Portada » Estudios Bíblicos » Cristología » La doble naturaleza de Cristo

La doble naturaleza de Cristo

Publicidad

Introducción

La doble naturaleza de Cristo es una de las verdades más profundas de la fe bíblica. Jesucristo es presentado en las Escrituras como verdadero Dios y verdadero hombre. No es solamente un profeta, un maestro moral o un enviado con autoridad; tampoco es una apariencia humana sin realidad corporal. La Biblia revela a un solo Cristo: Dios manifestado en carne, con verdadera deidad y verdadera humanidad.

Esta verdad es esencial para comprender quién es Jesús y por qué su obra salva plenamente. Si negamos su deidad, reducimos su muerte a la de un mártir piadoso. Si negamos su humanidad, destruimos la realidad de su sufrimiento, su obediencia, su sangre derramada y su muerte en la cruz. Pero la Escritura afirma ambas cosas: Jesús es Dios, y Jesús fue verdaderamente hombre.

Juan declara:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:14).

Pablo afirma:

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

Y Hebreos enseña:

“Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Hebreos 2:14).

Dentro de los Estudios bíblicos, la Cristología nos ayuda a estudiar la persona y obra de Jesucristo: su deidad, su humanidad, su encarnación, su muerte, su resurrección, su exaltación y su identidad gloriosa. Por eso este tema se relaciona directamente con La deidad de Cristo, La humanidad de Cristo, Dios fue manifestado en carne, La identidad de Jesucristo, La relación de Jesús con el Padre, La crucifixión y muerte de Jesús y La tumba está vacía.

Estudiar la doble naturaleza de Cristo no es un ejercicio académico frío. Es contemplar el misterio glorioso de la redención: el Dios eterno asumió una verdadera humanidad para salvar al ser humano desde su propia condición.

¿Qué significa la doble naturaleza de Cristo?

La doble naturaleza de Cristo significa que en Jesucristo se encuentran la naturaleza divina y la naturaleza humana. Él es verdadero Dios y verdadero hombre. Estas dos realidades no deben separarse, confundirse ni mezclarse de manera incorrecta.

Jesús no es mitad Dios y mitad hombre. Tampoco es un hombre común sobre quien descendió temporalmente una fuerza divina. La Escritura presenta a un solo Señor Jesucristo, en quien la plenitud de Dios se manifestó en una verdadera humanidad.

Cuando hablamos de su naturaleza divina, afirmamos que Cristo posee lo que pertenece únicamente a Dios: eternidad, gloria, autoridad, poder, santidad, derecho a recibir adoración, poder para perdonar pecados y autoridad sobre la vida y la muerte.

Cuando hablamos de su naturaleza humana, afirmamos que Jesús nació de mujer, creció, tuvo cuerpo, alma, espíritu, voluntad humana, emociones, cansancio, hambre, sed, sufrimiento, tentación real y muerte verdadera, pero sin pecado.

Por eso la doble naturaleza de Cristo puede resumirse así: Jesucristo es Dios verdadero manifestado en una humanidad verdadera.

Esta verdad protege dos aspectos fundamentales del evangelio. Primero, protege la gloria de Cristo: Él no es una criatura ni un simple mensajero. Segundo, protege la realidad de la redención: Él no murió de manera aparente, sino en carne verdadera, derramando sangre real por nuestros pecados.

La doble naturaleza de Cristo no significa dos personas

Es importante aclarar que la doble naturaleza de Cristo no significa que haya dos personas viviendo dentro de Jesús. La Biblia no presenta a Cristo como dos seres, dos conciencias separadas o dos salvadores. Presenta a un solo Cristo, un solo Señor, una sola identidad redentora.

Jesús no es una persona divina separada junto a una persona humana distinta. Tampoco es un hombre independiente acompañado por Dios. En Jesucristo, el Dios invisible se reveló en una verdadera humanidad.

Pablo lo expresa con claridad:

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19).

El texto no dice que Dios estaba lejos de Cristo, ni que Cristo era simplemente un instrumento externo. Dice que Dios estaba en Cristo. La obra de reconciliación fue realizada por Dios en la manifestación de Jesucristo.

