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Hacer vallado y ponerse en la brecha: un llamado a la intercesión

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Texto base: Ezequiel 22:23-31, con énfasis en Ezequiel 22:30

Propósito: llamar a la iglesia a comprender la intercesión como una responsabilidad bíblica que une oración, santidad, compasión y obediencia.

Idea central: Dios buscó en Jerusalén a alguien que hiciera vallado y se pusiera en la brecha a favor de la tierra. La verdadera intercesión no consiste en fórmulas espirituales ni en sentirnos superiores a otros, sino en llevar sus necesidades delante de Dios y vivir comprometidos con la verdad que proclamamos.

Ezequiel 22:30 contiene una de las declaraciones más solemnes del Antiguo Testamento:

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”.

Dios no pronunció estas palabras en un momento de tranquilidad espiritual. Jerusalén estaba profundamente corrompida. Profetas, sacerdotes, gobernantes y pueblo habían participado de distintas maneras en una decadencia que incluía violencia, idolatría, injusticia, profanación de lo santo y opresión de los débiles.

En medio de aquella condición, Dios declaró que había buscado a alguien que hiciese vallado y se pusiese en la brecha. La imagen era comprensible para un pueblo acostumbrado a ciudades protegidas por murallas: cuando una parte del muro se rompía, la abertura dejaba expuesta la ciudad. Hacía falta reparar el daño y, mientras la brecha permaneciera abierta, alguien debía ocupar ese lugar vulnerable.

Ezequiel utiliza esa imagen para comunicar una realidad espiritual. Dios buscaba a una persona que no permaneciera indiferente ante la condición del pueblo, sino que se presentara delante de Él a favor de la tierra.

Ese llamado todavía nos confronta. Cuando vemos pecado, frialdad espiritual, familias quebrantadas, creyentes alejados, iglesias necesitadas de renovación o personas que todavía no conocen a Jesucristo, la respuesta cristiana no puede reducirse a criticar. Dios llama a su pueblo a orar, vivir en santidad, proclamar la verdad y buscar la restauración de quienes necesitan su misericordia.

¿Qué significa hacer vallado y ponerse en la brecha?

Para comprender Ezequiel 22:30 debemos comenzar por el contexto y no únicamente por una aplicación espiritual moderna.

Una brecha es una abertura en aquello que debía ofrecer protección. En una muralla antigua, una brecha podía convertirse en el lugar por donde entrara un ejército enemigo. Hacer vallado o levantar muro comunicaba la idea de reparar aquello que estaba destruido y preparar nuevamente la defensa de la ciudad.

Ezequiel ya había utilizado una imagen semejante al denunciar a los falsos profetas. En Ezequiel 13:5 les reprocha no haber subido a las brechas ni edificado muro alrededor de la casa de Israel para que pudiera resistir. En lugar de fortalecer al pueblo mediante la verdad, ofrecían mensajes engañosos que producían una falsa sensación de seguridad.

Por eso hacer vallado no significa pronunciar determinadas palabras para crear una barrera espiritual invisible ni utilizar la oración como una fórmula de protección automática. En el contexto de Ezequiel, el problema era profundamente moral y espiritual: el pueblo había abandonado la justicia, la santidad y la fidelidad a Dios.

Ponerse en la brecha significa asumir una posición de responsabilidad delante de Dios cuando otros necesitan misericordia, dirección y restauración. La oración intercesora forma parte esencial de esa respuesta, pero una intercesión bíblica nunca puede separarse de la obediencia.

1. La verdadera intercesión comienza reconociendo la gravedad de la brecha

Antes de buscar a un intercesor, Ezequiel 22 describe detalladamente lo que estaba ocurriendo en Jerusalén. El pueblo no necesitaba simplemente una experiencia religiosa más intensa. Necesitaba reconocer que se había apartado de Dios.

Los gobernantes abusaban de su poder. Los sacerdotes habían dejado de distinguir entre lo santo y lo profano. Los falsos profetas cubrían la realidad con mensajes engañosos. El pueblo practicaba opresión e injusticia. En medio de todo esto aparece una frase que explica mucho de aquella decadencia: Dios les dice que se habían olvidado de Él.

La brecha espiritual más peligrosa no siempre comienza con un gran escándalo visible. Puede comenzar cuando dejamos de tomar en serio la Palabra, toleramos pecados que antes nos confrontaban, perdemos la sensibilidad ante la necesidad de otros o conservamos una apariencia religiosa mientras el corazón se aleja de Dios.

