Textos base: Apocalipsis 22:12; Hechos 1:9-11; Mateo 24:36-44; 1 Tesalonicenses 4:13-18
Tema: La certeza del regreso de Jesucristo y la preparación espiritual de la iglesia
Propósito: afirmar la promesa de la venida de Cristo y llamar al creyente a vivir en vigilancia, santidad, fidelidad y esperanza.
Idea central: Jesucristo volverá conforme a su promesa; aunque nadie conoce el día ni la hora, la iglesia debe esperar su venida con una vida preparada, santa, perseverante y ocupada en la misión que el Señor le ha encomendado.
Introducción: “He aquí yo vengo pronto”
La Biblia termina con una promesa que mantiene la mirada de la iglesia puesta en el futuro. En Apocalipsis 22:12 Jesucristo declara:
“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.
Y pocos versículos después vuelve a afirmar:
“Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:20).
La respuesta de la iglesia es:
“Amén; sí, ven, Señor Jesús”.
La venida de Cristo no debe convertirse en motivo de especulaciones, fechas arbitrarias o temor constante. La Escritura presenta esta esperanza para fortalecer al creyente, despertar vigilancia y recordarnos que nuestra historia no termina en las dificultades del presente.
El mismo Jesucristo que murió, resucitó y ascendió volverá. Hechos 1:11 registra las palabras de los ángeles:
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.
Nuestra esperanza está puesta en Jesucristo, Dios manifestado en carne, quien realizó la obra de salvación, resucitó victorioso y volverá conforme a su promesa. Su venida llama a la iglesia a mirar hacia adelante con esperanza y, al mismo tiempo, a vivir fielmente mientras espera.
Este mensaje pertenece a los 35 bosquejos bíblicos listos para predicar y puede utilizarse para enseñar sobre esperanza, vigilancia, santidad y perseverancia cristiana.
I. La venida de Cristo es una promesa segura
La certeza de la segunda venida no depende de nuestra capacidad para interpretar noticias, acontecimientos políticos o señales naturales. Descansa principalmente en la palabra del Señor.
Jesús dijo a sus discípulos:
“Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).
Los discípulos enfrentarían la partida de Jesús, persecución, aflicciones y años de servicio. Sin embargo, no quedarían sin esperanza. El Señor les aseguró que su separación no era el final de la historia.
“Este mismo Jesús” volverá
Hechos 1 conecta directamente la ascensión con el regreso:
“Este mismo Jesús… así vendrá”.
La esperanza cristiana no está fundamentada en una fuerza impersonal ni en una idea abstracta del futuro. Esperamos al Señor Jesucristo.
Pablo escribe:
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16).
El mismo Jesús que caminó entre los hombres, murió por nuestros pecados, resucitó y fue exaltado regresará con poder y gloria. La promesa del regreso está inseparablemente ligada a la persona y obra de Cristo.
Para profundizar en los acontecimientos relacionados con esta esperanza y las distinciones entre ellos, puedes consultar el estudio sobre el arrebatamiento y la segunda venida de Cristo.
La esperanza cristiana incluye resurrección y encuentro con el Señor
Pablo escribió a creyentes que sufrían por la muerte de hermanos en la fe. Su respuesta no consistió en ofrecer una frase de ánimo genérica, sino en dirigirlos hacia la venida de Cristo.
Primera de Tesalonicenses 4:16-17 declara que los muertos en Cristo resucitarán primero y que los creyentes vivos serán arrebatados juntamente con ellos:
“para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.
Después Pablo añade:
“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).
La venida del Señor es, por tanto, una esperanza especialmente preciosa cuando enfrentamos muerte, dolor y separación. El creyente sabe que la muerte no tendrá la última palabra y que llegará el día del encuentro con Jesucristo.
II. “Cristo viene pronto” no significa que podamos calcular la fecha
La expresión “vengo pronto” aparece repetidamente al final de Apocalipsis. Su fuerza llama a la iglesia a permanecer preparada y a reconocer que el cumplimiento pertenece al Señor. Sin embargo, Jesús también estableció un límite muy claro respecto al conocimiento humano del momento exacto.
Mateo 24:36 declara:
“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”.
Por esa razón, toda generación cristiana debe vivir preparada sin pretender conocer aquello que Dios no ha revelado.
Las señales llaman a vigilancia, no a sensacionalismo
Jesús habló de guerras y rumores de guerras, hambres, pestes y terremotos. Pero inmediatamente advirtió:
“Mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin” (Mateo 24:6).
Después añadió:
“Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:8).