Por eso, cuando leemos los evangelios, debemos reconocer ambas verdades. A veces vemos a Jesús actuando desde la realidad de su humanidad: orando, cansándose, llorando, sufriendo y muriendo. Otras veces lo vemos manifestando autoridad divina: perdonando pecados, calmando la tempestad, resucitando muertos, recibiendo adoración y declarando que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre.

No son dos Cristos. Es un solo Señor: Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.

Jesús como verdadero Dios

La Biblia afirma repetidamente la deidad de Jesucristo. Él no es un dios menor, ni una criatura exaltada, ni un simple representante de Dios. Jesús es la revelación visible del Dios invisible.

Juan 1:1 declara:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

Este versículo muestra que el Verbo no comenzó a existir en Belén. Antes de la creación, el Verbo ya era. Y Juan añade que el Verbo era Dios. Luego, en Juan 1:14, se nos dice que ese Verbo fue hecho carne. Esto significa que la encarnación no fue el origen de la deidad de Cristo, sino la manifestación visible de Dios en carne.

Isaías también anunció la identidad gloriosa del Mesías:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

El texto une humanidad y deidad: un niño nos es nacido, pero su nombre es Dios fuerte y Padre eterno. El Mesías prometido no sería solamente un rey humano; sería la manifestación gloriosa de Dios en medio de su pueblo.

Tito 2:13 habla de:

“Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.

Y Tomás, al ver al Cristo resucitado, confesó:

“¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Jesús no rechazó esa confesión. No corrigió a Tomás. Al contrario, confirmó la fe de quienes creen en Él. La deidad de Cristo no es una conclusión forzada; es la confesión bíblica de la iglesia apostólica.

Por eso, al estudiar La deidad de Cristo, vemos que Jesús perdona pecados, recibe adoración, juzga al mundo, revela al Padre, tiene poder sobre la vida y la muerte, y es llamado Dios por la Escritura.

Jesús como verdadero hombre

La Biblia también afirma con fuerza la humanidad real de Cristo. Jesús no solo pareció ser hombre. No tuvo una humanidad ilusoria. No fue un espíritu disfrazado de carne. El Verbo fue hecho carne de verdad.

Gálatas 4:4 dice:

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”.

Cristo nació de una mujer. Entró en la historia humana por medio de un nacimiento real. Fue concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo, pero su nacimiento, crecimiento y vida humana fueron verdaderos.

Hebreos 2:14 afirma:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo”.

Cristo participó de carne y sangre. Esto significa que tuvo cuerpo humano real. Sintió hambre, sed, cansancio, dolor, angustia y sufrimiento. Su humanidad no fue una apariencia religiosa, sino la condición verdadera que asumió para redimirnos.

Lucas 2:52 dice:

“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”.

Jesús creció. Aprendió. Vivió dentro de una familia, una cultura, un pueblo y una historia. Su desarrollo humano fue real.

También tuvo emociones humanas. Juan 11:35 dice: “Jesús lloró”. En Getsemaní dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). En la cruz clamó con dolor real. Nada de esto fue fingido.

Por eso, La humanidad de Cristo es indispensable para entender su obra. Si Jesús no fue verdaderamente hombre, no pudo ocupar nuestro lugar. Pero como hombre verdadero, obedeció, padeció, murió y resucitó para nuestra salvación.

La doble naturaleza de Cristo y la encarnación

La doble naturaleza de Cristo se comprende a la luz de la encarnación. La encarnación no significa que Dios dejó de ser Dios, sino que Dios se manifestó en carne. El Dios eterno asumió una verdadera humanidad sin perder su naturaleza divina.

1 Timoteo 3:16 declara:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne”.

Esta frase no dice que Dios dejó de ser Espíritu, ni que la divinidad fue transformada en humanidad. Dice que Dios fue manifestado en carne. Manifestarse significa darse a conocer, hacerse visible, revelarse de una manera perceptible.

Juan 1:18 dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.