Por eso el intercesor no comienza señalando las ruinas desde lejos. Primero permite que Dios examine su propia vida. No podemos clamar por santidad en la iglesia mientras justificamos deliberadamente el pecado personal, ni pedir restauración para una familia mientras nos negamos a obedecer aquello que la Escritura ya nos ha mostrado.

El primer vallado que necesita reparación muchas veces está en nuestro propio corazón.

2. Ponerse en la brecha significa interceder, no solamente denunciar

Una de las conexiones bíblicas más claras con Ezequiel 22 aparece en Salmo 106:23. Al recordar el pecado de Israel con el becerro de oro, el salmista dice que Dios habría destruido al pueblo:

“De no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de él, a fin de apartar su indignación para que no los destruyese”.

La expresión presenta a Moisés colocándose delante de Dios en la brecha. Éxodo 32 muestra qué hizo: intercedió por Israel.

Moisés no negó el pecado del pueblo. No llamó bueno a lo malo ni argumentó que la idolatría carecía de importancia. Reconoció la gravedad de lo ocurrido, pero al mismo tiempo clamó por misericordia.

Aquí encontramos una característica esencial del verdadero intercesor: ve el pecado con seriedad y a las personas con compasión.

Es relativamente fácil observar una generación y enumerar todo lo que está mal. Es mucho más exigente doblar las rodillas y comenzar a orar por aquellos que necesitan volver a Dios. El intercesor no convierte el discernimiento en orgullo. Si percibe una necesidad, esa necesidad se convierte en una carga de oración.

Abraham hizo algo semejante cuando intercedió por Sodoma en Génesis 18. No justificó la maldad de la ciudad, pero apeló reverentemente a la justicia de Dios. Samuel también expresó esta responsabilidad cuando dijo a Israel que lejos estuviera de él pecar contra Jehová dejando de orar por ellos (1 Samuel 12:23).

La iglesia necesita recuperar esa dimensión de la oración. Intercedemos por nuestros hijos, por matrimonios, por creyentes débiles, por pastores y líderes, por quienes están enfermos, por misioneros, por personas que necesitan salvación y aun por quienes nos persiguen.

Si estás preparando otros mensajes relacionados con oración e intercesión, nuestra guía de temas para predicar reúne diferentes enfoques bíblicos que pueden ayudarte a desarrollar esta y otras necesidades de la congregación.

3. No se puede levantar un vallado verdadero con una espiritualidad falsa

Ezequiel 13 añade una advertencia necesaria. Los falsos profetas pretendían construir, pero lo hacían con materiales que no resistirían. El profeta compara sus mensajes con una pared recubierta con lodo suelto: parecía firme, pero una tormenta demostraría su debilidad.

Esta imagen corrige una idea peligrosa. No toda actividad religiosa repara una brecha espiritual.

Podemos cantar mucho y seguir sin arrepentirnos. Podemos hablar de guerra espiritual y continuar tratando mal a otros. Podemos participar en largas jornadas de oración y mantener deliberadamente resentimiento, engaño o inmoralidad. Podemos pedir a Dios que proteja nuestro hogar mientras ignoramos su Palabra dentro de ese mismo hogar.

La oración no sustituye la obediencia; nos lleva hacia ella.

Isaías 58 presenta un principio semejante. El pueblo practicaba ayuno, pero Dios confrontó la injusticia que coexistía con sus actos religiosos. Solo después de llamarles a una vida coherente con su voluntad aparece la hermosa promesa de que serían llamados “reparador de portillos” y “restaurador de calzadas para habitar”.

Esto no significa que una persona deba alcanzar perfección antes de poder interceder. Significa que no podemos convertir la intercesión en una actividad religiosa desconectada de nuestra propia rendición a Dios.

Cuando descubrimos una brecha personal, familiar o congregacional, la respuesta bíblica incluye oración, pero también arrepentimiento, restitución cuando corresponda, perdón, obediencia y cambios concretos.

4. El intercesor persevera aunque la respuesta no sea inmediata

Ponerse en la brecha no es una oración ocasional motivada por una emoción pasajera. Muchas necesidades requieren perseverancia.

Jesús contó la parábola de la viuda persistente en Lucas 18 precisamente para enseñar “la necesidad de orar siempre, y no desmayar”. El juez injusto de la parábola no representa el carácter de Dios; funciona como contraste. Si una viuda continuó presentando su causa ante un juez injusto, cuánto más podemos perseverar delante del Dios que es justo y conoce perfectamente nuestras necesidades.