Estas palabras proporcionan equilibrio. Los acontecimientos que Jesús menciona forman parte del panorama profético, pero no autorizan al creyente a señalar cada guerra, terremoto, epidemia o crisis como prueba definitiva de que puede calcularse cuánto falta.
La iglesia necesita discernimiento, no pánico. Las noticias cambian constantemente; la Palabra permanece. Por eso nuestra preparación no puede depender del nivel de alarma que produzcan los acontecimientos de una determinada semana.
Jesús también advirtió sobre engaño y enfriamiento espiritual
En Mateo 24, una de las primeras advertencias de Jesús es:
“Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).
Más adelante habla de falsos profetas y declara:
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).
La preparación para la venida del Señor incluye, por tanto, cuidar nuestra fidelidad espiritual. No basta con observar acontecimientos externos si mientras tanto nuestro propio corazón se enfría, dejamos de amar la verdad o permitimos que el engaño doctrinal nos aparte del evangelio.
La enseñanza sobre el amor de muchos se enfriará profundiza en esta advertencia de Jesús y en la necesidad de perseverar hasta el fin.
El evangelio continuará siendo anunciado
Jesús también declaró:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
Mientras la iglesia espera, tiene una misión.
No fuimos llamados únicamente a estudiar profecías, sino a proclamar a Jesucristo. La esperanza de su venida no debe producir aislamiento ni obsesión con acontecimientos futuros; debe aumentar nuestro compromiso con el evangelio.
Segunda de Pedro 3:9 recuerda que el Señor:
“es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.
La paciencia de Dios debe despertar gratitud y urgencia evangelística, no indiferencia.
III. Esperar a Cristo significa vivir preparados
Después de afirmar que nadie conoce el día ni la hora, Jesús no invitó a sus discípulos a desinteresarse del futuro. Les dijo:
“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).
Y añadió:
“Por tanto, también vosotros estad preparados” (Mateo 24:44).
La preparación bíblica no consiste en vivir aterrorizados imaginando que cada acontecimiento anuncia el fin inmediato. Consiste en vivir hoy de una manera que honre al Señor.
Preparados mediante una vida de santidad
Primera de Juan 3:2-3 relaciona directamente la esperanza futura con nuestra conducta presente:
“Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.
La esperanza de ver a Cristo debe estimular el deseo de agradarle.
La santidad no significa ausencia absoluta de lucha ni perfección humana alcanzada por nuestros propios méritos. Significa una vida apartada para Dios, que rechaza conscientemente el pecado y busca obedecer su Palabra.
Tito 2:11-13 presenta la misma relación. La gracia que trae salvación nos enseña a renunciar a la impiedad mientras aguardamos:
“la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.
Esperamos a Cristo viviendo para Cristo.
El estudio sobre qué es la santidad según la Biblia amplía esta relación entre consagración, conducta y pertenencia a Dios.
Preparados mediante vigilancia y oración
Jesús dijo:
“Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41).
La vigilancia cristiana no requiere estar continuamente interpretando titulares. Significa cuidar la vida espiritual: orar, permanecer en la Palabra, resistir la tentación y conservar sensible nuestro corazón delante de Dios.
Podemos conocer muchos términos escatológicos y, al mismo tiempo, descuidar nuestra comunión con el Señor. Podemos discutir cronologías y dejar de orar. Podemos hablar de señales y tolerar pecados que sabemos que debemos abandonar.
La preparación comienza mucho más cerca: en nuestra propia vida delante de Dios.
Preparados mediante perseverancia
Jesús advirtió acerca de oposición, engaño y enfriamiento espiritual, pero también declaró:
“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13).
Esperar al Señor requiere constancia. Algunas personas comienzan con entusiasmo y después permiten que las pruebas, el cansancio, la presión del mundo o la demora debiliten su fidelidad.
La esperanza de la venida de Cristo nos recuerda que nuestra carrera tiene una meta. No servimos a Dios solamente mientras las circunstancias son favorables. Continuamos confiando, obedeciendo y caminando con Él.
IV. Esperar a Cristo significa servir mientras Él viene
Jesús presentó la espera mediante la imagen de un siervo encargado de cumplir una responsabilidad durante la ausencia de su señor.
Mateo 24:46 dice:
“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”.
La espera cristiana es activa. El Señor ha dado a su iglesia una misión y a cada creyente oportunidades concretas para vivir la fe, servir a otros y anunciar el evangelio.
Nuestra fidelidad presente tiene valor delante de Dios
Apocalipsis 22:12 declara:
“Mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.
