíblicos.

Por eso nuestra autoridad final no es la antigüedad de una costumbre, sino la verdad revelada por Dios.

Pablo podía decir: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1). El modelo humano era válido en la medida en que conducía hacia Cristo. Ese principio continúa siendo necesario: podemos honrar a quienes nos precedieron sin convertir a ninguna generación en una autoridad superior a la Palabra.

La enseñanza Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo desarrolla precisamente esa relación entre ejemplo cristiano y fidelidad al modelo de Jesucristo.

Volver a las sendas antiguas no significa colocarnos bajo el pacto mosaico

Jeremías habló a Judá dentro de una relación de pacto determinada. Por eso debemos respetar primero lo que el texto significó para sus oyentes originales.

Pero el mismo Jeremías anunció posteriormente:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jeremías 31:31).

Los cristianos no interpretamos Jeremías 6:16 como un llamado a volver al sistema ceremonial del pacto mosaico. Vivimos bajo el nuevo pacto establecido por Jesucristo.

Esto no elimina la verdad moral del llamado de Jeremías. Al contrario, nos ayuda a aplicarla correctamente. Volver al buen camino hoy significa volver a Dios conforme a la revelación que hemos recibido en Jesucristo y permanecer fieles a su Palabra.

Si deseas profundizar en la relación entre el antiguo pacto y el nuevo, puedes consultar La Ley de Moisés: un pacto que necesita comprenderse en su contexto.

“Preguntad”: necesitamos volver a consultar la Palabra de Dios

Jeremías no dijo solamente “recordad”. Dijo “preguntad”.

La idea muestra una disposición humilde. Quien pregunta reconoce que necesita dirección.

Uno de los problemas espirituales más graves aparece cuando dejamos de consultar a Dios porque ya hemos decidido de antemano lo que queremos hacer. Entonces podemos buscar versículos que respalden nuestras conclusiones en lugar de permitir que la Escritura forme nuestras conclusiones.

El creyente necesita recuperar constantemente esta actitud: “Señor, muéstrame el buen camino”.

La Palabra nos ayuda a discernir entre convicción y preferencia, entre verdad y costumbre, entre una decisión sabia y algo que simplemente resulta popular.

El Salmo 119:105 expresa esta función con una imagen conocida:

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.

Una lámpara no existe para decorar el camino, sino para poder andar por él. De la misma manera, estudiar la Biblia no consiste solamente en acumular información. La verdad debe iluminar nuestras decisiones.

La prédica Lámpara es a mis pies tu palabra profundiza en esta función de la Escritura como guía para la vida del creyente.

El peligro de preferir el mensaje popular al buen camino

Jeremías 6:13 denuncia otra parte del problema:

“Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores”.

Después añade:

“Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:14).

El pueblo tenía líderes religiosos capaces de ofrecer tranquilidad sin tratar seriamente la enfermedad espiritual. Había palabras de paz, pero no había verdadera paz.

Este peligro continúa siendo relevante para quienes enseñamos o predicamos. El predicador no ha sido llamado a buscar deliberadamente aquello que resulte ofensivo, pero tampoco puede eliminar del mensaje aquello que Dios ha revelado porque teme perder aceptación.

La gracia no requiere esconder el pecado. La misericordia no exige llamar bueno a aquello que destruye. Jesucristo mostró compasión hacia los pecadores y, al mismo tiempo, llamó al arrepentimiento.

También debemos evitar el extremo opuesto: utilizar la defensa de “las sendas antiguas” como excusa para convertir nuestras preferencias personales en mandamientos divinos. La fidelidad no consiste en ser más rígido que la Escritura, sino en someternos a lo que realmente enseña.

El buen camino no se decide por popularidad, pero tampoco por antigüedad: se discierne a la luz de la Palabra de Dios.

Cuando el pecado deja de producir vergüenza

Jeremías continúa:

“¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza” (Jeremías 6:15).

El problema había llegado más allá de cometer pecado. El pueblo había perdido sensibilidad frente a él.

Hay una diferencia entre caer y luchar por levantarse, y llegar a justificar aquello que Dios condena. El creyente puede fallar, pero mientras conserve un corazón sensible responderá a la convicción, confesará su pecado y buscará restauración.

