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Por poco me persuades a ser cristiano

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H1: Por poco me persuades a ser cristiano: sermón sobre Hechos 26:28

Texto base: Hechos 26:28-29: “Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano. Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”

Propósito: mostrar que escuchar el evangelio no es suficiente; la Palabra de Dios llama al ser humano a arrepentirse, volverse al Señor y responder con fe y obediencia a Jesucristo.

Idea central: Pablo llevó a Agripa ante la verdad del evangelio y deseó que no solamente él, sino todos los presentes, llegaran a conocer a Cristo. El evangelio sigue demandando una respuesta personal.

Introducción: “Por poco me persuades a ser cristiano”

La frase “Por poco me persuades a ser cristiano” es una de las expresiones más recordadas del libro de los Hechos. Fue pronunciada por el rey Agripa después de escuchar a Pablo relatar su encuentro con Jesucristo y explicar el mensaje que había recibido para predicar.

Pablo estaba detenido, pero cuando tuvo oportunidad de hablar ante Agripa no utilizó aquel momento únicamente para defender su situación personal. Explicó quién había sido, cómo Jesucristo se le había manifestado y cuál era la misión que había recibido. El prisionero terminó hablando al rey acerca de la fe.

La escena nos recuerda que el evangelio puede colocar a cualquier persona delante de una pregunta que nadie puede responder por ella. Podemos escuchar una predicación, conocer historias bíblicas, admirar el testimonio de otros e incluso comprender intelectualmente el mensaje. Sin embargo, llega un momento en que debemos preguntarnos qué haremos nosotros con Jesucristo.

No necesitamos afirmar cuánto faltaba exactamente para que Agripa creyera ni describir lo que ocurría en su interior más allá de lo que dice el relato. Lo que Hechos 26 deja completamente claro es que Pablo quería persuadirlo acerca de la verdad y que, después de la respuesta de Agripa, manifestó su deseo de que todos los presentes llegaran a ser creyentes.

El centro del pasaje no es cuánto faltó a Agripa, sino la seriedad de escuchar el evangelio y quedar personalmente frente a su llamado.

1. Pablo podía hablar de Cristo porque Jesucristo había transformado su vida

Antes de dirigirse directamente a Agripa, Pablo contó su propia historia. No escondió su pasado religioso ni su oposición a la iglesia. Explicó que había vivido conforme a la secta más rigurosa de su religión y que anteriormente había actuado contra el nombre de Jesús de Nazaret.

Hechos 26:9 declara:

“Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret”.

Pablo había perseguido a los santos y había intentado obligarlos a blasfemar. Su oposición al evangelio no había sido superficial. Estaba convencido de que hacía lo correcto hasta que Jesucristo salió a su encuentro en el camino.

Al relatar aquella experiencia ante Agripa, Pablo reproduce las palabras que escuchó:

“Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 26:15).

Ese encuentro cambió completamente la dirección de su vida. El perseguidor sería enviado precisamente a anunciar a otros al Jesucristo contra quien había luchado.

El evangelio no solamente informa: transforma

Una de las evidencias más fuertes dentro del propio relato era la vida de Pablo. Agripa tenía delante a un hombre cuya dirección había cambiado radicalmente. El que antes intentaba destruir a los discípulos ahora estaba dispuesto a sufrir por proclamar a Jesucristo.

Eso no significa que nuestro testimonio sustituya la Escritura. Pablo no predicó simplemente diciendo: “mírenme a mí”. Su experiencia estaba subordinada al mensaje recibido del Señor y al cumplimiento de aquello que los profetas habían anunciado.

Pero una vida transformada sí acompaña poderosamente el testimonio del evangelio.

El cristianismo bíblico no consiste únicamente en aceptar información religiosa. Jesucristo llama al pecador a una vida nueva. Pablo mismo escribió posteriormente:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).

Por eso, cuando hablamos de Cristo, también debemos examinar si nuestra vida confirma aquello que proclamamos. La transformación no significa perfección instantánea, pero sí una nueva dirección: aquello que antes gobernaba nuestra vida comienza a ser sometido al señorío de Jesucristo.

Si deseas profundizar en esta verdad, puedes estudiar qué significa ser una nueva criatura en Cristo.

2. El evangelio llama al arrepentimiento y a volverse a Dios

Pablo no dejó que su testimonio terminara simplemente en la experiencia del camino a Damasco. Explicó también qué mensaje había predicado después de aquel encuentro.

Hechos 26:19-20 dice:

“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.