Perseverar no significa intentar cansar a Dios hasta que acepte nuestra voluntad. Significa continuar buscándolo porque confiamos en Él incluso cuando todavía no vemos la respuesta.

El sermón sobre el poder de la oración persistente profundiza precisamente en esta enseñanza de Jesús: orar sin rendirse mientras nuestra confianza permanece puesta en el carácter de Dios y no simplemente en el resultado que deseamos.

Hechos 12 ofrece otra imagen poderosa. Mientras Pedro estaba encarcelado, “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”. La congregación no podía abrir las puertas de la prisión mediante sus propios recursos, pero podía llevar aquella necesidad delante del Señor.

La historia termina con una intervención extraordinaria de Dios, pero el principio permanece aun cuando una respuesta no llega de la misma manera: la iglesia que ama aprende a llevar las cargas de sus miembros delante de Dios.

Puedes estudiar ese pasaje con mayor profundidad en La eficacia de la oración, un sermón basado en Hechos 12:5-16.

5. Ponerse en la brecha por la familia

Muchos creyentes comprenden mejor la intercesión cuando la necesidad toca su propia casa. Un hijo se aleja de Dios, un matrimonio atraviesa una crisis, aparece una enfermedad o la familia comienza a perder hábitos espirituales que antes formaban parte de su vida.

Ponerse en la brecha por la familia significa llevar esas necesidades delante de Dios sin intentar sustituir la responsabilidad personal de los demás. Podemos orar por nuestros hijos, enseñarles la Palabra, mostrarles un ejemplo fiel y acompañarlos con amor, pero cada persona tendrá que responder personalmente al Señor.

La intercesión familiar tampoco significa vivir dominados por el miedo. No oramos porque creamos que una fórmula determinada garantiza que nunca ocurrirá algo doloroso. Oramos porque dependemos de Dios, amamos a nuestra familia y deseamos que Cristo gobierne nuestro hogar.

Parte de esa intercesión se convierte necesariamente en vida cotidiana. Los padres que oran por sus hijos también deben escucharlos, enseñarles, corregirlos con sabiduría y mostrar con su conducta aquello que desean ver en ellos.

Cuando una familia necesita recuperar espacios de oración, Palabra y consagración, el mensaje Levantando un altar para Dios desarrolla cómo restaurar esas prácticas sin convertirlas en rituales vacíos.

6. Ponerse en la brecha por la iglesia

Ezequiel 22 es especialmente serio porque la corrupción había alcanzado también a quienes tenían responsabilidades espirituales. Los sacerdotes y profetas no estaban cumpliendo correctamente su misión.

Por eso la iglesia necesita intercesores que oren por sus pastores, maestros, líderes, evangelistas, jóvenes, familias y nuevos creyentes. Pablo pidió repetidamente oración por su ministerio y exhortó a los creyentes a orar “por todos los santos” (Efesios 6:18).

Pero orar por la iglesia no significa ignorar problemas reales. Si existe pecado, debe confrontarse bíblicamente. Si alguien ha sido herido, necesita atención. Si una práctica contradice la Escritura, debe corregirse. La oración nunca debe convertirse en una manera piadosa de evitar responsabilidades que Dios ya nos ha mostrado.

Una congregación que se pone en la brecha es una iglesia que ora y también ama; que busca la presencia de Dios y permanece en la verdad; que pide avivamiento y está dispuesta a arrepentirse; que clama por los perdidos y después sale a compartir el evangelio.

La intercesión madura nos mueve de la oración a la obediencia.

7. Ponerse en la brecha por la ciudad y las autoridades

Ezequiel 22:30 dice que Dios buscó a alguien que se colocara delante de Él “a favor de la tierra”. La preocupación del intercesor puede extenderse más allá de sus necesidades personales.

El Nuevo Testamento también llama a la iglesia a orar por la sociedad en la que vive. Pablo exhorta en 1 Timoteo 2:1-2 a hacer rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, incluyendo reyes y quienes están en autoridad.

La iglesia puede orar por justicia, paz, libertad para anunciar el evangelio, sabiduría para quienes gobiernan, protección de los vulnerables y oportunidades para que muchas personas conozcan a Jesucristo.

Esta oración no depende de nuestra afinidad política con quienes ocupan cargos públicos. Los primeros cristianos fueron llamados a orar en contextos políticos muy distintos del nuestro. La razón principal es espiritual: deseamos que las condiciones de nuestra sociedad permitan vivir piadosamente y que el evangelio avance.

