Cristo viene pronto: Una promesa que define nuestra esperanza
La Biblia declara con claridad y autoridad una verdad que ha sostenido la fe cristiana a lo largo de los siglos: Cristo viene pronto. Esta afirmación no es una metáfora, ni un simple consuelo espiritual, sino una promesa divina que atraviesa toda la Escritura y que apunta al clímax del plan redentor de Dios.
El último libro de la Biblia no termina con una despedida incierta, sino con una declaración solemne y llena de esperanza:
“He aquí yo vengo pronto, y mi recompensa conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Apocalipsis 22:12–13).
Estas palabras fueron pronunciadas por Jesucristo, quien no solo inauguró la historia de la redención con su primera venida, sino que prometió consumarla con su regreso glorioso.
A lo largo del Nuevo Testamento, esta esperanza no es presentada como un dato teológico aislado, sino como una verdad práctica que debe transformar la manera en que vivimos, pensamos y esperamos. La iglesia primitiva vivía con esta expectativa constante, y hoy, más que nunca, el mensaje sigue siendo urgente.
Este artículo busca ayudarte a comprender de manera clara y profunda:
- La certeza absoluta de la venida de Cristo
- Las señales que anuncian que su regreso se acerca
- La preparación espiritual que Dios espera de cada creyente
No se trata de alimentar temor ni especulación, sino de despertar fe, vigilancia y fidelidad.
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La segunda venida de Cristo: una promesa central del cristianismo
Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia presenta un Dios que cumple lo que promete. La primera venida de Cristo —su encarnación, muerte y resurrección— se cumplió con exactitud profética. De la misma manera, la Escritura enseña que su segunda venida es igual de segura.
Jesús no regresará como el siervo sufriente que fue rechazado y crucificado, sino como Rey de reyes y Señor de señores, con autoridad, gloria y justicia. Su regreso marcará el final de la historia humana tal como la conocemos y el inicio de la eternidad.
Por eso, hablar de que Cristo viene pronto no es un mensaje opcional o secundario, sino una verdad que debe ocupar un lugar central en la fe cristiana.
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I. La certeza absoluta de que Cristo viene pronto
A) “He aquí yo vengo pronto…” (Apocalipsis 22:12)
La seguridad de la venida de Cristo no se basa en emociones, tradiciones o interpretaciones humanas, sino en la palabra fiel de Dios.
1. Jesús prometió que regresaría
Antes de su crucifixión, Jesús consoló a sus discípulos con una promesa directa y personal:
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1–3).
Esta promesa no fue dicha en un contexto simbólico, sino en un momento íntimo y solemne. Jesús sabía que partiría, pero también aseguró que volvería por los suyos.
Aquí encontramos una verdad fundamental: La esperanza cristiana no está en ir al cielo, sino en que Cristo venga por nosotros.
2. La fidelidad de Dios garantiza su cumplimiento
La Biblia declara que Dios es absolutamente fiel:
“Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta” (Números 23:19).
A lo largo de la historia bíblica, Dios ha cumplido cada una de sus promesas:
- El llamado de Abraham
- La liberación de Israel
- El nacimiento del Mesías
- La resurrección de Cristo
Si Dios cumplió lo que parecía imposible, también cumplirá la promesa de la segunda venida. Dudar del regreso de Cristo no es solo una duda escatológica; es una duda sobre el carácter mismo de Dios.
3. La resurrección y ascensión de Jesús son la garantía de su regreso
Después de resucitar, Jesús ascendió al cielo delante de sus discípulos. En ese momento, dos ángeles declararon:
“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).
La ascensión no fue el final de la historia, sino una pausa antes del regreso glorioso. Así como fue visto subir, así será visto regresar.
Si creemos en la resurrección, debemos creer también en su venida. Ambas verdades están inseparablemente unidas.
B) Una verdad que produce esperanza, no temor
Para el creyente, la venida de Cristo no debe producir pánico ni ansiedad, sino consuelo y expectación. El problema no es que Cristo venga pronto, sino que muchos viven como si nunca fuera a venir.
La iglesia no fue llamada a calcular fechas, sino a vivir preparada. Cada generación de creyentes ha vivido con esta expectativa, y eso ha sido un motor de santidad, misión y perseverancia.
Cuando la iglesia pierde de vista la venida de Cristo:
- Se acomoda al mundo
- Se enfría espiritualmente
- Cambia la eternidad por lo inmediato
Por eso, recuperar este mensaje es vital.