La salvación no puede comprarse mediante obras humanas. Somos salvos por la gracia de Dios. Sin embargo, la Escritura también enseña que nuestra manera de vivir importa y que Dios conoce la fidelidad de sus siervos.
Pablo podía decir al final de su carrera:
“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).
Y después hablaba de:
“la corona de justicia”
reservada no solamente para él, sino:
“a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8).
Amar la venida de Cristo debe llevarnos a guardar la fe mientras esperamos.
La esperanza futura fortalece nuestro servicio presente
Saber que Cristo viene transforma la manera de mirar nuestros esfuerzos. Ningún servicio fiel es inútil porque Dios conoce aquello que hacemos para su gloria.
Primera de Corintios 15 desarrolla ampliamente la esperanza de la resurrección y termina diciendo:
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).
La esperanza futura conduce a firmeza presente.
Seguimos predicando.
Seguimos enseñando.
Seguimos sirviendo.
Seguimos orando.
Seguimos llevando el evangelio.
No porque conozcamos la fecha del regreso, sino porque conocemos al Señor que prometió regresar.
Este bosquejo puede desarrollarse para una congregación que necesite renovar su esperanza y recordar su responsabilidad mientras espera. Dentro de Sermones escritos listos para predicar encontrarás otros mensajes relacionados con perseverancia, servicio, santidad y preparación espiritual.
¿Cómo debemos reaccionar cuando alguien anuncia fechas para la venida de Cristo?
Jesús fue suficientemente claro:
“Del día y la hora nadie sabe”.
Por eso el creyente no necesita vivir siguiendo cálculos, calendarios proféticos o afirmaciones de personas que aseguran conocer el momento exacto del regreso del Señor.
Cuando alguien establece fechas, nuestra respuesta debe ser volver a la Escritura.
La profecía bíblica merece respeto. Precisamente por eso no debemos añadir a ella aquello que Dios no reveló.
La actitud correcta no es decir:
“Como no sé cuándo viene, no importa cómo viva”.
Tampoco:
“Necesito descubrir la fecha secreta”.
La respuesta bíblica es:
“Velad”.
Vivamos preparados siempre.
Cristo viene pronto: una esperanza para la iglesia
La venida de Jesucristo no es únicamente una advertencia. Para el creyente es una esperanza bienaventurada.
Llegará el día en que los muertos en Cristo resucitarán.
Llegará el día del encuentro con el Señor.
Llegará el día en que la fe dará lugar a la vista.
Por eso Pablo no terminó su enseñanza de 1 Tesalonicenses 4 diciendo:
“Aterraos unos a otros con estas palabras”.
Dijo:
“Alentaos los unos a los otros con estas palabras”.
Cuando un creyente atraviesa sufrimiento, puede recordar que la historia no termina en su dolor presente. Cuando despedimos a un hermano que murió en Cristo, no lloramos como quienes carecen de esperanza. Cuando el mundo parece incierto, sabemos que el futuro continúa en las manos de Dios.
La venida de Cristo fortalece al creyente porque nuestra esperanza final no está depositada en la estabilidad de este mundo, sino en Jesucristo.
Conclusión: “Amén; sí, ven, Señor Jesús”
Apocalipsis termina colocando delante de la iglesia una promesa y una respuesta.
Jesús dice:
“Ciertamente vengo en breve”.
La iglesia responde:
“Amén; sí, ven, Señor Jesús”.
Entre la promesa y su cumplimiento vivimos nosotros.
No conocemos el día.
No conocemos la hora.
Pero conocemos al que viene.
Por eso no necesitamos vivir atemorizados por cada acontecimiento ni indiferentes ante el futuro. Podemos vivir vigilantes, santos, fieles y esperanzados. Podemos continuar sirviendo, predicando el evangelio y perseverando en medio de las pruebas porque Jesucristo cumplirá su palabra.
Si hoy descubrimos que nuestra vida se ha enfriado, es tiempo de volver al Señor. Si existe pecado que hemos comenzado a tolerar, es tiempo de arrepentirnos. Si hemos dejado de servir, podemos recuperar la fidelidad. Y si estamos cansados, podemos recordar que nuestra labor en el Señor no es en vano.
Cristo viene.
Hasta entonces, que nos encuentre haciendo aquello que nos encomendó, guardando la fe y viviendo con el corazón puesto en Él.
“Amén; sí, ven, Señor Jesús”.
Para continuar con otros mensajes organizados a partir de textos bíblicos, puedes consultar Bosquejos para predicar.