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Las 5 excusas de Moisés: bosquejo para predicar

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Texto base: Éxodo 3:1–4:17
Tema: El llamado de Dios frente a nuestras objeciones
Propósito: mostrar cómo Dios respondió a las dudas, temores y resistencia de Moisés, y llamar al creyente a obedecer aquello que Dios le ha confiado.
Idea central: Moisés miraba repetidamente sus limitaciones y dificultades; Dios dirigía su atención hacia su presencia, su palabra y su poder.

Introducción: cuando Dios llama y Moisés comienza a objetar

Éxodo 3 presenta uno de los momentos decisivos de la vida de Moisés. Después de años en Madián, mientras pastoreaba el rebaño de Jetro, Dios se manifestó en la zarza que ardía sin consumirse y le anunció que había visto la aflicción de Israel en Egipto.

Entonces llegó el llamado:

“Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Éxodo 3:10).

Moisés no respondió inmediatamente aceptando la misión. Desde Éxodo 3:11 hasta 4:13 presentó una serie de preguntas y objeciones que tradicionalmente resumimos como las cinco excusas de Moisés.

No todas tienen exactamente el mismo grado de resistencia. Algunas expresan dudas comprensibles; la última muestra de manera mucho más abierta que Moisés prefería que Dios enviara a otra persona. Lo significativo es observar que Dios respondió a cada objeción sin retirar el llamado.

Este mensaje forma parte de los 35 bosquejos bíblicos listos para predicar y de nuestra colección de bosquejos para predicar.

I. Primera excusa de Moisés: “¿Quién soy yo?”

Texto: Éxodo 3:11-12

Moisés respondió:

“¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?”

La pregunta dirige la atención hacia la capacidad del enviado. Moisés sabía la magnitud de la tarea: debía regresar al lugar del que había huido y presentarse ante el gobernante de Egipto para anunciar la liberación de Israel.

Dios no respondió enumerando todas las virtudes de Moisés. Tampoco intentó convencerlo de que era extraordinariamente capaz.

Respondió:

“Ve, porque yo estaré contigo”.

La respuesta de Dios a nuestra insuficiencia es su presencia

Este es el primer principio del bosquejo. La obra de Dios no descansa finalmente en la autosuficiencia del instrumento.

Moisés tenía limitaciones reales. Su pasado tampoco había desaparecido. Pero ninguna de esas cosas había sorprendido al Dios que lo estaba llamando.

Esto no significa que toda aspiración personal sea automáticamente un llamado divino ni que la preparación sea innecesaria. Significa que cuando Dios realmente nos encomienda una responsabilidad, no debemos evaluar la obediencia únicamente preguntando si nos sentimos suficientes.

La promesa “yo estaré contigo” también permite relacionar este punto con No temas porque yo estoy contigo, donde se desarrolla la seguridad que produce la presencia de Dios en medio de nuestras limitaciones.

II. Segunda excusa de Moisés: “¿Qué les responderé?”

Texto: Éxodo 3:13-15

Moisés planteó otra pregunta. Cuando llegara ante los hijos de Israel y les dijera que el Dios de sus padres lo había enviado, ¿qué debía responder si preguntaban por su nombre?

No necesitamos presentar esta pregunta únicamente como cobardía. En el contexto de la misión, Moisés necesitaba saber en nombre de quién comparecería ante Israel.

La respuesta de Dios fue una revelación de sí mismo:

“YO SOY EL QUE SOY”.

Y posteriormente afirmó:

“Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:15).

Moisés no debía inventar su propio mensaje

La autoridad de Moisés no estaría fundada en una idea personal. Debía presentarse como enviado del Dios que había hecho pacto con Abraham, Isaac y Jacob y que ahora intervenía en favor de su pueblo.

Esa enseñanza también es importante para quien predica hoy. Nuestra responsabilidad no consiste en inventar un mensaje capaz de impresionar, sino en proclamar fielmente lo que Dios ha revelado en su Palabra.

Si deseas profundizar específicamente en el nombre revelado en estos pasajes, puedes continuar con ¿Es Jehová el nombre de Dios?. Ese estudio aborda una pregunta doctrinal diferente que no necesitamos desarrollar dentro de este bosquejo.

III. Tercera excusa de Moisés: “No me creerán”

Texto: Éxodo 4:1-9

Moisés respondió:

“He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz”.

Su preocupación tampoco carecía completamente de antecedentes. Años antes, cuando trató de intervenir entre dos hebreos, uno de ellos había rechazado su autoridad preguntándole quién lo había puesto por príncipe y juez sobre ellos.

Ahora debía regresar afirmando que Dios lo había enviado.

La respuesta divina consistió en darle señales que autenticarían su misión: la vara convertida en serpiente, la mano afectada y restaurada y la señal relacionada con el agua del río.

Nuestra responsabilidad es obedecer; la respuesta de los demás no está totalmente bajo nuestro control

Aquí encontramos una aplicación muy útil para el ministerio.

El temor al rechazo puede impedirnos hablar, servir o asumir una responsabilidad. Podemos preocuparnos demasiado por preguntas como:

“¿Y si no me escuchan?”
“¿Y si no me toman en serio?”
“¿Y si fracaso?”

Pero nuestra obediencia no puede depender de controlar cómo responderán los demás.

Esto tampoco significa actuar imprudentemente o utilizar “Dios me llamó” para ignorar toda corrección. Significa que, una vez que existe una responsabilidad bíblica clara, el temor al rechazo no debe gobernar nuestra respuesta.

Pablo recordó a Timoteo que Dios no nos ha dado espíritu de temor o cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.

IV. Cuarta excusa de Moisés: “Soy tardo en el habla”

Texto: Éxodo 4:10-12

Moisés presentó ahora una limitación relacionada directamente con la tarea:

“Nunca he sido hombre de fácil palabra… porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”.