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II. Las señales de que Cristo viene pronto
Jesús no dejó a su iglesia en la ignorancia respecto a los acontecimientos que precederían a su regreso. Aunque fue claro al afirmar que nadie sabe el día ni la hora, también enseñó que sí podemos discernir los tiempos. Las señales no fueron dadas para provocar miedo, sino para despertar vigilancia espiritual.
“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra angustia de las gentes…” (Lucas 21:25).
Estas señales actúan como avisos divinos, recordándonos que la historia avanza hacia un desenlace determinado por Dios.
A) Señales en la naturaleza: la creación gime
Jesús anunció que, antes de su venida, la humanidad presenciaría fenómenos naturales cada vez más intensos:
“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares” (Mateo 24:7).
La Escritura enseña que la creación misma está afectada por el pecado y espera la redención final:
“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22).
Los desastres naturales no deben interpretarse de manera sensacionalista, pero tampoco deben ser ignorados. Son dolores de parto, no el fin en sí mismo, sino señales de que algo nuevo está por manifestarse.
Cada temblor, cada crisis ambiental, nos recuerda que este mundo no es eterno.
B) Señales en la sociedad: un deterioro moral evidente
El apóstol Pablo describió con sorprendente precisión el carácter de los últimos tiempos:
“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1).
Luego enumera actitudes que hoy parecen normales:
- Amor propio exagerado
- Avaricia y soberbia
- Falta de afecto natural
- Desprecio por lo bueno
- Apariencia de piedad, pero sin poder espiritual
El mayor peligro no es solo el pecado visible, sino la normalización del pecado.
La sociedad moderna celebra lo que Dios condena y rechaza lo que Dios honra. La confusión moral, la violencia creciente y la pérdida de valores espirituales no son meras crisis culturales; son señales espirituales de un mundo que se aleja de Dios.
C) Señales espirituales: apostasía y engaño
Jesús advirtió repetidamente sobre el engaño religioso:
“Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).
Entre las señales más serias de los últimos tiempos está la apostasía, es decir, el abandono deliberado de la fe verdadera.
“Porque no vendrá sin que antes venga la apostasía” (2 Tesalonicenses 2:3).
Hoy vemos:
- Evangelios diluidos que evitan hablar de arrepentimiento
- Doctrinas centradas en el hombre y no en Cristo
- Falsos maestros que prometen éxito sin cruz
- Espiritualidad sin santidad
No todo lo que suena cristiano viene de Cristo.
El engaño no siempre se presenta como error evidente, sino como verdad incompleta, y por eso resulta tan peligroso.
D) La evangelización mundial: una señal de esperanza
Entre todas las señales, esta es profundamente alentadora:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14).
A pesar de la oscuridad espiritual, el evangelio sigue avanzando. Hoy la Palabra de Dios llega a lugares donde antes era impensable, gracias a la traducción bíblica, los medios digitales y el testimonio fiel de la iglesia.
Esto nos recuerda una verdad clave: Dios no se ha apresurado; está siendo misericordioso. Cada día que Cristo tarda en venir es una oportunidad más para que alguien se arrepienta y sea salvo.
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III. La preparación: vivir como quienes esperan a Cristo
“Por tanto, también vosotros estad preparados” (Mateo 24:44).
Saber que Cristo viene pronto no es información para archivar, sino una verdad que debe transformar nuestra manera de vivir. La preparación cristiana no es pasiva, sino activa y constante.
A) Vigilancia espiritual y oración constante
Jesús exhortó:
“Velad, pues, en todo tiempo, orando…” (Lucas 21:36).
Vigilar no significa vivir obsesionados con señales, sino mantener una relación viva con Dios. La oración nos mantiene sensibles, humildes y dependientes.
Una iglesia que ora:
- Discierne mejor el engaño
- Resiste la tentación
- Permanece firme en la esperanza
La falta de oración produce sueño espiritual.
B) Santidad y pureza: una esperanza que purifica
Juan escribió:
“Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo” (1 Juan 3:3).
Esperar el regreso de Cristo debe producir un efecto claro: deseo de santidad. No por miedo al castigo, sino por amor al Salvador.
La santidad no es perfección, sino una vida rendida, sensible al Espíritu Santo y comprometida con agradar a Dios.
Vivir como si Cristo viniera hoy nos lleva a:
- Examinar nuestras prioridades
- Abandonar pecados ocultos
- Restaurar relaciones
- Vivir con integridad
C) Servicio fiel: ocupados hasta que Él venga
Jesús habló del siervo fiel que, cuando su señor vuelve, es hallado cumpliendo su tarea:
“Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Mateo 24:46).
