Textos base: Habacuc 3:2; Hechos 2:1-4, 37-47; Apocalipsis 2:4-5
Tema: La necesidad de un avivamiento que renueve la comunión con Dios y reactive la misión de la iglesia
Propósito: llamar a la iglesia a abandonar el conformismo espiritual y volver a la oración, la Palabra, el primer amor, la santidad y la dependencia del Espíritu Santo.
Idea central: el verdadero avivamiento no consiste solamente en recordar grandes manifestaciones del pasado, sino en permitir que Dios renueve hoy a su pueblo para vivir en obediencia, santidad y poder para testificar de Jesucristo.
Introducción: no podemos vivir solamente recordando los avivamientos del pasado
La historia cristiana contiene momentos que todavía despiertan admiración. Podemos leer acerca de grandes despertares espirituales, conversiones, reuniones de oración, predicación ferviente y manifestaciones del poder de Dios. Dentro de la historia pentecostal, acontecimientos como el avivamiento de la Calle Azusa recuerdan cómo comunidades enteras fueron impactadas por una profunda búsqueda de Dios.
Pero existe un peligro: convertir el avivamiento en un recuerdo.
Podemos hablar constantemente de lo que Dios hizo con generaciones anteriores y, al mismo tiempo, acostumbrarnos a una vida cristiana sin hambre espiritual, sin oración perseverante, sin pasión por las almas y sin una dependencia profunda del Espíritu Santo.
Habacuc oró: “aviva tu obra en medio de los tiempos” (Habacuc 3:2). Su clamor no consistía en pedir nostalgia religiosa. Era una súplica para que Dios actuara nuevamente en medio de una realidad difícil.
La iglesia de hoy necesita recordar lo que Dios ha hecho, pero también necesita preguntarse: ¿qué está haciendo Dios en nosotros ahora?
El verdadero avivamiento no consiste simplemente en cultos intensos, multitudes, milagros o emociones profundas. Puede incluir manifestaciones extraordinarias del poder de Dios, pero su fruto va mucho más allá. El avivamiento despierta al creyente, confronta el pecado, renueva la oración, devuelve hambre por la Palabra, restaura el primer amor y vuelve a impulsar a la iglesia hacia la misión.
1. El avivamiento comienza cuando volvemos a depender de Dios
Antes de Pentecostés, los discípulos habían recibido enseñanza directamente de Jesucristo. Habían visto sus milagros, presenciado su muerte y contemplado al Señor resucitado. Sin embargo, Jesús no les dijo que comenzaran inmediatamente la misión confiando solamente en todo lo que ya sabían.
Les ordenó esperar la promesa del Padre.
Hechos 1:8 relaciona directamente la venida del Espíritu Santo con el poder para ser testigos. Después, Hechos 2 muestra el cumplimiento: los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.
Pentecostés enseña que la iglesia no puede cumplir una misión espiritual dependiendo únicamente de recursos humanos.
Podemos estudiar.
Podemos planificar.
Podemos organizar.
Podemos desarrollar buenos métodos.
Todo eso tiene utilidad. Pero ninguna herramienta puede sustituir la obra de Dios.
El sermón sobre el poder del Espíritu Santo en Pentecostés desarrolla con mayor amplitud aquel acontecimiento y su relación con el poder para la misión. Aquí debemos observar otra consecuencia: una iglesia avivada reconoce constantemente que necesita al Espíritu Santo.
El avivamiento comienza a debilitarse cuando empezamos a creer que podemos producir mediante organización aquello que únicamente Dios puede realizar.
No despreciamos la preparación; rechazamos la autosuficiencia.
No rechazamos la planificación; rechazamos la idea de que un programa pueda reemplazar la presencia de Dios.
Una iglesia puede tener estructura y necesitar avivamiento. Puede tener actividad y necesitar avivamiento. Incluso puede poseer doctrina correcta y necesitar que su amor, oración y misión sean renovados.
2. El avivamiento pentecostal no puede separarse del evangelio
Pentecostés no terminó con personas hablando en otras lenguas. Hechos 2 continúa con una poderosa proclamación acerca de Jesucristo.
Pedro predicó su muerte y resurrección. Cuando quienes escuchaban fueron compungidos de corazón y preguntaron qué debían hacer, la respuesta apostólica fue clara:
arrepentirse, bautizarse en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
Esto es fundamental.
Un avivamiento apostólico no se limita a producir entusiasmo dentro de personas que ya pertenecen a la iglesia. Impulsa nuevamente la proclamación del evangelio y llama a hombres y mujeres a responder a Jesucristo.
