Puestos los ojos en Jesús

La carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, Hebreos 12:1-3

Pablo dice que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, porque la vida cristiana es una carrera. Si queremos llevar una vida cristiana sin distracciones y sin desviarnos del camino, debemos mantener puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

I. Empieza bien la carrera

Puesto que la vida cristiana es una carrera. Sabemos cómo empieza y cómo termina. Para todos nosotros, comienza cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador y nos comprometemos con la persona de Jesucristo. Es como casarse con Cristo. Esa es la línea de salida. Antes de correr esta carrera de la vida cristiana, debes empezar bien.

Por supuesto, la Biblia dice que Dios tiene una pista de carreras para cada uno de los planes. Tu curso es diferente al mío y el mío es diferente al tuyo: diferentes experiencias, diferentes lugares a donde ir y cosas que hacer. Pero tienen el mismo punto de partida: la sumisión a Cristo.

Para someternos a Cristo, y correr con paciencia la carrera que tenemos por delante, debemos tener puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.

A. Enfócate en la meta, con los ojos puestos en Jesús

Tu estímulo es correr bien. Con los ojos puestos en Jesús. Puedes correr bien, porque esa es la intención de Dios para todos nosotros. Pero ¿Cómo corres bien?, ¿Cuál es la forma en la cual debemos correr en esta carrera del cristiano?

Puestos los ojos en Jesús, porque si desviamos la mirada podríamos salirnos de la ruta. Pedro, en un momento de fe, caminó sobre el mar, hacia donde Jesús estaba. En determinado momento, su mirada se desvió y, en lugar de ver a Jesús, miró las olas del mar embravecido y comenzó a hundirse. Por tanto, corre bien, para que no nos suceda como a Pedro y nos hundamos en en este mundo de pecado.

B. Ten presente que es una carrera de resistencia

Pablo dice «Corramos», pero también nos aconseja que lo hagamos «con paciencia» y puestos los ojos en Jesús. La carrera que tenemos por delante, es una carrera de resistencia, no es una carrera de velocidad. Los grandes corredores desarrollan resistencia. De igual forma, el cristiano debe desarrollar resistencia, porque el cristianismo no es una carrera de cien metros. Es un maratón de resistencia.

Debemos enfocarnos en la meta, puestos los ojos en Jesús, quien nos fortalecerá y nos dará la resistencia espiritual que necesitamos para terminar la carrera y no darnos por vencidos.

II. No somos los primeros en esta carrera

Hebreos 12:1 dice: «…Teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos«. Con esto, se está refiriendo a los grandes héroes de la fe mencionados en el capítulo anterior (Hebreos 11). Entre estos héroes podemos mencionar a Moisés, de quien se dice que «se sostuvo como viendo al Invisible» (Hebreos 11:27). Moisés tuvo que poner la mirada en Dios. De igual forma, a nosotros también se nos dice: «puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe».

En aquellos que son mencionados en el capítulo 11 de Hebreos, vemos estilos de vida que agradan a Dios, que giran en torno a la fe. Dice que estos son nuestros ejemplos. Si estas personas pueden hacerlo, nosotros también podemos hacerlo.

Los grandes santos de la fe en Hebreos 11 demuestran que la vida de fe realmente funciona. Tenemos ante nosotros una gran nube de testigos que están dispuestos a testificar que vivieron la vida de fe, se comprometieron con Cristo y les funcionó.

III. Corre con la mirada puesta en Jesús

Mientras corremos la carrera de nuestras vidas, debemos correr con la cabeza en alto y los ojos enfocados en Cristo. Si vamos a llevar una vida de fe, resistamos las distracciones y miremos profundamente a Jesucristo.

A. Puesto los ojos en Jesús para que nuestro ánimo no se canse

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar» (Hebreos 12:2-3)

Jesús siendo Dios se hizo siervo. Se volvió humano. Luego experimentó la muerte; no una muerte cualquiera, sino una muerte en una cruz. El escritor de Hebreos dijo en efecto: Si Jesucristo puede hacerlo, tú también puedes, porque Él no lo hizo como Dios; Él estaba haciendo esto en Su humanidad. Por el gozo de salvarnos soportó la cruz, menospreciando el oprobio.

Pablo nos dice lo mismo en Filipenses 2:5-8 «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz».

¡Jesús nos muestra el rumbo, demuestra la actitud adecuada, marca el ritmo, nos lleva a la victoria!. Jesucristo tenía un gozo puesto delante de él, nosotros también tenemos un gozo, una esperanza puesta delante de nosotros. La salvación que Cristo nos ha prometido.

IV. Termina bien la carrera

A. No importa como empiezas sino como terminas

Una de las enseñanzas básicas del cristianismo es muy simple: Lo que importa no es cómo empiezas; sino como terminas. Jesús dejó en claro al decir «más el que persevere hasta el fin, éste será salvo» (ver Mateo 24:13).

La meta de la carrera es llegar a la semejanza de Cristo. Él nos está haciendo crecer y madurar en esta carrera para parecernos a Jesucristo. Y, por supuesto, en última instancia, la meta está ahí en la eternidad, en el cielo. Puestos los ojos en Jesús para llegar a la meta.

B. Terminar con un gran legado

No todos los personajes de la Biblia llegaron al Salón de la Fe. Podríamos decir que la Biblia también tiene un Salón de la Vergüenza: Hombres y mujeres que deberían estar en Hebreos 11, pero que brillan por su ausencia. En el juicio final, algunos cristianos serán avergonzados porque no corrieron bien esta carrera. Sin tener puestos los ojos en Jesús, es imposible terminarla bien.

Ejemplos de quienes no corrieron bien esta carrera

  • El primer rey de Israel, Saúl, debería estar allí, en la lista de Hebreos 11, pero no está. Se centró más en agradar al pueblo que en agradar a Dios.
  • Balaam, el profeta, no tenía los ojos puestos en Dios sino que los tenía en el dinero. Sus ojos estaban tan desenfocados y distraídos que no podía ver un ángel frente a él.

V. Puestos los ojos en Jesús, conclusión

Si queremos llegar a la meta en esta carrera, no solo debemos correr con paciencia, sino también puestos los ojos en Jesús, quien nos dará la victoria. Muchos quizás han iniciado e incluso han avanzado a grandes pasos, pero no es una carrera de velocidad sino de resistencia. Por tanto, resistamos, perseveremos, pongamos la mirada en nuestro Dios y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Amén.

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