El peligro aparece cuando la conciencia se acostumbra. Lo que antes inquietaba comienza a parecer normal. Después se defiende. Finalmente, la voz que intenta corregirlo puede llegar a verse como enemiga.

Por eso las sendas antiguas requieren algo más que conocimiento doctrinal. Necesitamos un corazón dispuesto a ser corregido.

David no fue un hombre que nunca pecó. Su grandeza espiritual se manifestó también en su capacidad de quebrantarse cuando reconoció su pecado. Salmo 51 muestra que volver a Dios implica dejar de defenderse delante de Él y permitir que la verdad produzca arrepentimiento.

“Andad por él”: conocer el buen camino no es suficiente

Jeremías 6:16 no termina diciendo “descubrid cuál es el buen camino”. Añade: “y andad por él”.

La verdad bíblica exige respuesta.

Podemos escuchar cientos de sermones sobre oración y continuar sin orar. Podemos conocer textos sobre el perdón y conservar resentimiento. Podemos explicar la santidad y vivir en desobediencia. Podemos defender doctrinas correctas mientras nuestra conducta contradice aquello que confesamos.

Santiago lo expresó posteriormente:

“Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

La senda se conoce caminándola.

Si Dios nos muestra que debemos perdonar, andar por el buen camino significa comenzar a obedecer. Si nos confronta con un pecado, significa arrepentirnos. Si hemos descuidado la oración, significa recuperar la comunión con Él. Si nuestra familia necesita atención espiritual, significa asumir responsabilidad. Si hemos adoptado una enseñanza que no resiste el examen bíblico, significa corregirla.

La obediencia convierte la convicción en dirección de vida.

“Mas dijeron: No andaremos”: la tragedia de rechazar el camino conocido

Las cuatro palabras finales de Jeremías 6:16 son posiblemente las más graves del texto:

“Mas dijeron: No andaremos”.

No dijeron que no entendían. No dijeron que el camino estaba oculto. La respuesta fue una negativa.

Aquí está el corazón de la apostasía: no simplemente ignorar algo, sino llegar al punto de resistir conscientemente aquello que Dios está mostrando.

Jeremías continúa en el versículo siguiente diciendo que Dios puso atalayas para advertir al pueblo, pero también respondieron: “No escucharemos”. La repetición muestra una voluntad endurecida.

Debemos tomar seriamente esa advertencia. Cada vez que la Palabra nos confronta existe una oportunidad para responder. Podemos humillarnos o justificarnos. Podemos cambiar de dirección o buscar argumentos para seguir igual.

El arrepentimiento debe producirse mientras el corazón todavía escucha.

¿Cómo volver a las sendas antiguas hoy?

Volver comienza reconociendo que hemos podido desviarnos. El orgullo dice: “Yo ya sé cuál es el camino”. La humildad vuelve a preguntar.

Primero necesitamos abrir nuevamente nuestros oídos a la Palabra. Esto implica leerla no solamente buscando información, sino dispuestos a obedecer aquello que descubramos.

También necesitamos distinguir entre la verdad bíblica y nuestras propias tradiciones. Algunas costumbres pueden ser buenas y útiles, pero nunca deben recibir la misma autoridad que un mandamiento de Dios. Del mismo modo, algo no se vuelve correcto simplemente porque sea nuevo, aceptado o popular.

Cuando la Escritura revela pecado, la respuesta es arrepentimiento. Segunda de Corintios 7:10 enseña que la tristeza según Dios produce arrepentimiento para salvación. El propósito de la convicción no es mantenernos hundidos en culpa, sino conducirnos de regreso al Señor.

Y después de arrepentirnos debemos volver a andar. La restauración no consiste únicamente en lamentar que nos alejamos, sino en retomar una vida de oración, obediencia, comunión, santidad, servicio y fidelidad a Jesucristo.

Este llamado sigue siendo especialmente necesario cuando la iglesia enfrenta presión cultural, confusión doctrinal, frialdad espiritual o la tentación de adaptar la verdad para hacerla más aceptable. Por eso puedes continuar con otros temas para predicar en estos tiempos, donde se desarrollan necesidades actuales de la iglesia desde distintos textos bíblicos.

