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El justo por la fe vivirá: sermón sobre Habacuc 2:4

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Textos principales: Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38

¿Qué significa “el justo por la fe vivirá”?

“El justo por la fe vivirá” significa que quien pertenece a Dios no sostiene su vida espiritual en el orgullo, la autosuficiencia o sus propios méritos, sino en una confianza perseverante en el Señor. Habacuc pronunció estas palabras en medio de una crisis, y posteriormente el Nuevo Testamento las retomó para explicar tanto la justicia que se recibe por la fe como la necesidad de continuar viviendo fielmente delante de Dios.

La frase aparece por primera vez en Habacuc 2:4:

“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá”.

Pablo la cita en Romanos 1:17 y Gálatas 3:11, mientras Hebreos 10:38 vuelve a utilizarla en una exhortación a no retroceder. Esto nos permite ver que la fe bíblica no es solamente algo que ocurre en el momento inicial de nuestra relación con Dios. El justo recibe la gracia por medio de la fe y continúa caminando por fe.

Por eso, vivir por fe no significa ignorar la realidad, repetir pensamientos positivos ni convencernos de que todo saldrá como queremos. Significa confiar en Dios suficientemente para permanecer fieles a Él aun cuando nuestras circunstancias todavía no muestran el resultado que esperamos.

Habacuc aprendió a confiar cuando no entendía lo que Dios estaba haciendo

El libro de Habacuc comienza con preguntas difíciles. El profeta contemplaba violencia, injusticia y perversidad dentro de Judá y clamaba a Dios porque parecía que el mal continuaba sin recibir respuesta.

Entonces Dios le anunció algo que lo dejó todavía más perplejo: levantaría a los caldeos para ejecutar juicio.

Habacuc sabía que Judá había pecado, pero no podía comprender cómo Dios utilizaría una nación caracterizada por una violencia todavía mayor. Su problema no era simplemente falta de información. Estaba intentando reconciliar aquello que veía con lo que sabía acerca de la justicia de Dios.

Esa experiencia se parece a situaciones que nosotros también enfrentamos. A veces confiamos fácilmente mientras entendemos lo que ocurre, pero nuestra fe es probada cuando las circunstancias parecen contradecir aquello que esperábamos.

Habacuc llevó sus preguntas a Dios. No abandonó al Señor porque no comprendía la respuesta; permaneció delante de Él esperando.

El orgulloso confía en sí mismo, pero el justo depende de Dios

Habacuc 2:4 establece un contraste:

“Aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá”.

En un lado está el orgulloso, cuya seguridad está en sí mismo. En el otro está el justo, cuya vida está marcada por la fe.

El término hebreo relacionado con “fe” en este versículo puede expresar también la idea de fidelidad o firmeza. Esto ayuda a comprender que Habacuc no está describiendo una creencia momentánea, sino una confianza que permanece.

El justo no es presentado como alguien que nunca siente temor, nunca pregunta o siempre comprende lo que Dios está haciendo. Habacuc mismo había preguntado intensamente. La diferencia está en que sus preguntas no lo llevaron a abandonar a Dios.

La fe puede hacer preguntas sin convertirse en incredulidad. Puede llorar sin negar la bondad del Señor y reconocer que no entiende sin concluir que Dios ha perdido el control.

Esta dimensión forma parte de algo mucho más amplio que puedes profundizar en la fe en la Biblia, donde se estudian su significado, desarrollo y manifestaciones en la vida cristiana.

Vivir por fe significa esperar la palabra de Dios aunque el cumplimiento tarde

Después de ordenar a Habacuc escribir la visión, Dios declaró:

“Aunque la visión tardará aún por un tiempo […] aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará” (Habacuc 2:3).

Desde la perspectiva humana podía parecer que la respuesta demoraba. Sin embargo, el cumplimiento tenía su tiempo.

Aquí aparece uno de los mayores desafíos de la fe: vivir entre la promesa y su cumplimiento.

Nos gusta recibir respuestas rápidas. Cuando oramos, queremos ver inmediatamente el resultado; cuando obedecemos, esperamos comprobar pronto que tomamos la decisión correcta. Pero la Escritura presenta repetidamente creyentes que tuvieron que confiar durante períodos en los que todavía no podían ver lo prometido.

Esperar por fe no significa establecer nosotros mismos qué debe hacer Dios y cuándo debe hacerlo. Significa mantenernos fieles a Él mientras confiamos en que su palabra permanece verdadera.

Habacuc no recibió permiso para abandonar su confianza porque el calendario de Dios fuera diferente del suyo.

Tampoco nosotros.

La fe de Habacuc llegó a depender de Dios y no de las circunstancias

El libro termina con una de las declaraciones más poderosas de confianza de todo el Antiguo Testamento:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento […] con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18).

Habacuc no afirma que la escasez sea imaginaria. Describe una situación económica devastadora: sin higos, sin uvas, sin aceitunas, sin cosecha y sin ganado.

Su fe no consiste en negar esas pérdidas.