Ponerse en la brecha por una ciudad o nación tampoco consiste en afirmar que los creyentes controlan mediante sus oraciones todos los acontecimientos políticos. Intercedemos porque Dios es soberano, nosotros somos dependientes y el mundo necesita su misericordia.

8. Nehemías muestra que la oración debe conducir a la acción

Cuando Nehemías recibió noticias acerca de Jerusalén, supo que sus muros estaban derribados y sus puertas quemadas. Su primera reacción no fue diseñar una estrategia.

Nehemías 1 dice que se sentó, lloró, hizo duelo, ayunó y oró delante del Dios de los cielos. Su oración incluyó adoración, confesión, memoria de las promesas de Dios y una petición concreta.

Sin embargo, Nehemías no terminó allí. Cuando llegó la oportunidad, habló con el rey, pidió autorización, viajó a Jerusalén, inspeccionó los muros, organizó al pueblo y comenzó la reconstrucción.

Su historia nos ayuda a mantener juntas dos cosas que a veces separamos: intercesión y responsabilidad.

Hay situaciones que únicamente Dios puede cambiar, y por ellas debemos orar. Pero también existen acciones que Él ya nos manda realizar. Si oramos por una persona necesitada y tenemos capacidad para ayudarla, quizá parte de la respuesta implique nuestra participación. Si pedimos restauración familiar, quizás tengamos que pedir perdón. Si clamamos por evangelismo, tendremos que hablar de Cristo. Si pedimos una iglesia más unida, debemos aprender a resolver conflictos bíblicamente.

La verdadera espiritualidad no utiliza la oración para escapar de la obediencia.

9. Jesucristo es el único mediador; nuestra intercesión depende de Él

Al hablar de “ponernos en la brecha” debemos establecer una diferencia esencial. Ningún creyente ocupa delante de Dios el lugar redentor que pertenece a Jesucristo.

Primera de Timoteo 2:5 declara que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Nuestra oración por otros nunca nos convierte en salvadores ni sustituye la obra de Cristo.

Jesucristo pudo realizar lo que ningún intercesor humano podía hacer: entregarse por nuestros pecados y reconciliarnos con Dios mediante su sacrificio. Hebreos también lo presenta como nuestro gran sumo sacerdote y declara que vive para interceder por aquellos que se acercan a Dios por medio de Él.

Por tanto, cuando oramos por otra persona, no presentamos nuestros propios méritos. Nos acercamos a Dios confiando en Jesucristo.

Esta verdad protege la intercesión de dos errores. Primero, evita que pensemos que nuestra intensidad espiritual obliga a Dios. Segundo, evita que asumamos una función que solo pertenece al Señor.

Intercedemos porque Jesucristo abrió el camino para acercarnos a Dios, y confiamos en que Él obra conforme a su sabiduría, misericordia y voluntad.

10. Cómo hacer vallado y ponerse en la brecha hoy

Ezequiel 22:30 no fue escrito para enseñarnos una técnica, sino para confrontarnos con una postura espiritual. Ponerse en la brecha comienza cuando dejamos la indiferencia y asumimos delante de Dios la carga de orar y actuar bíblicamente.

Examina primero tu propia vida

Antes de orar por la restauración de otros, permite que la Palabra examine aquello que necesita corrección en ti. La intercesión bíblica nace de humildad, no de superioridad.

Esto puede requerir arrepentimiento, abandonar una práctica pecaminosa, reconciliarse con alguien o recuperar disciplinas espirituales que hemos descuidado. No podemos reparar fielmente una brecha mientras deliberadamente abrimos otra mediante nuestra propia desobediencia.

Intercede de manera específica

La oración no necesita limitarse a expresiones generales. Presenta personas, necesidades y situaciones concretas delante del Señor.

Ora por los nombres de tus hijos. Ora por quienes están enfermos. Ora por creyentes que atraviesan tentación. Ora por los que han dejado de congregarse. Ora por tus pastores y líderes. Ora por quienes necesitan salvación. Ora por misioneros y evangelistas. Ora por las autoridades.

Cuando la necesidad es concreta, la intercesión puede convertirse en una disciplina perseverante y consciente, no solamente en una frase rápida.

Ora conforme a la Palabra y la voluntad de Dios

La intercesión madura no intenta imponerle a Dios nuestro propio desenlace. Podemos pedir con fe y, al mismo tiempo, someternos a su voluntad.