Este versículo nos permite conocer con claridad una parte central del mensaje apostólico: arrepentirse, convertirse a Dios y vivir de una manera coherente con ese arrepentimiento.

Pablo no predicaba simplemente que las personas debían sentirse conmovidas. Tampoco enseñaba que bastaba con reconocer que Jesús existió o que su mensaje era admirable. El evangelio demanda una respuesta.

Arrepentirse es abandonar la rebelión y volverse al Señor

El arrepentimiento bíblico incluye reconocer el pecado delante de Dios y abandonar una vida gobernada por nuestra propia voluntad. No consiste solamente en sentir tristeza por las consecuencias de nuestras decisiones.

Una persona puede lamentar profundamente lo que perdió y, sin embargo, continuar aferrada al mismo pecado. El arrepentimiento verdadero mira hacia Dios y produce una nueva dirección.

Por eso Pablo une dos expresiones:

“que se arrepintiesen”

y

“se convirtiesen a Dios”.

No basta con alejarnos de determinadas conductas si no nos volvemos al Señor. La vida cristiana no es simplemente dejar una lista de pecados; es volver nuestra vida a Dios para vivir bajo su voluntad.

El tema se desarrolla con mayor amplitud en El arrepentimiento en la Biblia y en la enseñanza sobre arrepentíos y convertíos.

Las obras dignas de arrepentimiento muestran que hubo un cambio real

Pablo añadió que las personas debían hacer “obras dignas de arrepentimiento”. Esto no significa que las obras compren la salvación. Significa que un arrepentimiento verdadero produce frutos visibles.

Juan el Bautista había utilizado un lenguaje semejante cuando llamó a producir frutos dignos de arrepentimiento. La gracia de Dios no nos llama a permanecer exactamente igual mientras utilizamos palabras religiosas para describirnos.

Si alguien afirma haber vuelto a Dios pero deliberadamente continúa abrazando aquello que sabe que contradice la voluntad divina, existe una inconsistencia que debe ser confrontada.

El arrepentimiento afecta decisiones, relaciones, prioridades, palabras y conducta. La gracia que perdona también llama a una vida transformada.

La respuesta apostólica al evangelio es completa

El libro de los Hechos muestra también que quienes recibían el mensaje eran llamados a responder con fe y obediencia. En Pentecostés, cuando los oyentes preguntaron qué debían hacer, Pedro les respondió que se arrepintieran y fueran bautizados en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y les anunció el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).

Por tanto, no debemos reducir el evangelio a levantar una mano, repetir una frase o experimentar una emoción momentánea. Dios llama al ser humano a una respuesta verdadera de arrepentimiento, fe, bautismo en el nombre de Jesucristo y una vida nueva por el Espíritu Santo.

El evangelio no busca solamente producir admiración por Jesús. Nos llama a pertenecerle.

3. Pablo predicó aquello que Dios había prometido en las Escrituras

Después de explicar por qué había sido perseguido, Pablo declaró que continuaba anunciando aquello que Moisés y los profetas habían dicho que sucedería.

Hechos 26:22-23 resume su mensaje:

“Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles”.

Pablo no estaba presentando ante Agripa una nueva filosofía creada por él mismo. Su anuncio estaba centrado en el cumplimiento de la Palabra de Dios en Jesucristo.

Cristo padeció, murió y resucitó. Esa era la esperanza que Pablo proclamaba.

El centro del evangelio no es nuestra experiencia, sino Jesucristo

El testimonio de Pablo era importante, pero no era el evangelio completo. El centro seguía siendo Jesucristo.

Esto también corrige una debilidad frecuente en la predicación. Podemos dedicar mucho tiempo a hablar de nuestras dificultades, nuestras experiencias, nuestros logros o nuestra transformación y terminar dejando a Cristo en segundo plano.

Un testimonio cristiano es valioso cuando dirige la atención hacia el Señor.

Pablo podía contar lo que había sucedido en el camino a Damasco porque aquel encuentro demostraba quién era Jesucristo y por qué debía obedecerlo. Su historia tenía sentido porque estaba conectada con el evangelio.

Cuando predicamos, nuestro propósito no debe ser que la gente salga impresionada con nosotros. Debe salir enfrentada a la verdad acerca de Jesucristo.

4. Agripa quedó personalmente frente a la pregunta de la fe

Después de escuchar el testimonio y el argumento de Pablo, Festo interrumpió diciendo:

“Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco” (Hechos 26:24).

Pablo respondió con respeto y afirmó que hablaba palabras de verdad y de cordura. Entonces dirigió nuevamente la atención hacia Agripa.