Cristo da a conocer al Dios invisible. Por eso Jesús pudo decir:

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

La encarnación es la manera en que Dios se acercó al hombre para salvarlo. No envió un sustituto separado de sí mismo. No levantó un salvador ajeno a su propia gloria. Dios mismo vino a redimirnos en Jesucristo.

Por eso, el estudio Dios fue manifestado en carne ayuda a profundizar en 1 Timoteo 3:16, mientras que este artículo explica cómo esa manifestación implica verdadera deidad y verdadera humanidad en Cristo.

Colosenses 2:9 y la plenitud de la Deidad en Cristo

Colosenses 2:9 es uno de los textos más importantes para entender la doble naturaleza de Cristo:

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”.

La frase “toda la plenitud de la Deidad” afirma la deidad plena de Cristo. En Jesús no habita una parte de Dios, ni una influencia limitada, ni una presencia temporal. En Él habita toda la plenitud de lo que Dios es.

La palabra “corporalmente” afirma su humanidad. La plenitud de la Deidad habitó en Cristo en forma corporal. Esto significa que la revelación de Dios en Jesús no fue una idea abstracta, sino una manifestación real en carne humana.

Este versículo une las dos verdades: plenitud de la Deidad y realidad corporal. Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. En Él, Dios se reveló plenamente sin abandonar su gloria, y asumió humanidad sin pecado para realizar nuestra redención.

Colosenses 2:9 también nos ayuda a evitar errores. No debemos presentar a Jesús como un simple hombre usado por Dios, porque en Él habita toda la plenitud de la Deidad. Tampoco debemos negar su humanidad real, porque esa plenitud habitó corporalmente.

La doble naturaleza de Cristo no disminuye la unicidad de Dios. Al contrario, muestra que el único Dios verdadero se reveló plenamente en Jesucristo.

La doble naturaleza de Cristo en los evangelios

Los evangelios muestran constantemente a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre. En una misma vida, vemos la humildad humana del Salvador y la autoridad divina del Señor.

Jesús en la tormenta

En Marcos 4, Jesús estaba durmiendo en la barca. Esto muestra su humanidad. Estaba cansado, necesitaba descanso y dormía como cualquier hombre.

Pero cuando los discípulos lo despertaron, reprendió al viento y dijo al mar:

“Calla, enmudece” (Marcos 4:39).

Y el viento cesó. Esto muestra su autoridad divina sobre la creación. Los discípulos preguntaron:

“¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Marcos 4:41).

La respuesta bíblica es clara: es Cristo, verdadero hombre que duerme en la barca y verdadero Dios que gobierna sobre el mar.

Jesús ante la tumba de Lázaro

En Juan 11, Jesús lloró ante la tumba de Lázaro. Esto muestra su humanidad real, su sensibilidad y su compasión.

Pero luego clamó:

“¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:43).

Y el muerto salió. Esto muestra su poder sobre la muerte. Jesús no solo consuela ante el sepulcro; tiene autoridad para llamar a los muertos a la vida.

Aquí vemos la doble naturaleza de Cristo con claridad: como hombre lloró; como Dios dio vida.

Jesús en la cruz

En la cruz, Jesús padeció dolor real, derramó sangre verdadera y murió verdaderamente. Esto afirma su humanidad.

Pero la cruz no fue la muerte de un hombre cualquiera. Fue la obra redentora del Cristo en quien Dios estaba reconciliando consigo al mundo. Por eso la sangre de Cristo tiene valor suficiente para perdonar pecados.

La crucifixión y muerte de Jesús debe entenderse desde esta verdad: Cristo murió como hombre verdadero, pero su obra tiene valor eterno porque Él es Dios manifestado en carne.

Jesús resucitado

Después de la resurrección, Jesús mostró sus manos y sus pies. Dijo:

“Palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

Esto confirma que su resurrección fue corporal. Pero también muestra su gloria, porque venció la muerte con poder.

Por eso La tumba está vacía no es solamente un tema devocional o de predicación; es un tema cristológico central. La resurrección confirma la identidad de Cristo, la realidad de su humanidad glorificada y la victoria de su obra redentora.

