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¿Lenguas desconocidas (No aprendidas) o don sobre natural?

Una defensa bíblica del hablar en lenguas

Lenguas desconocidas (No aprendidas, Sobrenaturales)

Pocas doctrinas han sido tan debatidas en el mundo cristiano como el fenómeno del hablar en lenguas, especialmente dentro de círculos pentecostales y carismáticos. Desde los tiempos del Nuevo Testamento hasta nuestros días, este don espiritual ha despertado admiración, cuestionamientos, incomprensión e incluso oposición.

Uno de los argumentos modernos más repetidos en contra del hablar en lenguas es la idea de que las lenguas bíblicas eran simplemente idiomas humanos aprendidos, utilizados por creyentes bilingües o trilingües en las iglesias primitivas. Según esta postura, ni en el libro de Hechos ni en 1 Corintios 12–14 habría referencia a lenguas sobrenaturales, sino a idiomas comunes que los creyentes ya conocían.

Sin embargo, un examen serio del texto bíblico, del contexto histórico y del propósito espiritual de este don demuestra todo lo contrario. La Biblia enseña claramente que las lenguas son un lenguaje sobrenatural otorgado por el Espíritu Santo, no adquirido por medio de estudio humano, ni entendido por el hablante a menos que haya interpretación.

Este artículo te mostrará de manera clara y profunda por qué las lenguas del Nuevo Testamento no eran lenguas aprendidas, y cómo la Biblia respalda de forma contundente su origen divino.

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1. ¿Qué significa realmente “lenguas” en la Biblia?

La palabra griega que se traduce como “lenguas” es glōssa, que puede significar:

  • El órgano físico (la lengua)
  • Idioma o lenguaje

En los pasajes donde se describe el fenómeno espiritual, glōssa se usa claramente para referirse a lenguajes hablados, pero no adquiridos de manera natural. Es decir:

Hablar en lenguas = hablar en un idioma real, pero no aprendido, impartido por el Espíritu Santo.

Esto es exactamente lo que Lucas describe en Hechos 2:4:

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”

Es crucial notar la frase “según el Espíritu les daba”, una evidencia directa de que el origen no es humano sino divino. No estaban recordando o utilizando un idioma aprendido; estaban hablando un idioma que nunca habían conocido, pero que el Espíritu Santo articulaba a través de ellos.

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2. El argumento del texto griego: ¿por qué algunas Biblias no incluyen la palabra “desconocidas”?

Uno de los argumentos más usados por quienes niegan el carácter sobrenatural de las lenguas es que en la Reina-Valera antigua —al igual que en la KJV inglesa— aparece la expresión “lenguas desconocidas” en 1 Corintios 14, pero en cursiva. Esto indica que los traductores añadieron la palabra “desconocidas” para clarificar el significado, ya que no aparece literalmente en el texto griego.

Este dato lingüístico es real, pero completamente insuficiente para destruir la enseñanza bíblica sobre las lenguas. ¿Por qué? Porque la ausencia de una palabra no elimina el concepto cuando el contexto exige su presencia.

Un lenguaje ajeno al conocimiento natural del hablante

En griego, Pablo simplemente dice glōssa (lengua) sin añadir ningún adjetivo que indique si es conocida o desconocida. Sin embargo, el uso de glōssa dentro del contexto espiritual del capítulo y de la terminología paulina apunta inequívocamente a un lenguaje ajeno al conocimiento natural del hablante.

Los traductores de la Reina-Valera y de la KJV, expertos en griego, colocaron la palabra “desconocida” porque:

  1. El contexto lo requiere.
    Pablo dice que “nadie le entiende”, y que “habla misterios”, algo imposible si se tratara de un idioma humano conocido.
  2. Así lo interpretó históricamente la iglesia.
    Desde los padres apostólicos hasta comentaristas medievales y reformadores, la interpretación tradicional entendía que Pablo hablaba de una expresión espiritual, no aprendida.
  3. El flujo del argumento paulino exige lenguas no cognitivas.
    Si las lenguas fueran idiomas humanos aprendidos, entonces 1 Corintios 14 sería un capítulo sin sentido, porque Pablo estaría regulando un fenómeno lingüístico simple y común, no un don espiritual que produce confusión o necesidad de interpretación.

De hecho, muchos biblistas no pentecostales, que no aceptan el hablar en lenguas moderno, reconocen que el lenguaje de Pablo se refiere a lenguas desconocidas para el hablante, aunque no crean que se practique hoy. Su desacuerdo no es exegético, sino doctrinal.

Por lo tanto, la pregunta no es: “¿La palabra ‘desconocida’ aparece en el griego?” sino: “¿Lo que Pablo describe, corresponde o no a una lengua aprendida?”. Y la respuesta bíblica es clara: El fenómeno del que Pablo habla no coincide jamás con un idioma aprendido por el hablante.