No sabemos con certeza la naturaleza exacta de esa dificultad. Lo que sí sabemos es cómo respondió Dios:

“¿Quién dio la boca al hombre?… ¿No soy yo Jehová?”

Y añadió:

“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar”.

Dios conocía la limitación antes de llamar a Moisés

Moisés estaba informando a Dios de una debilidad que Dios ya conocía.

La respuesta divina no negó su preocupación. La colocó bajo una realidad mayor: el Dios que lo enviaba también podía ayudarlo en aquello que debía hablar.

Después Dios incorporó a Aarón como portavoz. Sin embargo, Aarón no sustituyó a Moisés en el llamado. Moisés todavía debía ir.

Esto es importante. En ocasiones Dios puede utilizar a otras personas para complementar nuestras limitaciones, aconsejarnos o trabajar junto a nosotros. Recibir ayuda no significa que podamos transferir automáticamente a otro aquello que nos corresponde obedecer.

Este punto se relaciona especialmente con Las excusas de Jeremías, porque Jeremías también respondió al llamado divino señalando su dificultad para hablar. Ambos relatos permiten observar cómo Dios trata con quienes se sienten insuficientes para comunicar su palabra.

V. Quinta excusa de Moisés: “Envía a otro”

Texto: Éxodo 4:13-17

Finalmente Moisés dijo:

“¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar”.

Aquí la resistencia resulta mucho más explícita.

Las objeciones anteriores habían recibido respuesta. Dios había prometido su presencia, revelado lo que Moisés debía decir, dado señales y prometido ayudarlo con su boca.

Ahora Moisés sencillamente pide que otro sea enviado.

Entonces el texto dice:

“Jehová se enojó contra Moisés”.

Existe una diferencia entre reconocer una limitación y utilizarla para evitar la obediencia

Dios había mostrado paciencia ante las preguntas de Moisés. Pero llegó un punto en el que la resistencia ya no podía seguir presentándose solamente como inseguridad.

Moisés no necesitaba otra explicación acerca de sus limitaciones. Necesitaba ir.

Esto nos obliga a examinarnos. Hay dudas que necesitan enseñanza, temores que necesitan acompañamiento y limitaciones que requieren preparación. Pero también puede llegar un momento en el que seguir buscando razones para no actuar se convierta simplemente en resistencia a obedecer.

El estudio No hay excusas ni pretextos para servir a Dios amplía precisamente esa aplicación para la vida cristiana.

¿Qué respondió Dios a las cinco excusas de Moisés?

El relato puede resumirse mediante un contraste sencillo:

Moisés preguntó: “¿Quién soy yo?”
Dios respondió: “Yo estaré contigo”.

Moisés preguntó: “¿Qué les diré?”
Dios reveló quién lo enviaba y qué debía comunicar.

Moisés dijo: “No me creerán”.
Dios le proporcionó señales para autenticar su misión.

Moisés dijo: “No sé hablar bien”.
Dios respondió: “Yo estaré con tu boca”.

Moisés pidió: “Envía a otro”.
Dios se enojó ante su resistencia, proveyó la ayuda de Aarón y mantuvo sobre Moisés la responsabilidad de ir.

Este resumen muestra que el centro del relato no son solamente las excusas.

El centro es el Dios que llama, responde, provee y continúa demandando obediencia.

Aplicación: ¿qué excusa estamos utilizando nosotros?

No todos los creyentes reciben el mismo llamado que recibió Moisés. Él ocupó un lugar irrepetible dentro de la historia de la redención y fue enviado específicamente a sacar a Israel de Egipto.

Sin de la historia de la redención y fue enviado específicamente a sacar a Israel de Egipto.

Sin embargo, la iglesia sí ha recibido responsabilidades claramente reveladas: anunciar el evangelio, hacer discípulos, servir, vivir en santidad y utilizar para la edificación aquello que Dios ha puesto en nuestras manos.

La iglesia no libera por su propio poder a los pecadores. Proclama a Jesucristo, quien salva, perdona y hace verdaderamente libre. Nuestra responsabilidad consiste en obedecer el mandato recibido y confiar en el poder de Dios.

Por eso vale la pena preguntarnos: ¿estoy llamando humildad a lo que en realidad es temor? ¿Estoy esperando sentirme completamente preparado antes de obedecer? ¿Estoy usando la posible reacción de otros como razón para permanecer en silencio? ¿O estoy pidiendo que otro haga aquello que ya sé que me corresponde realizar?

El propósito de estas preguntas no es producir culpa artificial, sino ayudarnos a distinguir entre una limitación que necesita ayuda y una excusa que necesita ser abandonada.

Conclusión: las excusas terminaron, pero Moisés tuvo que ir

Éxodo no termina con Moisés permaneciendo junto a la zarza.

Después de toda aquella conversación, tuvo que regresar.

El hombre que preguntó “¿Quién soy yo?” tuvo que presentarse ante Faraón. El hombre que temía no ser escuchado tuvo que hablar. El hombre que señaló su dificultad para expresarse tuvo que convertirse en portavoz del mensaje que Dios le había confiado.

La grandeza de Moisés no estuvo en que nunca sintiera inseguridad. El propio relato demuestra lo contrario. Su historia nos enseña que nuestras dudas no deben convertirse en el lugar permanente donde dejamos estacionada nuestra obediencia.

Dios conocía a Moisés cuando lo llamó.

Conocía su pasado.

Conocía sus temores.

Conocía sus limitaciones.

Y aun así le dijo:

“Ve”.

Si en lugar de una estructura para desarrollar necesitas un mensaje completamente elaborado, puedes continuar en nuestros sermones escritos listos para predicar.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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