Por qué la doble naturaleza de Cristo era necesaria para la salvación

La salvación exige que Cristo sea verdadero Dios y verdadero hombre.

Como hombre, Jesús pudo ocupar nuestro lugar. Participó de carne y sangre, obedeció perfectamente, fue tentado sin pecado y murió en la cruz. La humanidad de Cristo hace posible su representación.

Hebreos 2:17 dice:

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote”.

Cristo debía ser semejante a nosotros para representarnos. No podía redimir desde una humanidad aparente. Tenía que entrar en nuestra condición.

Pero como Dios, su obra tiene valor eterno. Ningún pecador podía salvar a otros pecadores. Ningún sacrificio humano común podía quitar el pecado del mundo. Solo Dios podía proveer una redención suficiente, perfecta y eterna.

Hebreos 7:25 declara:

“Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios”.

Cristo salva perpetuamente porque su persona es suficiente y su obra es perfecta.

Si Jesús fuera solamente hombre, su muerte no tendría poder eterno para redimir. Si fuera solamente Dios sin verdadera humanidad, no podría morir ni derramar sangre. Pero en Jesucristo vemos la perfección del evangelio: Dios se manifestó en carne para ofrecer, en esa humanidad, el sacrificio perfecto por el pecado.

La doble naturaleza de Cristo y su obediencia

La obediencia de Cristo se realizó en verdadera humanidad. Filipenses 2:8 dice:

“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Jesús obedeció como hombre verdadero. Su obediencia no fue una actuación. Enfrentó la tentación, el rechazo, el sufrimiento y la muerte, pero permaneció sin pecado.

Romanos 5 contrasta la desobediencia de Adán con la obediencia de Cristo. Por un hombre entró el pecado; por Cristo vino la justicia y la vida. Esto muestra que Jesús vino como el postrer Adán, el hombre obediente que venció donde el primer hombre cayó.

Su obediencia también revela su humildad. Siendo Dios manifestado en carne, no vivió para exaltarse humanamente, sino para cumplir la voluntad redentora. Dijo:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).

En Cristo vemos la humanidad perfecta: sin rebeldía, sin pecado, sin orgullo y sin corrupción. Su obediencia es la base de nuestra salvación y el ejemplo de nuestra vida cristiana.

La doble naturaleza de Cristo y la relación con el Padre

Muchos textos bíblicos muestran a Jesús orando, obedeciendo, siendo enviado o hablando al Padre. Estos pasajes no deben usarse para negar su deidad, sino para entender su verdadera humanidad y su misión redentora.

Como hombre, Jesús oró. Como Hijo, vivió en obediencia. Como Cristo encarnado, cumplió la voluntad de Dios en nuestra condición humana.

Lucas 22:42 registra su oración en Getsemaní:

“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Esta oración muestra la realidad de su voluntad humana sometida perfectamente a Dios. No revela la existencia de dos dioses, sino la profundidad de la encarnación: Cristo, en su humanidad, se entrega plenamente al propósito redentor.

Juan 14:10 también ayuda a entender esta relación:

“El Padre que mora en mí, él hace las obras”.

Jesús no se presenta como alguien separado de Dios en esencia, sino como la manifestación visible en quien el Padre mora y obra.

Por eso La relación de Jesús con el Padre te puede ayudar a complementar este estudio. Ese tema explica con más amplitud las oraciones de Jesús, su obediencia, el lenguaje del Hijo y la revelación del Padre en Cristo.

La doble naturaleza de Cristo y la identidad de Jesucristo

La doble naturaleza de Cristo nos ayuda a responder la pregunta más importante: ¿Quién es Jesús?

Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne, el Cordero de Dios, el Hijo de David, el Señor resucitado, el Salvador del mundo, la imagen del Dios invisible y el Rey glorificado.

No podemos definirlo solamente por su humanidad, porque entonces ignoraríamos su gloria divina. Tampoco podemos hablar de su deidad negando su vida humana real, porque entonces vaciaríamos la cruz, la sangre, la tentación, la obediencia y la resurrección corporal.