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3. Pablo afirma que nadie entiende las lenguas: evidencia inequívoca

Para comprender la fuerza de 1 Corintios 14:2, es crucial entender el contexto de la iglesia de Corinto. Corinto era:

  • una ciudad portuaria
  • una metrópolis multicultural
  • una intersección de rutas comerciales
  • una comunidad donde convivían griegos, romanos, judíos y pueblos orientales

Es decir, era un lugar ideal para escuchar y comprender decenas de idiomas humanos. Por lo tanto, si alguien se levantara en la iglesia hablando un idioma natural —fenicio, arameo, latín, egipcio, bereber, etc.— habría una alta probabilidad de que alguien allí lo entendiera. Pero Pablo afirma con total claridad:

“Pues nadie le entiende.”

El término griego usado aquí para “nadie” (oudeís) es absoluto, no matizado. Pablo no dice:

  • “casi nadie le entiende”
  • “varios no le entienden”
  • “algunos no le entienden”

Sino nadie. Cero personas. Ningún entendimiento humano es posible. Esto no puede aplicarse jamás a idiomas naturales en una ciudad cosmopolita como Corinto. En cambio, sí corresponde a un lenguaje espiritual, no humano, producido directamente por el Espíritu Santo.

Además, Pablo dice que el que habla en lenguas:

  • no habla a los hombres
  • sino a Dios
  • porque habla misterios
  • “por el Espíritu”

El término misterios (mystēria) no se refiere a algo misterioso en el sentido moderno, sino a verdades espirituales ocultas a la mente humana pero reveladas por Dios. Esto prueba que el contenido de las lenguas no es intelectual ni lingüístico, sino espiritual.

Si las lenguas fueran lenguas humanas:

  • ¿Cómo podría decir Pablo que el mensaje va “a Dios y no a los hombres”?
  • ¿Por qué llamar “misterios” a algo que cualquier hablante de ese idioma entendería?
  • ¿Cómo es que “nadie” puede comprenderlo en una ciudad multilingüe?

La explicación más obvia y coherente es esta:

Las lenguas del Espíritu no provienen de la mente humana, sino del Espíritu Santo.

No son producto del aprendizaje. No pertenecen a ningún país ni pueden identificarse mediante el intelecto. Tampoco son traducibles de forma natural.

Son un lenguaje espiritual, incomprensible al ser humano a menos que sea interpretado por otro don del Espíritu.

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4. ¿Por qué Pablo exige un intérprete si fueran idiomas humanos?

El argumento de Pablo en 1 Corintios 14:27–28 es extremadamente lógico: si alguien habla en lenguas, debe haber un intérprete; de lo contrario, debe hablar para sí y para Dios. Esto plantea un problema grave para quienes creen que Pablo se refiere a idiomas humanos aprendidos, porque:

Si fueran idiomas humanos, la interpretación sería innecesaria.

En el siglo I:

  • Todos hablaban griego, incluyendo la mayoría de judíos fuera de Palestina.
  • Muchos hablaban arameo, por su trasfondo religioso.
  • El latín era común entre autoridades o ciudadanos romanos.
  • Otros hablaban dialectos locales.

Así que, si alguien hablaba un idioma humano aprendido:

  • Cualquiera que conociera ese idioma lo traduciría.
  • El propio hablante podría repetir el contenido en griego.
  • No habría necesidad de un “don” espiritual para interpretar.
  • No habría riesgo de confusión espiritual o desorden en el culto.

Pero Pablo es enfático: si no hay intérprete, el hablante debe callar. Esto solo tiene sentido si:

  • El lenguaje no es humano
  • Nadie puede interpretarlo sin intervención divina
  • La interpretación no es traducción
  • El contenido no está accesible al intelecto humano

Interpretar no es traducir

En griego, Pablo usa el término hermēneia (interpretación), no metáphrasis (traducción). Esto es crucial. Hermēneia se usa para:

  • Explicar
  • Interpretar
  • Exponer
  • Revelar

No significa “traducir palabra por palabra”, sino dar a conocer el sentido espiritual del mensaje. Por eso, el don de interpretación de lenguas no consiste en ser políglota, sino en recibir una revelación espiritual del contenido expresado en un lenguaje desconocido.

Si las lenguas fueran humanas, entonces:

  • El don de interpretación sobraría
  • El Espíritu no tendría que revelar nada
  • Pablo no pediría que se callen si no hay intérprete
  • No habría “misterios” involucrados
  • Las lenguas no tendrían carácter espiritual

Pero Pablo enseña todo lo contrario. Las lenguas son espirituales… por eso necesitan interpretación espiritual.