Consiste en poder decir “con todo”.

La verdadera confianza en Dios llega a un punto donde nuestra relación con Él no depende completamente de que las circunstancias permanezcan favorables. Esto no significa que dejemos de pedir provisión, sanidad, ayuda o respuestas. Significa que nuestra fe tiene un fundamento más profundo que los resultados inmediatos.

Podemos agradecer cuando Dios abre una puerta y seguir confiando cuando una puerta permanece cerrada. Podemos celebrar una respuesta y continuar creyendo cuando todavía estamos esperando.

El justo vive por fe porque su vida está arraigada en Dios, no solamente en aquello que recibe de Dios.

Pablo retoma la frase para explicar la justicia revelada en el evangelio

Siglos después, Pablo abre su exposición del evangelio en Romanos declarando:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

Y continúa:

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

Pablo toma las palabras de Habacuc y las coloca dentro de la proclamación del evangelio. Ningún ser humano puede presentarse delante de Dios afirmando que ha alcanzado justicia por sus propios méritos.

Más adelante Romanos declara:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Nuestra esperanza no puede estar en demostrar que somos suficientemente buenos para obligar a Dios a aceptarnos. La salvación nace de la gracia divina manifestada en Jesucristo.

La justificación no es un premio ganado por nuestras obras

Las obras humanas no pueden comprar el perdón ni convertir la salvación en una deuda que Dios tenga con nosotros. Pablo argumenta con fuerza contra cualquier intento de utilizar las obras de la ley como fundamento de nuestra justificación.

Por eso la fe es indispensable.

Creemos en Jesucristo y descansamos en la obra redentora que Él realizó. Su muerte y resurrección son el fundamento de nuestra esperanza, no nuestros méritos personales.

Sin embargo, esto no significa que la fe sea simplemente aceptar intelectualmente determinadas doctrinas mientras permanecemos voluntariamente en desobediencia. Romanos mismo comienza hablando de la “obediencia a la fe” (Romanos 1:5).

Para estudiar con mayor detalle esta doctrina, puedes consultar qué significa la justificación por la fe. Aquí nuestro propósito es observar cómo esa justicia recibida por fe da origen también a una vida que continúa dependiendo de Dios.

La fe que recibe la gracia también responde al evangelio

Uno de los errores que debemos evitar es convertir “el justo por la fe vivirá” en una defensa de una fe puramente mental.

La fe bíblica confía y responde.

Cuando el evangelio fue predicado el día de Pentecostés y los oyentes fueron compungidos de corazón, preguntaron:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37).

Pedro respondió:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

Nada de esto significa que el ser humano gane la salvación mediante méritos. La gracia viene de Dios; la fe es nuestra respuesta confiada y obediente a aquello que Dios ofrece.

El arrepentimiento no compra la gracia.

El bautismo no es una obra mediante la cual podamos jactarnos delante de Dios.

Recibir el Espíritu Santo no es un logro humano.

Todo pertenece a la obra salvadora de Dios, pero la fe verdadera no responde diciendo: “Creo, por tanto no necesito obedecer”. La fe bíblica escucha la Palabra y se dispone a responder.

Gálatas confirma que nadie es justificado por las obras de la ley

Pablo vuelve a citar Habacuc en Gálatas:

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11).

El problema que Pablo enfrenta es grave. Si la justicia pudiera obtenerse mediante la ley, la suficiencia de la obra de Cristo quedaría comprometida.

Por eso Pablo insiste en que la promesa se recibe por fe.

Pero sería un error concluir que, como las obras de la ley no pueden justificarnos, Dios ya no se interesa por nuestra obediencia. El mismo Gálatas enseña posteriormente que “la fe obra por el amor” (Gálatas 5:6) y describe el fruto que el Espíritu produce en quienes caminan bajo su dirección.

No somos transformados para conseguir que Dios nos deba salvación. Somos transformados porque la gracia de Dios ha entrado en nuestra vida y la fe verdadera produce una respuesta.

La diferencia es fundamental.

Hebreos añade otra dimensión: vivir por fe significa no retroceder

La misma declaración aparece en Hebreos 10:

“Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38).

Aquí el contexto enfatiza perseverancia.

Los creyentes habían experimentado sufrimientos y necesitaban paciencia para continuar haciendo la voluntad de Dios. El escritor no les dice simplemente que recuerden una decisión de fe tomada años atrás. Los llama a seguir viviendo por fe.

El versículo siguiente declara:

“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39).

La fe salvadora tiene continuidad.

No es una emoción momentánea producida durante un culto ni solamente el recuerdo de una experiencia pasada. El justo vivirá por fe.

La fe persevera cuando obedecer se vuelve difícil

Es relativamente fácil decir que confiamos en Dios cuando no existe un costo visible. La perseverancia comienza a mostrar su importancia cuando ser fiel exige paciencia, renuncia o resistencia.

Puede haber temporadas en las que sentimos entusiasmo espiritual y otras en las que simplemente debemos permanecer firmes en aquello que sabemos que es verdadero.