La identidad de Jesús se comprende bíblicamente cuando afirmamos todo lo que la Escritura afirma: Él es verdadero Dios y verdadero hombre.

Por eso el artículo La identidad de Jesucristo es una síntesis amplia dentro de Cristología. Allí se reúne la enseñanza bíblica sobre su deidad, su humanidad, su doble naturaleza, sus nombres, sus títulos, su relación con el Padre y su obra redentora.

Errores que debemos evitar al estudiar la doble naturaleza de Cristo

La iglesia debe cuidar la enseñanza bíblica sobre Cristo. A lo largo de la historia han surgido errores que niegan o distorsionan su persona. Algunos niegan su deidad, otros niegan su humanidad y otros confunden la relación entre ambas.

Un error consiste en reducir a Jesús a una criatura exaltada. Esto contradice textos como Juan 1:1, Juan 20:28, Tito 2:13 y Colosenses 2:9.

Otro error consiste en negar que Cristo tuvo verdadera humanidad. Esto contradice Juan 1:14, Hebreos 2:14, Lucas 24:39 y 1 Juan 4:2-3.

También debemos evitar presentar a Jesús como si fuera dos personas separadas. La Biblia no predica dos Cristos, sino un solo Señor. En Él vemos verdadera deidad y verdadera humanidad, pero no división de identidad.

La fe bíblica confiesa a Jesucristo en toda su plenitud. Él no es menos Dios por hacerse hombre, y no es menos hombre por ser Dios manifestado en carne.

Expresiones bíblicas relacionadas con la doble naturaleza de Cristo

La Escritura usa varias expresiones que nos ayudan a comprender la doble naturaleza de Cristo. Dice que el Verbo era Dios y que el Verbo fue hecho carne. Afirma que en Cristo habita toda la plenitud de la Deidad, pero también que participó de carne y sangre. Lo llama Dios fuerte, pero también niño nacido. Lo presenta como Señor y Dios, pero también como Hijo de David según la carne.

Estas expresiones deben leerse juntas. Juan 1:1 no debe separarse de Juan 1:14. Colosenses 2:9 no debe separarse de Hebreos 2:14. Isaías 9:6 no debe separarse del nacimiento en Belén. La cruz no debe separarse de la resurrección. La humanidad no debe separarse de la deidad.

Cuando unimos estos textos, vemos la grandeza de Jesucristo: el Dios eterno se manifestó en carne, vivió sin pecado, murió por nosotros, resucitó corporalmente y fue recibido arriba en gloria.

Lo que la doble naturaleza de Cristo produce en la vida cristiana

Esta verdad no solo debe llenar nuestra mente; debe transformar nuestra vida.

Primero, produce adoración. Si Jesús es verdadero Dios, entonces merece toda gloria, honra, obediencia y alabanza. No lo admiramos simplemente como maestro; lo adoramos como Señor.

Segundo, produce confianza. Si Jesús es verdadero hombre, entiende nuestra debilidad. Conoce el sufrimiento, la tentación, el dolor y la angustia. Podemos acercarnos a Él sabiendo que no es indiferente a nuestra condición.

Tercero, produce seguridad en la salvación. Nuestro Salvador no es débil ni insuficiente. Como hombre, ocupó nuestro lugar; como Dios, su obra tiene valor eterno.

Cuarto, produce humildad. Si el Señor de gloria se humilló hasta la muerte de cruz, nosotros no debemos vivir dominados por el orgullo. Filipenses 2 nos llama a tener el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús.

Quinto, produce esperanza. El Cristo que murió verdaderamente también resucitó verdaderamente. Su humanidad glorificada anuncia la victoria final de los creyentes.

Conclusión

La doble naturaleza de Cristo es una verdad central del evangelio. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Como Dios, posee gloria, autoridad, poder, eternidad y plenitud divina. Como hombre, nació, creció, sufrió, fue tentado, obedeció, murió y resucitó corporalmente.