Hechos 26:26-27 dice:

“Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees”.

Pablo hizo algo notable: dejó de hablar solamente acerca de hechos generales y formuló una pregunta personal.

“¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas?”

Agripa ya no estaba simplemente observando un proceso judicial. Pablo lo colocó delante de las implicaciones de aquello que había escuchado.

Entonces vino la conocida respuesta:

“Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28).

No necesitamos intentar medir cuánto creyó Agripa ni afirmar como hecho bíblico todo lo que pudo haber pensado. La frase ha generado diferentes lecturas acerca de su tono y alcance. Pero la respuesta de Pablo elimina cualquier duda acerca de su propósito: él quería que Agripa y los demás llegaran a compartir su fe en Cristo.

El evangelio siempre termina llegando a la persona

Podemos hablar de religión como un asunto cultural. Podemos discutir historia, arqueología, traducciones o denominaciones. Podemos analizar el cristianismo desde cierta distancia y sentir que estamos examinando una idea.

Pero tarde o temprano el evangelio pregunta:

¿Y tú qué harás con Jesucristo?

Esa pregunta no puede ser respondida por nuestros padres, nuestra iglesia, nuestra tradición o nuestros amigos. Nadie puede arrepentirse por nosotros. Nadie puede creer por nosotros. Nadie puede obedecer a Dios en nuestro lugar.

La fe bíblica tiene una dimensión profundamente personal.

Agripa podía conocer las discusiones religiosas de su tiempo y conocer a los profetas, pero Pablo lo llevó directamente hacia la pregunta de la fe.

Del mismo modo, alguien puede haber asistido durante años a una iglesia y todavía necesitar responder sinceramente al Señor.

La cercanía con el evangelio no sustituye la obediencia al evangelio.

5. “Quisiera Dios”: el corazón de quien verdaderamente predica el evangelio

La respuesta más hermosa del pasaje puede encontrarse inmediatamente después de la frase de Agripa.

Pablo dijo:

“¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Hechos 26:29).

Pablo no reaccionó con orgullo porque había llevado al rey a una situación incómoda. Tampoco se burló de Agripa ni intentó humillarlo.

Su respuesta revela el corazón de un evangelista.

Quería que todos fueran alcanzados por Cristo.

No deseaba que compartieran sus cadenas físicas, pero sí que conocieran la vida que él había encontrado en Jesucristo.

Predicar el evangelio significa desear la salvación del oyente

Podemos defender correctamente una doctrina y, aun así, hacerlo con un espíritu equivocado. Podemos ganar una discusión y perder de vista a la persona que tenemos delante.

Pablo quería persuadir, pero su propósito no era demostrar superioridad intelectual. Deseaba que Agripa, Festo, Berenice y todos los presentes llegaran a conocer a Cristo.

Esa debe ser también nuestra actitud.

Cuando predicamos acerca del pecado, lo hacemos porque queremos que las personas encuentren perdón.

Cuando predicamos acerca del arrepentimiento, no buscamos condenar desde una posición de superioridad, sino llamar al pecador a volver a Dios.

Cuando anunciamos la salvación, lo hacemos porque sabemos que Jesucristo todavía transforma vidas.

La iglesia no ha recibido el evangelio para guardarlo dentro de sus paredes. Ha recibido una misión. Por eso, dentro de nuestra sección de Evangelismo y Misiones encontrarás más recursos para anunciar con claridad el mensaje de Jesucristo.

El peligro no está solamente en rechazar agresivamente el evangelio

A veces imaginamos que rechazar a Cristo significa necesariamente burlarse de la Biblia, atacar a la iglesia o declarar abiertamente que no creemos en Dios.

Sin embargo, una persona también puede escuchar repetidamente el mensaje sin responder.

Puede respetar al predicador.

Puede reconocer que debería cambiar.

Puede admitir que la Palabra tiene razón.

Puede decir que algún día buscará más seriamente a Dios.

Y aun así continuar posponiendo su respuesta.

La Biblia nos advierte sobre la gravedad de endurecer el corazón cuando escuchamos la voz de Dios. Hebreos 3:15 dice:

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.

El peligro de postergar no consiste en que necesariamente sepamos cuándo será la última oportunidad de una persona. Consiste en que el pecado puede acostumbrarnos a resistir aquello que antes nos confrontaba.

Cada vez resulta más fácil decir “después”.

Después me arrepentiré.

Después arreglaré aquello que sé que está mal.

Después buscaré seriamente a Dios.

Después obedeceré.

El evangelio, en cambio, nos llama a responder al Señor mientras escuchamos su voz.