“Y hallaréis descanso para vuestra alma”

Dios no llamó a Judá al buen camino para quitarle algo valioso, sino para devolverlo a una relación correcta con Él. Jeremías declara que allí encontrarían “descanso para vuestra alma”.

En su contexto, ese descanso estaba ligado a abandonar el camino de rebelión y volver a la fidelidad del pacto. El pecado prometía una alternativa mejor, pero conducía al juicio.

Sin convertir Jeremías 6:16 en una profecía directa de Mateo 11, encontramos en las palabras de Jesucristo una hermosa correspondencia con este tema:

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí… y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

Para el creyente, el buen camino no puede separarse de Jesucristo. No volvemos simplemente a un código antiguo ni a una época pasada. Volvemos al Señor, aprendemos de Él y caminamos conforme a su Palabra.

El descanso que Cristo ofrece no significa ausencia absoluta de problemas. Significa que nuestra alma deja de buscar vida en caminos que nunca podrán dársela y aprende a descansar bajo el señorío de Aquel que conoce verdaderamente el camino.

Aplicación: ¿qué camino estamos recorriendo?

Jeremías 6:16 no debería utilizarse solamente para hablar de lo que está mal en la sociedad o en otras iglesias. Antes de aplicarlo a otros, debemos permitir que nos examine personalmente.

Puede haber creyentes que no han abandonado la congregación, pero sí han comenzado a abandonar la comunión con Dios. Otros mantienen una apariencia exterior mientras sus decisiones privadas recorren otra senda. Algunos están permitiendo que opiniones, redes sociales, cultura o preferencias personales tengan más peso que la Escritura.

También una congregación puede necesitar detenerse y preguntar si algunas de sus prácticas están fundamentadas realmente en la Palabra o únicamente en la costumbre. La respuesta no consiste en abandonar todo lo antiguo ni en aceptar todo lo nuevo. Consiste en examinarlo todo bajo la autoridad de Dios y retener aquello que es bueno.

El llamado de Jeremías puede resumirse en cuatro movimientos unidos: detenernos para reconocer dónde estamos, mirar con sinceridad hacia dónde conduce nuestro camino, preguntar cuál es el buen camino revelado por Dios y comenzar nuevamente a andar por él.

Allí deja de ser solamente un texto para memorizar y se convierte en una decisión.

Conclusión: es tiempo de volver al buen camino

Judá recibió una invitación misericordiosa en medio de una situación espiritual muy grave. Dios todavía les estaba mostrando el camino.

Ese detalle revela esperanza. Si podemos reconocer que nos hemos desviado, todavía podemos responder al llamado de Dios.

Las sendas antiguas no son una invitación a idealizar el pasado. Son un llamado a recuperar la fidelidad que nunca debimos abandonar. No consisten en defender cada tradición recibida, sino en volver a preguntar qué ha dicho Dios y someternos nuevamente a su verdad.

Quizá alguna área de tu vida necesita ese llamado hoy. Tal vez has dejado de escuchar la Palabra con la misma disposición. Quizá sabes que una decisión no honra a Dios y has intentado justificarla. Tal vez una costumbre espiritual se apagó lentamente y necesitas recuperarla.

La respuesta de Judá fue: “No andaremos”.

Nuestra respuesta puede ser diferente.

Podemos detenernos, mirar, preguntar y volver a andar en el buen camino. Podemos arrepentirnos cuando sea necesario y afirmar nuevamente nuestra fidelidad a Jesucristo. Podemos escoger la verdad aunque no sea popular y mantener un corazón sensible cuando la Palabra nos corrige.

Preguntemos por las sendas antiguas, busquemos cuál es el buen camino y, cuando Dios nos lo muestre, andemos por él.

Este llamado a detenernos, examinarnos y responder con obediencia forma parte también de nuestras prédicas que impactan escritas, una selección de mensajes bíblicos que confrontan el corazón y llaman a tomar en serio la Palabra de Dios.

Para continuar preparando mensajes sobre obediencia, arrepentimiento, fidelidad y otros asuntos de la vida cristiana, puedes explorar Sermones cristianos para predicar. También puedes regresar a la biblioteca principal de sermones escritos listos para predicar para encontrar mensajes y recursos organizados para distintas necesidades de la iglesia.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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