Esta verdad no debe tratarse como una teoría complicada, sino como el fundamento de nuestra salvación. Si Cristo no fuera Dios, no podría salvar perpetuamente. Si no fuera hombre, no podría ocupar nuestro lugar. Pero la Escritura revela que en Jesucristo tenemos al Salvador perfecto: Dios manifestado en carne, el hombre obediente, el Cordero sin pecado y el Señor resucitado.

Por eso podemos confiar plenamente en Él. Su sangre tiene valor. Su cruz tiene poder. Su resurrección es victoria. Su intercesión es suficiente. Su nombre es sobre todo nombre.

La doble naturaleza de Cristo nos lleva a adorar con reverencia, creer con firmeza y vivir con gratitud. Ante esta revelación, la confesión del creyente sigue siendo la misma de Tomás delante del Cristo resucitado:

“¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

Preguntas frecuentes sobre la doble naturaleza de Cristo

¿Qué es la doble naturaleza de Cristo?

La doble naturaleza de Cristo es la enseñanza bíblica de que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Su naturaleza divina significa que posee la gloria, autoridad y plenitud de Dios. Su naturaleza humana significa que participó de carne y sangre, nació de mujer, creció, sufrió, fue tentado y murió, pero sin pecado. No se trata de dos Cristos ni de dos personas separadas, sino de un solo Señor Jesucristo, Dios manifestado en una humanidad verdadera para salvarnos.

¿Dónde enseña la Biblia que Cristo es Dios y hombre?

La Biblia enseña esta verdad en muchos textos. Juan 1:1 afirma que el Verbo era Dios, y Juan 1:14 dice que el Verbo fue hecho carne. Colosenses 2:9 declara que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Hebreos 2:14 enseña que participó de carne y sangre. Mateo 1:23 lo llama Emanuel, Dios con nosotros. Juan 20:28 registra la confesión de Tomás: “Señor mío, y Dios mío”. Estos pasajes muestran que Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

¿La doble naturaleza de Cristo significa que Jesús tiene dos personas?

No. La doble naturaleza de Cristo no significa dos personas. La Biblia presenta a un solo Jesucristo, un solo Señor, un solo Salvador. En Él se encuentran verdadera deidad y verdadera humanidad, pero no como dos seres separados. Jesús no es un hombre independiente acompañado por Dios; es Dios manifestado en carne. Como hombre, oró, obedeció, sufrió y murió. Como Dios, perdonó pecados, recibió adoración, venció la muerte y reveló plenamente al Padre.

¿Por qué era necesario que Jesús fuera verdadero Dios?

Era necesario que Jesús fuera verdadero Dios porque solo Dios puede salvar plenamente, perdonar pecados y dar vida eterna. Si Cristo fuera solamente un hombre, su muerte no tendría valor eterno para redimir a la humanidad. La Escritura enseña que en Él habita toda la plenitud de la Deidad y que Él es nuestro gran Dios y Salvador. Su deidad garantiza que su obra es suficiente, poderosa y eterna.

¿Por qué era necesario que Jesús fuera verdadero hombre?

Era necesario que Jesús fuera verdadero hombre para ocupar nuestro lugar. El pecado afectó a la humanidad, y la redención debía realizarse en una humanidad verdadera. Cristo participó de carne y sangre, obedeció perfectamente, fue tentado sin pecado y murió realmente en la cruz. Como hombre, pudo derramar su sangre por nosotros. Como hombre sin pecado, pudo ser el sacrificio perfecto. Su humanidad hace real su muerte, su compasión y su mediación.

¿La doble naturaleza de Cristo contradice la unicidad de Dios?

No. La doble naturaleza de Cristo no contradice la unicidad de Dios. La Biblia no enseña que haya dos dioses ni dos salvadores. Enseña que el único Dios verdadero se reveló en Jesucristo. La naturaleza divina de Cristo es la plenitud de Dios manifestada, y su naturaleza humana es la carne que asumió para redimirnos. En Cristo vemos al Dios invisible hecho visible para salvación, sin dividir la esencia divina.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

Más sobre el Autor

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.    Más información
Privacidad