5. El orador no entiende lo que dice: otro golpe al argumento de las lenguas aprendidas

Pablo escribe una frase que desmonta por completo la idea de que las lenguas son idiomas aprendidos:

“Si yo oro en lenguas, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” (1 Corintios 14:14)

Aquí hace una distinción fundamental entre dos facultades del creyente:

  • El espíritu: la parte íntima del ser, vivificada por el Espíritu Santo, que ora más allá de las limitaciones humanas.
  • El entendimiento: la mente racional, el área de pensamiento, análisis y comprensión consciente.

Pablo declara que cuando ora en lenguas, su espíritu está en plena actividad, pero su mente no participa, no produce fruto, no comprende lo que está diciendo. Esto plantea un problema insuperable para la teoría de que las lenguas son idiomas humanos aprendidos:

  • Si uno ora en inglés, sabe lo que está diciendo.
  • Si ora en griego, también.
  • Si ora en su idioma natal, mucho más.

Es imposible hablar un idioma aprendido y no entenderlo. El entendimiento nunca quedaría “sin fruto”. La única forma en que el hablante puede pronunciar palabras sin comprenderlas es cuando:

  • No provienen de su memoria.
  • No provienen de su intelecto.
  • No provienen de un aprendizaje natural.
  • No están bajo el control de la mente humana.

Pablo describe una experiencia en la cual el Espíritu Santo articula palabras, mientras la mente del creyente no las origina ni las domina. Esto no es aprendizaje: es inspiración directa, es glosolalia espiritual, es lengua impartida sobrenaturalmente.

Pablo no dice: “Lo entiendo parcialmente”. Dice: “No lo entiendo”. Y esa sola declaración elimina por completo cualquier intento de “naturalizar” el don de lenguas.

6. Pablo distingue entre orar con el espíritu y orar con el entendimiento

Luego de establecer la diferencia, Pablo ordena su práctica espiritual:

“Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” (1 Corintios 14:15)

Aquí Pablo introduce una doble dimensión de la vida devocional:

• Orar con el espíritu

— Oración en lenguas.
— Inspirada directamente por el Espíritu Santo.
— No procesada ni entendida por la mente.
— Fluye sin intervención intelectual.

• Orar con el entendimiento

— Oración en palabras normales, conocidas.
— Comprensible para el que ora y para los oyentes.
— Procesada por la mente racional.
— Aptitud humana natural al servicio de Dios.

Si Pablo estuviera hablando meramente de idiomas humanos, el contraste sería absurdo. No tendría lógica decir: “Oraré en japonés pero también oraré en hebreo”, o “Cantaré en griego pero también cantaré en arameo”. Eso no es contraste espiritual, es solo bilingüismo.

Pero Pablo no está estableciendo una comparación lingüística, sino una comparación entre dos niveles de oración:

  • Uno espiritual y sobrenatural.
  • Otro mental y comprensible.

Son dos fuentes diferentes, dos formas distintas, dos experiencias separadas. Una viene del Espíritu; la otra de la mente humana. Por tanto, no puede tratarse de idiomas aprendidos. Es un don, una manifestación espiritual, no una habilidad académica.

7. Pablo habló más lenguas que todos los corintios (y no eran idiomas aprendidos)

La afirmación de Pablo es categórica:

“Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.” (1 Corintios 14:18)

Pero inmediatamente aclara:

“Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento…” (1 Corintios 14:19)

Este contraste revela una gran verdad:

Lenguas → no las entiende

Cinco palabras con entendimiento → sí las entiende

Si las lenguas que hablaba Pablo fueran lenguas naturales que él dominaba, entonces no habría ninguna diferencia entre hablar en lenguas y hablar con su entendimiento. Pero él distingue ambas de manera radical. Además, Pablo era un hombre sumamente preparado:

  • Educado a los pies de Gamaliel.
  • Políglota probable (griego, hebreo, arameo).
  • Ciudadano romano, acostumbrado al mundo multicultural.

Sin embargo, cuando habla acerca del don de lenguas, deja claro que no se refiere a habilidades aprendidas en la academia, sino a una manifestación espiritual que no controla ni comprende mentalmente.

Pablo no agradece a Dios por haber estudiado idiomas. Agradece por hablar en lenguas impartidas por el Espíritu.

8. Hechos 2: la prueba histórica irrefutable de lenguas no aprendidas

El día de Pentecostés representa el fundamento más sólido del tema:

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” (Hechos 2:4)

Este detalle elimina por completo cualquier interpretación naturalista: No hablaban según sus estudios. No hablaban según sus capacidades. Hablaban según el Espíritu les daba. Luego, la multitud queda desconcertada:

“¿No son galileos todos estos que hablan?” (Hechos 2:7)

¿Por qué el detalle de “galileos”? Porque en ese tiempo eran considerados:

  • Gente humilde.
  • Sin preparación académica.
  • Sin manejo de lenguas extranjeras.
  • Lejanos al elitismo cultural de Jerusalén.