Cómo responder al evangelio sin quedarnos solamente en el “por poco”

La historia de Pablo ante Agripa no fue escrita para que especulemos acerca del destino eterno del rey. Fue preservada dentro del testimonio apostólico para mostrar la proclamación del evangelio y la manera en que este llega hasta personas concretas.

La pregunta apropiada no es únicamente: “¿Qué hizo Agripa después?”.

La pregunta que debemos hacernos es: “¿Qué haré yo con la verdad que he escuchado?”

Reconoce honestamente tu condición delante de Dios

El evangelio comienza confrontándonos con nuestra necesidad. No podemos recibir salvación mientras insistimos en que no necesitamos ser salvados.

El pecado no es solamente una colección de errores ocasionales. Es rebelión contra Dios y ha afectado profundamente nuestra relación con Él.

Reconocer nuestra condición no significa vivir aplastados por la culpa. Significa dejar de justificarnos para acudir a la misericordia de Dios.

Arrepiéntete y vuélvete al Señor

Pablo predicaba “que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios”.

Si el Señor está señalando pecado en tu vida, no negocies con aquello que sabes que debes abandonar. Preséntate sinceramente delante de Dios.

El arrepentimiento no dice: “algún día cambiaré”.

Dice: “Señor, quiero volver a ti”.

Cree y obedece el evangelio de Jesucristo

La fe bíblica no es solamente aceptar que algo es cierto. Es confiar en Jesucristo y responder a su Palabra.

La iglesia apostólica llamó a los creyentes al arrepentimiento, al bautismo en el nombre de Jesucristo y a recibir la promesa del Espíritu Santo. Dios no nos llama a quedarnos a las puertas de una vida nueva, sino a entrar plenamente en aquello que Él ha preparado.

Permite que tu vida muestre que realmente has vuelto a Dios

Hechos 26:20 habla también de “obras dignas de arrepentimiento”.

Después de acudir a Cristo, comenzamos una vida de obediencia. Nuestra forma de pensar, hablar, tratar a otros y utilizar aquello que Dios nos ha dado debe ser transformada progresivamente.

No somos salvos porque logremos construir una vida perfecta por nuestras propias fuerzas. Vivimos de una manera nueva porque hemos sido alcanzados por la gracia y ahora pertenecemos al Señor.

Conclusión: no escuches solamente el evangelio, responde a Jesucristo

“Por poco me persuades a ser cristiano” sigue siendo una frase poderosa porque nos coloca delante de una pregunta que trasciende la escena entre Pablo y Agripa.

¿Qué hacemos nosotros cuando la verdad de Dios llega a nuestra vida?

Pablo había sido un perseguidor, pero cuando Jesucristo se le manifestó no quiso continuar rebelándose contra la visión celestial. Su pasado no tuvo la última palabra. La gracia de Dios cambió su dirección y lo convirtió en testigo del mismo evangelio que antes había combatido.

Después, delante de un rey, Pablo hizo aquello para lo cual había sido llamado: anunció la verdad y deseó que todos los presentes conocieran a Jesucristo.

Ese mismo evangelio continúa siendo anunciado.

Tal vez conoces la Biblia desde hace años. Quizá has escuchado innumerables predicaciones. Tal vez sabes exactamente qué cosas debes cambiar, pero continúas pensando que habrá otro momento más conveniente.

No conviertas la cercanía con el evangelio en sustituto de una verdadera respuesta a Dios.

Arrepiéntete, vuelve tu corazón al Señor y responde con fe y obediencia a Jesucristo. Si necesitas abandonar pecado, no lo sigas justificando. Si necesitas reconciliar tu vida con Dios, no sigas postergándolo. Si ya has comenzado a seguir a Cristo, permanece fiel y permite que tu vida produzca frutos dignos de arrepentimiento.

Pablo dijo: “Quisiera Dios que… todos los que hoy me oyen” llegaran a compartir aquello que él había encontrado.

Ese sigue siendo el deseo de quien predica fielmente el evangelio: que quienes oyen no solamente conozcan acerca de Cristo, sino que lleguen a conocerlo, obedecerlo y vivir para Él.

Para continuar estudiando mensajes relacionados con la respuesta al evangelio, puedes explorar Vida Cristiana y Reflexiones y especialmente los recursos de Evangelismo y Misiones.

Este mensaje también forma parte de nuestra selección de 12 sermones completos para predicar, donde reunimos mensajes bíblicos desarrollados para diferentes necesidades de predicación y enseñanza.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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