Cuando una congregación habla mucho de avivamiento, pero ha perdido interés por alcanzar al perdido, algo esencial se ha debilitado.
El Espíritu Santo fue dado para capacitar al pueblo de Dios para testificar. El mismo libro de Hechos que registra lenguas, profecía, sanidades y milagros también registra una iglesia que anuncia persistentemente a Jesucristo.
Por eso no debemos separar poder y misión.
Queremos que Dios obre porque las personas necesitan salvación.
Queremos una iglesia llena del Espíritu porque el evangelio debe ser anunciado.
Queremos dones espirituales porque el cuerpo necesita ser edificado.
Queremos avivamiento porque Jesucristo debe ser conocido, obedecido y glorificado.
3. El conformismo espiritual puede convivir con mucha actividad religiosa
Uno de los mayores enemigos del avivamiento no siempre es la oposición externa. A veces es el conformismo interior.
La iglesia de Éfeso en Apocalipsis 2 tenía obras, trabajo, paciencia y discernimiento. Incluso había sufrido por causa del nombre del Señor. Sin embargo, Jesucristo le señaló una pérdida decisiva:
había dejado su primer amor.
Aquella iglesia demuestra que es posible continuar haciendo muchas cosas correctas mientras la relación con Dios pierde la profundidad que una vez tuvo.
Ese diagnóstico sigue siendo necesario.
Podemos asistir a los cultos y acostumbrarnos a ellos.
Podemos predicar y dejar de permitir que la Palabra nos confronte.
Podemos cantar acerca de la presencia de Dios y vivir con poca oración.
Podemos defender doctrina verdadera mientras nuestro corazón se vuelve frío.
Podemos servir durante años y comenzar a hacerlo solamente por costumbre.
El problema de Éfeso no se resolvía aumentando actividades. Cristo llamó a recordar, arrepentirse y volver a las primeras obras.
El estudio sobre has dejado tu primer amor profundiza en esta advertencia. Para una prédica de avivamiento, la enseñanza es directa: el despertar espiritual comienza cuando permitimos que Dios examine lo que ocurre dentro de nosotros, no solamente lo que hacemos externamente.
4. Si queremos avivamiento, necesitamos volver a la oración
Hechos presenta una iglesia que ora antes y después de Pentecostés.
Los discípulos perseveraban unánimes en oración mientras esperaban la promesa de Dios (Hechos 1:14). Más adelante, cuando enfrentaron amenazas, volvieron a reunirse para orar. Hechos 4:31 relata que fueron llenos del Espíritu Santo y continuaron hablando la Palabra con valentía.
La oración no fue un accesorio del avivamiento.
Era parte de la vida de la iglesia.
Sin embargo, debemos entender correctamente esta relación. No podemos manipular a Dios mediante determinada cantidad de horas de oración. El avivamiento no es una recompensa automática que obtenemos por cumplir una fórmula.
Oramos porque dependemos de Dios.
Oramos porque necesitamos dirección.
Oramos porque deseamos conocer su voluntad.
Oramos porque reconocemos nuestras limitaciones.
Oramos porque la misión supera nuestras fuerzas.
Una iglesia que deja de orar comienza silenciosamente a confiar en otras cosas.
Los programas ocupan el lugar de la dependencia.
La experiencia ocupa el lugar de la búsqueda.
La habilidad ocupa el lugar de la comunión.
La agenda termina controlando aquello que debería estar sometido a Dios.
Por eso la oración no debe convertirse en una actividad más dentro del calendario. Es expresión de una iglesia que reconoce: “sin el Señor no podemos producir vida espiritual”.
5. El avivamiento necesita la Palabra, no solamente intensidad
Hechos 2 también describe una iglesia perseverando en la doctrina de los apóstoles.
Esto protege al avivamiento de otro peligro: confundir intensidad emocional con profundidad espiritual.
La emoción tiene lugar en la vida cristiana. La Biblia contiene gozo, lágrimas, celebración, clamor y profundo quebrantamiento. Pero ninguna emoción posee autoridad para corregir la Escritura.
El Espíritu Santo no nos conduce lejos de la Palabra que inspiró.
Una iglesia avivada tendrá hambre de la Biblia. Querrá comprenderla, obedecerla, enseñarla y permitir que confronte sus errores.
Por eso necesitamos predicación con unción y con verdad.
Necesitamos fervor y doctrina.
