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Fe atrevida: sermón sobre una fe que habla y actúa

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Textos principales: Ester 4:13-16; Mateo 14:28-29

Introducción: ¿Qué es una fe atrevida?

Una fe atrevida no es una fe imprudente, impulsiva ni temeraria. Tampoco consiste en hacer algo arriesgado y esperar que Dios tenga que respaldar nuestra decisión. La verdadera fe adquiere valentía cuando la obediencia lo exige: habla cuando la verdad debe ser dicha, actúa cuando permanecer inmóvil significaría evadir nuestra responsabilidad y confía en Dios aun cuando no puede controlar todos los resultados.

La Biblia presenta creyentes que llegaron a momentos decisivos. Ester tuvo que enfrentar el peligro de presentarse delante del rey para interceder por su pueblo. Pedro, en medio de una tormenta, pidió a Jesús que lo llamara a caminar hacia Él sobre las aguas. Son circunstancias muy diferentes, pero ambas nos ayudan a comprender que la fe bíblica no permanece únicamente en lo que pensamos o sentimos. Cuando Dios llama, la fe produce una respuesta de obediencia.

Sin embargo, estos relatos deben interpretarse con cuidado. Ester no actuó simplemente porque quería demostrar valentía, y Pedro no saltó de la barca esperando que Dios premiara su atrevimiento. Ester reconoció la gravedad de su responsabilidad y se preparó antes de actuar; Pedro esperó una palabra de Jesús y descendió únicamente después de escuchar: “Ven”.

Por eso, la fe atrevida no dice: “Haré lo que yo quiera y Dios tendrá que bendecirme”. Su lenguaje es diferente: “Señor, quiero confiar en ti lo suficiente para obedecer cuando tu voluntad sea clara, aunque hacerlo me cueste”.

1. La fe atrevida reconoce cuándo no puede seguir permaneciendo en silencio

Ester 4 se desarrolla durante una crisis que amenazaba la existencia del pueblo judío. Amán había conseguido que se promulgara un decreto de exterminio, y Mardoqueo hizo llegar a Ester una petición urgente: debía presentarse delante del rey y procurar la liberación de su pueblo.

Ester respondió explicando un peligro real. Nadie podía entrar ante el rey sin haber sido llamado. Hacerlo implicaba exponerse a la muerte, a menos que el rey extendiera el cetro de oro. Ella conocía perfectamente el riesgo y también sabía que llevaba treinta días sin ser llamada ante el monarca.

Entonces Mardoqueo respondió:

“No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:13-14).

Mardoqueo no afirmó como revelación directa que Dios había hecho reina a Ester exclusivamente para aquel momento. Sus palabras son más prudentes y, precisamente por eso, más profundas: “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”. La llevó a considerar que su posición podía implicar una responsabilidad que ya no podía ignorar.

Callar también puede convertirse en una decisión

La Biblia no enseña que debamos opinar sobre todo. Hay momentos para guardar silencio, escuchar, esperar y hablar con prudencia. Pero también existen circunstancias en las que callar deja de ser sabiduría y se convierte en una forma de evitar nuestra responsabilidad.

Ester podía intentar proteger su posición pensando que el problema pertenecía a otros. Mardoqueo le recordó que ella también formaba parte del pueblo amenazado. Su lugar privilegiado no la desligaba de la situación; podía convertirse en la oportunidad para servir.

En nuestra vida también puede llegar el momento de hablar con respeto y verdad: compartir el evangelio cuando Dios nos da una oportunidad, defender a alguien tratado injustamente, reconocer una falta, pedir perdón, advertir con amor ante una conducta destructiva o afirmar nuestra fidelidad a Cristo cuando sería más cómodo guardar silencio.

La fe atrevida no busca confrontaciones innecesarias ni convierte toda diferencia en una batalla. Pero tampoco permite que el miedo sea siempre quien decida cuándo debemos callar. Para profundizar particularmente en la vida de esta mujer y su respuesta ante la crisis, puedes leer La fe de Ester.