Hay cosas cuya voluntad ya conocemos por la Escritura: Dios quiere que vivamos en santidad, perdonemos, amemos, evangelicemos, actuemos con justicia y permanezcamos fieles. En otras situaciones no sabemos exactamente cómo responderá, por lo que presentamos nuestra petición y descansamos en su sabiduría.

Acompaña la oración con obediencia y amor

Si Dios te muestra una necesidad y puedes servir, no utilices la oración como excusa para permanecer distante. Santiago advierte contra decir al necesitado “id en paz” sin darle aquello que realmente requiere cuando está a nuestro alcance ayudar.

Tal vez ponerse en la brecha implique visitar, aconsejar, perdonar, dar, enseñar, evangelizar, defender a alguien vulnerable o simplemente permanecer junto a una persona durante una etapa dolorosa.

El intercesor verdadero no solo habla con Dios acerca de las personas; aprende también a amar a las personas delante de Dios.

Persevera sin pretender controlar el resultado

Algunas respuestas serán rápidas y otras no. Algunas llegarán de la manera que esperábamos y otras serán diferentes.

Nuestra responsabilidad es permanecer fieles. Oramos mientras esperamos, obedecemos mientras no entendemos y confiamos aun cuando no podemos controlar el desenlace.

Ponerse en la brecha significa poder decir: “Señor, seguiré buscando tu rostro y haciendo lo que tu Palabra me manda, aunque todavía no vea todo lo que deseo”.

¿Nos encontrará Dios en la brecha?

La frase más dolorosa de Ezequiel 22:30 no es que existiera una brecha. Es la conclusión:

“Y no lo hallé”.

Había necesidad, pero faltaba quien asumiera delante de Dios la responsabilidad que aquella hora demandaba.

Nuestra generación también tiene necesidades reales. Hay personas lejos de Dios, hogares heridos, creyentes cansados, jóvenes bajo presión, iglesias que necesitan renovación y ciudades que necesitan escuchar el evangelio.

La respuesta cristiana no puede limitarse a decir que el mundo está mal. Dios nos ha llamado a ser luz, a proclamar a Jesucristo, a vivir en santidad, a servir y a orar por otros.

Quizá no podamos resolver todos los problemas que vemos, pero sí podemos negarnos a vivir indiferentes.

Podemos interceder.

Podemos obedecer.

Podemos servir.

Podemos anunciar el evangelio.

Podemos reparar aquello que está a nuestro alcance y llevar delante de Dios aquello que solamente Él puede transformar.

Ponerse en la brecha es decidir que la necesidad de otros también tendrá un lugar en nuestras oraciones y en nuestra obediencia.

Conclusión: hacer vallado comienza con un corazón disponible

“Hacer vallado y ponerse en la brecha” no es una expresión destinada a producir miedo ni una fórmula para garantizar que nunca enfrentaremos problemas. Es la imagen bíblica de una responsabilidad espiritual seria.

Ezequiel contempló una sociedad donde el pecado había debilitado aquello que debía permanecer firme. Dios buscó a alguien que se colocara delante de Él a favor de la tierra y no lo encontró.

Moisés demuestra que es posible asumir esa carga e interceder. Nehemías muestra que la oración puede conducir a reconstrucción y obediencia. El Nuevo Testamento llama a la iglesia a orar por todos los santos, por quienes están en autoridad y por el avance del evangelio. Y Jesucristo sigue siendo el único mediador sobre cuya obra descansa nuestra confianza.

Por eso el llamado continúa siendo personal: ¿qué brecha has visto que debería convertirse en una carga de oración?

Tal vez sea tu familia. Tal vez un hermano de la iglesia. Tal vez alguien que se ha alejado de Dios. Tal vez tu congregación, tu ciudad o una persona que necesita escuchar el evangelio.

No necesitas ocupar el lugar de Cristo ni cargar aquello que solamente Dios puede resolver. Pero sí puedes presentarte delante del Señor con humildad y decir: “Aquí estoy. Ayúdame a orar, obedecer y servir”.

Dios sigue buscando hombres y mujeres que no contemplen las brechas con indiferencia, sino que respondan con oración, santidad, compasión y fidelidad.

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Para profundizar específicamente en la oración puedes continuar con El poder de la oración persistente o con La eficacia de la oración, dos mensajes que desarrollan la perseverancia y la intercesión desde diferentes pasajes bíblicos.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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