Esperar a Cristo no es sentarse a mirar el cielo, sino servir con fidelidad en la tierra. Cada creyente ha recibido dones, tiempo y oportunidades para glorificar a Dios.
La mejor forma de esperar a Cristo es trabajando para Él.
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IV. El resultado de la venida de Cristo: recompensa y juicio
La segunda venida de Cristo no será solo un evento glorioso, sino también un momento decisivo para toda la humanidad. La Escritura enseña que su regreso traerá consigo una separación definitiva entre quienes le pertenecen y quienes le rechazaron.
“He aquí yo vengo pronto, y mi recompensa conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).
Estas palabras nos recuerdan que la venida de Cristo no es solo esperanza futura, sino responsabilidad presente.
A) Recompensa para los que permanecieron fieles
La Biblia habla con claridad de una recompensa eterna preparada para los hijos de Dios. Esta recompensa no es ganada por obras humanas, sino otorgada por gracia a aquellos que perseveraron en la fe verdadera.
“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia” (2 Timoteo 4:8).
La recompensa incluye:
- Vida eterna en la presencia de Dios
- Gozo pleno y sin fin
- Descanso de toda lucha y sufrimiento
- Reconocimiento del servicio fiel
Dios no olvida:
- Cada acto de obediencia
- Cada sacrificio silencioso
- Cada lágrima derramada por causa del evangelio
Nada hecho para Cristo es en vano.
B) La corona de vida para los que perseveraron
Santiago escribe:
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida” (Santiago 1:12).
La vida cristiana no es un camino sin dificultades. Esperar a Cristo implica resistir tentaciones, enfrentar oposición y permanecer firmes cuando otros se apartan.
Pero la promesa es clara: La perseverancia será recompensada.
Esta verdad anima al creyente cansado, al que lucha en silencio, al que permanece fiel aunque no sea reconocido en esta vida.
C) Juicio para quienes rechazaron a Cristo
La Biblia también enseña con solemnidad que la venida de Cristo traerá juicio para quienes rechazaron su gracia:
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios…” (Apocalipsis 20:12).
Este juicio no será injusto ni impulsivo, sino justo y conforme a la verdad. Dios ha ofrecido salvación, perdón y vida eterna; rechazar ese regalo tiene consecuencias eternas.
El mayor juicio no es el castigo, sino haber despreciado la gracia ofrecida.
Por eso, el mensaje de que Cristo viene pronto no es solo esperanza para el creyente, sino un llamado urgente al arrepentimiento para todo ser humano.
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V. Cómo vivir hoy a la luz de que Cristo viene pronto
Saber que Cristo viene pronto debe afectar nuestra vida diaria de manera práctica y profunda. No se trata de vivir con temor, sino con propósito eterno.
A) Vivir con prioridades eternas
Cuando entendemos que este mundo es pasajero:
- Dejamos de aferrarnos a lo temporal
- Valoramos más nuestra relación con Dios
- Invertimos en lo que tiene valor eterno
“Buscad primeramente el reino de Dios” (Mateo 6:33).
La espera del regreso de Cristo reordena nuestras prioridades.
B) Vivir con urgencia espiritual
La iglesia primitiva vivía con un profundo sentido de urgencia. Sabían que el tiempo era limitado y que cada día contaba.
Hoy, esa urgencia sigue siendo necesaria:
- Para compartir el evangelio
- Para reconciliarnos con otros
- Para restaurar nuestra comunión con Dios
Mañana puede ser tarde; hoy es el día de salvación.
C) Vivir con esperanza firme
En medio de crisis, guerras, enfermedades y confusión, la esperanza cristiana permanece firme porque no está basada en las circunstancias, sino en la promesa del regreso de Cristo.
“Consolaos unos a otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).
La venida de Cristo es:
- Consuelo para el afligido
- Fuerza para el cansado
- Esperanza para el que sufre
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Conclusión: Cristo viene pronto — ¿Estás preparado?
Cristo viene pronto. Esta no es una frase repetida sin sentido, sino una verdad que debe sacudir nuestra conciencia y fortalecer nuestra fe. Su venida es segura, sus señales son evidentes y su llamado es claro: prepárate.
La pregunta más importante no es:
¿Cuándo vendrá Cristo?
La pregunta verdaderamente crucial es:
¿Estoy listo si Él viene hoy?
Jesús dijo:
“He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” (Apocalipsis 3:20).
Hoy todavía hay tiempo para:
- Arrepentirse
- Volver a Dios
- Renovar la fe
- Enderezar el camino
Pero ese tiempo no será eterno.
Cristo viene pronto. Vivamos como quienes realmente lo esperan.