2. La fe atrevida se prepara antes de actuar

La respuesta de Ester demuestra que valentía y prudencia no son enemigos. Después de comprender la gravedad de la situación, no corrió inmediatamente hacia el rey. Primero envió esta respuesta a Mardoqueo:

“Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente” (Ester 4:16).

Ester comprendió su responsabilidad, pero también reconoció su vulnerabilidad. El desafío era demasiado serio para enfrentarlo con ligereza. Por eso convocó un ayuno y se preparó antes de presentarse delante del rey.

El libro de Ester no menciona explícitamente una oración en este versículo, así que no necesitamos añadir al relato algo que el texto no dice. Sí podemos observar que el ayuno demuestra la solemnidad con la que Ester y los demás judíos enfrentaron aquel momento.

Tener fe no significa actuar precipitadamente

A veces confundimos valentía espiritual con rapidez. Pensamos que una persona de fe debe tomar decisiones inmediatamente, demostrar seguridad constante o ignorar cualquier sensación de temor. Ester presenta un modelo diferente: reconoce el peligro, busca preparación, reúne a otros alrededor de la necesidad y después actúa.

La fe madura no necesita fingir autosuficiencia. Hay decisiones que requieren oración, reflexión, consejo bíblico y discernimiento. No todo impulso representa la dirección de Dios, no toda oportunidad debe aceptarse y no todo miedo significa necesariamente que debemos retroceder.

La verdadera sabiduría consiste en aprender a distinguir entre el temor que nos paraliza y la prudencia que nos prepara para obedecer mejor. La fe atrevida puede esperar cuando esperar es sabio, y puede actuar cuando llega el momento de hacerlo.

3. La fe atrevida obedece aunque no pueda controlar el resultado

Después de convocar el ayuno, Ester pronunció una de las declaraciones más conocidas de su historia:

“Entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca” (Ester 4:16).

La fuerza de estas palabras no radica en que Ester supiera que todo saldría bien. Precisamente ocurre lo contrario: ella decidió cumplir su responsabilidad sin tener control sobre la reacción del rey.

Muchas veces queremos garantías antes de obedecer. Estamos dispuestos a hablar si sabemos que seremos comprendidos, servir si estamos seguros de obtener buenos resultados o afrontar una conversación difícil solamente si sabemos que la otra persona reaccionará favorablemente. Pero la obediencia bíblica no siempre viene acompañada de esas garantías.

Ester hizo aquello que estaba en sus manos y dejó el resultado fuera de ellas. Esa es una diferencia fundamental entre obediencia y control.

La fe no obliga a Dios a cumplir nuestros planes

La historia terminó favorablemente para Ester y su pueblo, pero no debemos convertir ese resultado en una fórmula universal. La Biblia no enseña que toda persona que asuma un riesgo creyendo en Dios recibirá necesariamente aquello que desea.

Hebreos 11 presenta hombres y mujeres que por fe experimentaron grandes victorias, pero también recuerda a otros que sufrieron profundamente permaneciendo fieles. La fe no puede definirse solamente por un resultado temporal favorable.

Por eso, decir “tengo fe” no significa afirmar que Dios hará exactamente lo que hemos imaginado. Confiamos en Dios porque Él es digno de confianza, incluso cuando todavía desconocemos el desenlace. La fe atrevida obedece sin pretender controlar al Señor.

4. La fe atrevida sabe hablar con verdad y con sabiduría

Cuando Ester finalmente entró delante del rey, el cetro fue extendido hacia ella. Sin embargo, el relato demuestra que vencer el primer temor no la convirtió en una persona impulsiva. Ester actuó cuidadosamente y escogió el momento apropiado para presentar su petición.

Esto nos enseña que hablar con fe no significa hablar más fuerte, reaccionar rápidamente o expresar todo lo que pensamos sin considerar las consecuencias. Una persona puede tener razón en lo que dice y equivocarse profundamente en la manera de decirlo.

La fe atrevida busca fidelidad, no espectáculo. Puede hablar con firmeza sin abandonar la humildad, defender la verdad sin utilizarla como arma para humillar y afrontar una situación difícil sin dejar de actuar con prudencia.