Sin embargo, ese día proclamaron las maravillas de Dios en idiomas que nunca habían aprendido.

Tres verdades salen a la luz:

1. Las lenguas eran reales

Los oyentes las reconocieron claramente.

2. Los hablantes no las conocían

Eran galileos sin formación lingüística.

3. El milagro estuvo en el hablar

No en que los oyentes oyeran milagrosamente, sino en que los hablantes pronunciaron idiomas que no conocían. El Espíritu Santo no tradujo los oídos. Articuló las lenguas en las bocas. Pentecostés confirma, sin posibilidad de reinterpretación racionalista, que:

  • Las lenguas son sobrenaturales.
  • No son producto del intelecto.
  • No son adquiridas, sino impartidas.
  • No provienen del entendimiento humano, sino del Espíritu.

9. Tres razones bíblicas por las que las lenguas no pueden ser aprendidas

A lo largo del estudio bíblico, el argumento se vuelve imposible de ignorar: Pablo describe las lenguas como un lenguaje espiritual impartido por el Espíritu Santo, no como idiomas humanos adquiridos por aprendizaje natural. Estas tres razones resumen la evidencia más contundente:

1. El hablante no entiende lo que dice (1 Co. 14:14)

Pablo declara que cuando ora en lenguas, su espíritu ora pero su entendimiento queda sin fruto. Esta afirmación es incompatible con un idioma aprendido.

Quien aprende un idioma —sea poco o mucho— comprende lo que pronuncia. La única forma de que el entendimiento quede “infructuoso” es que el lenguaje no provenga del intelecto humano, sino que sea producido directamente por el Espíritu.

2. Nadie en la congregación las entiende (1 Co. 14:2)

Pablo dice sin rodeos: “nadie le entiende”. Y esto en Corinto, una ciudad cosmopolita, comercial, plagada de viajeros y políglotas. Lo lógico sería que, si alguien hablaba un idioma humano, al menos un miembro de la congregación pudiera reconocerlo. Pero Pablo afirma lo contrario: nadie.

Esto elimina la idea de que sean idiomas extranjeros comunes y refuerza que se trata de un lenguaje no identificable humanamente.

3. Se requiere interpretación sobrenatural (1 Co. 14:27–28)

Pablo no pide un traductor bilingüe. No dice “busquen a alguien que conozca ese idioma”.
Habla de “intérprete”, es decir, alguien que recibe por el Espíritu la interpretación del mensaje.
Si las lenguas fueran idiomas conocidos, no haría falta un don espiritual para entenderlas; simplemente bastaría alguien que hablara ambos idiomas.

Pablo presenta la interpretación como un don, no como una habilidad académica.

Estos tres pilares destruyen cualquier argumento que intente naturalizar las lenguas. Bíblicamente, son sobrenaturales desde su origen hasta su interpretación.

10. ¿Por qué existen ataques contra este don?

El don de lenguas no solo es una manifestación del Espíritu: es una marca distintiva del mover de Dios en la iglesia apostólica. Por esa razón, históricamente ha sido uno de los dones más combatidos.

El hablar en lenguas afecta directamente doctrinas cruciales:

En otras palabras, el cuestionamiento constante no es casualidad. El don de lenguas representa la intervención directa del Espíritu Santo en el creyente, y por eso ha sido blanco de oposición desde los tiempos apostólicos.

Pero ninguna crítica ha logrado borrar esta verdad: La Biblia enseña que las lenguas son un don sobrenatural, vigente y poderoso.

11. Una conclusión bíblica, histórica y doctrinal

Al examinar el Nuevo Testamento con honestidad textual y teológica, la conclusión es inevitable: no existe evidencia bíblica de que las lenguas apostólicas fueran idiomas aprendidos por los creyentes.

Todo apunta a lo contrario:

  • Las lenguas eran impartidas por el Espíritu, no por maestros humanos.
  • El hablante no las entendía, porque no provenían de su intelecto.
  • No eran reconocidas por la congregación, porque no correspondían a idiomas humanos comunes.
  • Requerían interpretación sobrenatural, no traducción académica.
  • Acompañaban el bautismo del Espíritu Santo, como se ve repetidamente en Hechos.
  • Edificaban espiritualmente al creyente, porque procedían del espíritu del hombre unido al Espíritu de Dios.
  • Fueron parte esencial de la práctica apostólica, no una excepción histórica.

Las lenguas no nacen del conocimiento humano ni del esfuerzo intelectual. No emergen de la gramática, los libros o el aprendizaje. Nacen de una dimensión más profunda: la obra íntima del Espíritu Santo en el corazón del creyente, que lo impulsa a adorar a Dios con palabras que no pertenecen a este mundo.

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