Necesitamos manifestaciones del Espíritu y discernimiento bíblico.
Necesitamos libertad para que Dios obre y sumisión a aquello que Él ha revelado.
El avivamiento se vuelve peligroso cuando las experiencias empiezan a utilizarse como autoridad independiente de la Escritura. Pero también empobrecemos la vida de la iglesia cuando utilizamos la enseñanza bíblica como excusa para vivir sin expectativa de que Dios continúe obrando con poder.
La iglesia apostólica no escogió entre Palabra y Espíritu. Vivió sometida a la Palabra y llena del Espíritu Santo.
6. Un verdadero avivamiento produce santidad y transformación
Si después de hablar mucho de avivamiento continuamos justificando los mismos pecados, las mismas divisiones, la misma falta de perdón y la misma indiferencia espiritual, necesitamos preguntarnos qué estamos buscando realmente.
El Espíritu Santo no fue dado solamente para producir momentos extraordinarios.
También obra profundamente en el carácter.
Gálatas 5 presenta el fruto del Espíritu como amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Una iglesia llena del Espíritu necesita tanto los dones como el fruto.
Por eso el avivamiento no debe medirse únicamente por cuántas personas cayeron, lloraron, gritaron o experimentaron algo durante un culto.
Debemos mirar también lo que ocurre después.
¿Hay mayor obediencia?
¿Existe más hambre por Dios?
¿Se está restaurando la oración?
¿Hay arrepentimiento verdadero?
¿Estamos tratando mejor a nuestros hermanos?
¿Ha aumentado nuestra preocupación por quienes necesitan el evangelio?
¿Estamos creciendo en santidad?
La manifestación del poder de Dios nunca tiene como propósito permitirnos continuar exactamente iguales.
Dios aviva para transformar.
7. La fe del avivamiento descansa en la grandeza de Dios
El contenido anterior de esta prédica relacionaba correctamente el avivamiento con la fe, pero necesitamos evitar convertir la fe en una técnica para producir resultados sobrenaturales.
La fe bíblica no consiste en confiar en nuestra capacidad de creer.
Consiste en confiar en Dios.
Los discípulos de Hechos no salieron a cambiar el mundo porque se consideraran extraordinarios. Dependieron de un Señor extraordinario.
Cuando la iglesia mira únicamente sus limitaciones puede caer en desánimo. Pero también puede equivocarse si piensa que tener fe significa ignorar la realidad o garantizar que todo resultado que deseamos ocurrirá.
La fe del avivamiento dice:
Dios sigue siendo fiel.
Su Palabra sigue siendo verdad.
El evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.
El Espíritu Santo sigue obrando.
Jesucristo sigue edificando su iglesia.
Por eso podemos obedecer aun cuando no controlemos los resultados.
La fe no necesita exagerar para ser poderosa. Necesita tener a Dios como fundamento.
8. El avivamiento forma una iglesia que vuelve a la misión
Después de Pentecostés, los discípulos no permanecieron encerrados intentando conservar una experiencia.
Predicaron.
Enseñaron.
Sirvieron.
Evangelizaron.
Plantaron iglesias.
Formaron discípulos.
Enviaron obreros.
El poder recibido produjo movimiento hacia afuera.
Esta característica es decisiva porque un supuesto avivamiento que solamente nos hace mirar hacia nosotros mismos termina perdiendo el propósito para el cual Dios nos fortalece.
Jesús declaró que sus discípulos recibirían poder para ser testigos hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). La Gran Comisión continúa recordándonos que la iglesia existe para hacer discípulos, bautizar y enseñar aquello que Cristo mandó.
Por eso el avivamiento debe alcanzar nuestras prioridades.
Debe tocar nuestra agenda.
Debe tocar nuestro dinero.
Debe tocar nuestro tiempo.
Debe tocar nuestros púlpitos.
Debe tocar la manera en que formamos nuevos creyentes.
No necesitamos solamente iglesias llenas de personas que reciban ministración. Necesitamos también creyentes que sean formados para ministrar a otros.
9. El avivamiento también debe transformar nuestro liderazgo
Pastores, maestros, evangelistas y líderes tienen una responsabilidad importante durante cualquier renovación espiritual.
El líder no es dueño del avivamiento.
No produce al Espíritu Santo.
No debe convertirse en el centro de aquello que Dios está haciendo.
Efesios 4 enseña que los ministerios sirven para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Esto significa que un liderazgo saludable no concentra toda actividad espiritual en unas pocas personas; equipa a otros para servir.