La fe no siempre se siente espectacular.

En muchas ocasiones se parece a seguir orando.

Seguir congregándose.

Seguir obedeciendo.

Seguir rechazando aquello que sabemos que desagrada a Dios.

Seguir confiando cuando todavía no vemos la respuesta.

Esa perseverancia no depende solamente de nuestra fuerza de voluntad. Dependemos de la gracia de Dios y de la obra del Espíritu Santo para permanecer firmes.

Vivir por fe no es vivir de pensamientos positivos

En nuestra cultura, la palabra “fe” puede utilizarse para describir casi cualquier expectativa optimista. Alguien dice que “tiene fe” simplemente porque espera que determinado resultado ocurra.

La fe bíblica es diferente.

No se basa en nuestra capacidad de imaginar un futuro agradable, sino en el carácter de Dios y en su Palabra.

Por eso podemos tener fe y aun reconocer que una situación es difícil. Habacuc contempló la posibilidad de una tierra sin cosecha. Pablo enfrentó persecución. Los creyentes de Hebreos habían sufrido pérdidas. Ninguno necesitó fingir que el problema no existía para continuar confiando en Dios.

La fe tampoco consiste en declarar algo hasta obligar a Dios a hacerlo. Dios sigue siendo Señor. La fe no controla a Dios; confía en Dios.

Esta distinción es esencial para predicar correctamente acerca de la fe.

¿Cómo vive hoy el justo por la fe?

Vivir por fe comienza poniendo nuestra confianza en Jesucristo y continúa permitiendo que esa confianza gobierne nuestra vida. No se limita al momento en que llegamos al evangelio; alcanza nuestras decisiones, prioridades, relaciones y perseverancia.

Vivimos por fe cuando obedecemos una enseñanza bíblica aunque hacerlo resulte incómodo. Vivimos por fe cuando rechazamos el pecado aun cuando nadie nos observa, cuando perdonamos porque Cristo nos llama a hacerlo y cuando continuamos buscando a Dios aunque una respuesta tarde.

También vivimos por fe cuando reconocemos nuestros límites. No tenemos que aparentar que controlamos el futuro. Podemos hacer planes responsables y, al mismo tiempo, ponerlos bajo la voluntad del Señor.

Quien está preparando otros mensajes sobre confianza, perseverancia y vida cristiana puede continuar entre nuestros sermones cristianos para predicar, donde distintos pasajes desarrollan estas verdades desde contextos diferentes.

La fe mira finalmente a Jesucristo

La fuerza de nuestra fe no está en la fe misma, sino en Aquel en quien confiamos.

Una persona puede estar profundamente convencida de algo equivocado y su sinceridad no convertirá el error en verdad. Por eso la Biblia no nos llama simplemente a “tener mucha fe”. Nos llama a creer en Dios y a confiar en Jesucristo.

Cristo es el centro del evangelio.

Él murió por nuestros pecados.

Resucitó.

En Él tenemos esperanza.

Por medio de Él recibimos gracia.

Y en Él debemos permanecer.

Dentro de la biblioteca de sermones escritos listos para predicar encontrarás otros mensajes que desarrollan esta misma centralidad de Cristo desde diferentes pasajes bíblicos.

Conclusión: el justo seguirá viviendo por fe

“El justo por la fe vivirá” fue pronunciado primero en un momento de incertidumbre. Habacuc no podía comprender todo lo que Dios estaba haciendo, pero aprendió que su vida no podía descansar en lo visible.

Pablo tomó aquellas palabras y mostró que el evangelio revela una justicia que el ser humano no puede alcanzar mediante sus propios méritos. Gálatas confirmó que las obras de la ley no pueden ocupar el lugar de la fe, y Hebreos recordó a los creyentes que esa fe debe perseverar sin retroceder.

Así, la frase atraviesa la Escritura con una profundidad extraordinaria: la fe recibe, la fe confía, la fe obedece y la fe persevera.

Tal vez ahora mismo estás atravesando un tiempo semejante al de Habacuc, intentando comprender por qué Dios permite determinadas circunstancias. Puedes presentar tus preguntas delante del Señor sin abandonar tu confianza. Quizá estás luchando con la culpa y pensando que necesitas acumular méritos suficientes para ser recibido por Dios. Mira a Jesucristo y descansa en su gracia. O quizá has comenzado bien, pero el cansancio está intentando hacerte retroceder. Recuerda que el llamado no es solamente a comenzar por fe, sino a vivir por fe.

No pongas tu seguridad final en aquello que puedes controlar. No conviertas tus obras en un sustituto de la gracia ni utilices la gracia como excusa para desobedecer.

Confía en Jesucristo, responde a su Palabra y permanece fiel. El justo por la fe vivirá.

Si quieres continuar con una selección más concentrada de mensajes desarrollados, los 12 sermones completos para predicar reúnen este sermón junto con otros pasajes preparados para distintas necesidades de la iglesia.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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