Hablar con fe no significa decretar nuestros deseos

El relato de Ester tampoco enseña que nuestras palabras tengan un poder autónomo para producir aquello que declaramos. Ester no anunció que necesariamente sobreviviría, no decretó la caída de Amán ni afirmó que el rey estaba obligado a extenderle el cetro.

Su declaración fue muy diferente:

“Si perezco, que perezca”.

Su confianza no estaba depositada en el poder de sus propias palabras, sino en la responsabilidad que había decidido asumir. Esta distinción es importante porque la fe bíblica descansa en Dios y permanece sometida a su voluntad.

Hablar con fe significa proclamar la verdad de Dios, testificar acerca de Jesucristo, confesar nuestra esperanza y negarnos a permitir que el miedo gobierne nuestra fidelidad. No significa convertir nuestros deseos personales en promesas divinas.

5. Pedro nos enseña que la fe atrevida responde a la palabra de Cristo

Mateo 14 presenta otra escena que puede ayudarnos a completar esta enseñanza. Los discípulos se encontraban en una barca enfrentando viento contrario cuando vieron a Jesús caminando sobre el mar. Después de que el Señor se identificó, Pedro respondió:

“Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mateo 14:28).

Jesús respondió sencillamente:

“Ven” (Mateo 14:29).

Entonces Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas hacia Jesús. Muchas veces resumimos el relato diciendo que Pedro tuvo fe porque se atrevió a salir del barco. Pero hay algo que sucede antes y que no debemos pasar por alto: Pedro salió después de recibir una palabra de Cristo.

No vio una tormenta y decidió demostrar cuánto valor tenía. Tampoco intentó realizar algo espectacular esperando que Dios respaldara después su iniciativa. Primero preguntó y después recibió una orden: “Ven”.

La diferencia entre fe y presunción

La fe dice: “Si el Señor me llama, obedeceré aunque tenga miedo”. La presunción dice: “Haré algo porque quiero hacerlo y después esperaré que Dios me respalde”.

Jesús mismo rechazó esa manera de actuar cuando Satanás lo tentó a lanzarse desde el pináculo del templo esperando una intervención sobrenatural. El Señor respondió: “No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).

Por eso, “salir de la barca” no debe convertirse en una invitación general a tomar decisiones arriesgadas, abandonar la prudencia o intentar provocar milagros. La enseñanza es más sólida: cuando Cristo verdaderamente llama, la fe confía lo suficiente en su palabra para obedecer.

El centro del relato no es la valentía de Pedro independientemente de Jesús. El centro sigue siendo Jesucristo, cuya palabra hizo posible aquello que Pedro no podía realizar por sus propias capacidades.

6. Una fe atrevida pasa de la convicción a la obediencia

Ester y Pedro llegaron, cada uno en circunstancias muy distintas, a un punto donde creer interiormente debía convertirse en una respuesta concreta. Ester podía reconocer que su pueblo estaba en peligro, pero finalmente tuvo que presentarse delante del rey. Pedro podía creer que Jesús tenía poder sobre el mar, pero después de escuchar “Ven” tenía que decidir si permanecería dentro de la barca.

Santiago enseña un principio semejante cuando explica que una fe sin obras es muerta. No está diciendo que nuestras obras sustituyen la gracia de Dios, sino que la verdadera fe termina produciendo frutos visibles en nuestra manera de vivir.

Podemos creer que debemos perdonar y seguir alimentando resentimiento; afirmar que el evangelio debe anunciarse y nunca hablar de Cristo; reconocer que debemos servir y esperar indefinidamente que otro haga el trabajo; saber que debemos abandonar determinada conducta y continuar postergando la decisión.

Cuando la convicción nunca alcanza nuestra conducta, necesitamos preguntarnos cuánto está gobernando realmente nuestra vida aquello que afirmamos creer.