Una iglesia avivada necesita nuevos obreros.
Necesita discipulado.
Necesita formación.
Necesita personas capaces de enseñar a otras.
Necesita jóvenes que aprendan a servir.
Necesita creyentes que descubran y utilicen responsablemente los dones que Dios les ha concedido.
El avivamiento verdadero no construye dependencia alrededor de una personalidad. Forma un cuerpo en el que cada miembro aprende a servir bajo el señorío de Jesucristo.
10. Qué no debemos confundir con avivamiento
No todo culto intenso es avivamiento.
No toda multitud significa avivamiento.
No todo fenómeno extraordinario demuestra por sí mismo que existe avivamiento.
No toda innovación espiritual es avivamiento.
Tampoco toda iglesia tranquila está necesariamente muerta.
Necesitamos evaluar el fruto.
El avivamiento bíblico exalta a Jesucristo, conduce al arrepentimiento, produce hambre por la Palabra, restaura la oración, fomenta santidad, fortalece la comunión, desarrolla generosidad, despierta el testimonio y lleva a la iglesia nuevamente hacia la misión.
También debemos evitar vivir permanentemente comparándonos con épocas anteriores.
Dios no está obligado a reproducir exactamente las circunstancias de Gales, Azusa o cualquier otro despertar histórico.
Podemos aprender de ellos, pero nuestra autoridad sigue siendo la Escritura.
La pregunta no es: “¿Cómo podemos copiar un avivamiento anterior?”
La pregunta es: “¿Estamos dispuestos a obedecer hoy aquello que Dios ya nos ha mostrado en su Palabra?”
Para preparar otros mensajes sobre oración, santidad, Espíritu Santo, misión y renovación espiritual, puedes recorrer nuestra guía de temas para predicar. Si buscas enfoques especialmente relacionados con los desafíos y necesidades que enfrenta la iglesia actual, consulta también estos temas para predicar en estos tiempos.
Llamado: el avivamiento debe comenzar en nosotros
Es fácil hablar de lo que necesita cambiar la iglesia.
Es fácil señalar frialdad en otras congregaciones.
Es fácil lamentarnos por nuestra generación.
Pero un llamado al avivamiento debe conducir primero al examen personal.
¿Estoy cultivando comunión con Dios?
¿He dejado que el servicio sustituya mi primer amor?
¿Mi vida de oración expresa dependencia?
¿Estoy obedeciendo aquello que ya conozco?
¿Estoy viviendo en santidad?
¿Tengo carga por las personas que necesitan salvación?
¿Estoy permitiendo que el Espíritu Santo dirija y transforme mi vida?
No necesitamos esperar que todos cambien antes de responder nosotros.
Podemos volver a Dios.
Podemos arrepentirnos.
Podemos restaurar la oración.
Podemos abrir nuevamente la Escritura con hambre.
Podemos reconciliarnos con quien hemos ofendido.
Podemos volver a evangelizar.
Podemos buscar que Dios nos llene y utilice.
El avivamiento no comienza con la pregunta: “¿Qué harán los demás?”. Comienza cuando cada creyente responde seriamente delante del Señor.
Conclusión: Señor, aviva tu obra en nuestro tiempo
Nuestra generación no necesita vivir espiritualmente de los recuerdos de generaciones anteriores.
Agradecemos lo que Dios hizo.
Aprendemos de quienes nos precedieron.
Pero Jesucristo sigue siendo Señor de su iglesia hoy.
El Espíritu Santo continúa obrando.
El evangelio continúa siendo necesario.
La promesa de Dios continúa vigente.
La misión continúa delante de nosotros.
Por eso necesitamos más que nostalgia pentecostal. Necesitamos una vida pentecostal presente: oración, Palabra, santidad, poder para testificar, amor por Jesucristo y pasión por alcanzar a quienes necesitan salvación.
Que Dios despierte nuevamente nuestro corazón.
Que restaure el primer amor donde se haya debilitado.
Que quite la autosuficiencia.
Que renueve nuestra oración.
Que nos llene de su Espíritu.
Y que el avivamiento no termine dentro de las paredes del templo, sino que produzca una iglesia preparada para anunciar a Jesucristo con verdad, poder y compasión.
Para continuar estudiando y preparando mensajes de esta misma línea, puedes consultar nuestras prédicas y sermones pentecostales escritos. También encontrarás más mensajes completos en Sermones cristianos para predicar y en la biblioteca general de sermones escritos listos para predicar.