La fe atrevida también se demuestra en decisiones cotidianas

No todos enfrentaremos un momento como el de Ester delante del rey ni una experiencia semejante a la de Pedro caminando sobre el agua. La mayoría de las decisiones de fe ocurren en escenarios mucho menos espectaculares, pero pueden requerir una valentía igualmente real.

Una madre que persevera enseñando la Palabra a sus hijos aunque todavía no vea todos los frutos actúa con fe. Un creyente que reconoce humildemente una falta y busca reconciliación necesita valentía. Un joven que decide permanecer fiel a Cristo en un ambiente donde sus convicciones son ridiculizadas necesita fe. Una persona que comparte respetuosamente el evangelio con alguien que ama puede estar venciendo un temor que durante mucho tiempo la mantuvo en silencio.

También necesita fe el ministro que permanece fiel a la Escritura cuando sería más cómodo decir únicamente aquello que todos quieren escuchar. Y necesita fe quien obedece a Dios en las tareas sencillas que nadie celebra ni reconoce.

La fe atrevida no necesita producir una escena impresionante. Muchas veces se manifiesta mediante obediencias aparentemente pequeñas que cuestan mucho en el corazón. El objetivo no es parecer valientes delante de otros, sino permanecer fieles delante de Dios.

¿Qué significa obedecer a Dios en la situación que tienes delante?

No todas las personas necesitan escuchar hoy la misma exhortación. Quizá alguien necesita hablar, mientras otro necesita aprender a guardar silencio. Uno puede estar utilizando la prudencia como excusa para no obedecer, mientras otro necesita dejar de actuar impulsivamente y comenzar a esperar en Dios.

Puede existir una conversación que debes afrontar con humildad, una responsabilidad que has evitado, un paso de servicio que necesitas asumir, una oportunidad para compartir el evangelio o un pecado que sabes que debes abandonar. Pero la pregunta correcta no es simplemente: “¿Qué cosa atrevida puedo hacer?”.

La pregunta es mucho más importante: “¿Qué significa obedecer fielmente a Dios en la situación que tengo delante?”

Antes de actuar, busca al Señor y examina su Palabra. Pide sabiduría y no confundas una emoción intensa con dirección divina. Pero cuando la obediencia sea clara, tampoco permitas que el temor se disfrace eternamente de prudencia.

La valentía cristiana no nace del deseo de sentirnos extraordinarios. Nace de considerar la voluntad de Dios más importante que nuestra comodidad.

Conclusión: una fe atrevida habla y actúa en obediencia

La fe atrevida que encontramos en la Biblia no es imprudencia espiritual. No consiste en hacer ruido, buscar situaciones peligrosas o declarar que Dios hará necesariamente todo aquello que nosotros deseamos. Es una confianza que aprende a obedecer aun cuando la obediencia exige valor.

Ester nos muestra que puede llegar un momento en que permanecer en silencio ya no sea una opción responsable. Pero su valentía estuvo acompañada de preparación, prudencia y disposición para enfrentar un resultado que no podía controlar. Pedro nos recuerda que dar un paso de fe tampoco significa actuar sin dirección: descendió de la barca después de escuchar a Jesús decirle “Ven”.

En ambos relatos, el centro no es el atrevimiento humano, sino una respuesta de confianza. La verdadera fe sabe cuándo hablar, cuándo esperar y cuándo actuar porque quiere que la voluntad de Dios tenga más peso que el temor.

Si hoy estás paralizado ante algo que sabes que debes hacer, no necesitas fabricar una valentía artificial. Busca al Señor, afirma tu corazón en su Palabra y responde con obediencia. Si necesitas hablar, hazlo con verdad y sabiduría; si necesitas esperar, espera confiando; y si necesitas actuar, no permitas que el miedo gobierne aquello que Dios ya te ha mostrado.

Pero si todavía no sabes qué hacer, tampoco confundas apresurarte con tener fe. La verdadera fe puede ser atrevida sin dejar de ser humilde, prudente y dependiente de Dios.

Puedes continuar con otros sermones cristianos para predicar o explorar la biblioteca de sermones escritos listos para predicar. Este mensaje también forma parte de la selección de 12 sermones completos para predicar.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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