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Escapa por tu vida: bosquejo sobre Génesis 19:17 y la urgencia de la salvación

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Texto base: Génesis 19:17

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas”.

Tema: La urgencia de responder a la advertencia de Dios y abandonar el pecado para acudir a su salvación.

Propósito: mostrar que el pecado conduce al juicio, que la misericordia de Dios advierte antes de que llegue la destrucción y que el evangelio llama al ser humano a responder hoy a Jesucristo.

Idea central: Dios advirtió a Lot que escapara antes de que Sodoma fuera destruida; de la misma manera, la Palabra confronta al ser humano con la realidad del pecado y lo llama a abandonar su antigua vida, acudir a Jesucristo y responder al evangelio mientras hay oportunidad.

Introducción: “Escapa por tu vida”

Hay advertencias que pueden ignorarse sin grandes consecuencias, pero existen otras de las que depende la vida.

Génesis 19 presenta una de estas últimas.

Los ángeles habían llegado a Sodoma y el juicio de Dios sobre la ciudad era inminente. Lot y su familia no estaban recibiendo una recomendación opcional. La orden era urgente:

“Escapa por tu vida”.

No había tiempo para negociar con Sodoma, conservar una parte de ella o pensar que quizá la destrucción nunca llegaría. Dios había advertido y había provisto una salida.

Sin embargo, uno de los detalles más impresionantes del relato aparece antes de la huida. Génesis 19:16 dice:

“Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad”.

Lot se detenía, pero Dios mostró misericordia.

Juicio y misericordia aparecen juntos en el mismo relato. Dios no ocultó el peligro, pero tampoco dejó a Lot sin advertencia ni oportunidad de salir.

El evangelio también anuncia una realidad urgente. El pecado tiene consecuencias, el juicio de Dios es real y el ser humano necesita salvación. Pero Dios, en su misericordia, ha provisto salvación en Jesucristo.

El llamado a escapar del pecado y acudir a Jesucristo también está presente en otros bosquejos evangelísticos para predicar centrados en la salvación, el arrepentimiento, la gracia y la respuesta al evangelio.

1. Reconoce el peligro: “No sea que perezcas”

La orden dada a Lot terminaba con una razón:

“No sea que perezcas”.

El peligro era real.

Sodoma no estaba simplemente atravesando una crisis económica, política o social. Génesis presenta explícitamente la destrucción de la ciudad como un acto de juicio divino después de una prolongada condición de pecado.

Génesis 18:20 declara:

“Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo”.

La advertencia de Génesis 19:17 solo puede comprenderse correctamente cuando se reconoce aquello de lo cual Lot necesitaba escapar.

El pecado no es una amenaza imaginaria

Nuestra sociedad puede aprender a normalizar aquello que Dios llama pecado. El ser humano puede cambiar las palabras, justificar comportamientos y comparar su vida con la de personas que considera peores. Sin embargo, ninguna redefinición humana cambia la santidad de Dios.

Romanos 3:23 declara:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

El problema no pertenece únicamente a Sodoma.

Todos necesitamos salvación.

No todos hemos cometido los mismos pecados ni enfrentamos las mismas consecuencias temporales, pero todos hemos quebrantado la voluntad de Dios y necesitamos su misericordia.

Romanos 6:23 añade:

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

El evangelio comienza siendo buena noticia precisamente porque existe una condición de la cual necesitamos ser salvados.

El juicio de Dios también es una realidad bíblica

Génesis 19 habla de un juicio histórico sobre Sodoma. La Escritura también anuncia un juicio futuro en el que cada ser humano responderá delante de Dios.

Hebreos 9:27 dice:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.

Esto no significa que debamos señalar cada guerra, enfermedad, terremoto o tragedia contemporánea y declarar que conocemos exactamente qué pecado particular está juzgando Dios. La Biblia sí nos da una certeza mucho más universal: la vida presente no es todo y cada persona necesita estar reconciliada con Dios.

Por eso el mensaje “escapa por tu vida” no necesita alimentarse del temor a los acontecimientos del momento. Su urgencia nace de una realidad permanente: somos mortales, el pecado es serio y debemos responder a Dios.

No descuides una salvación tan grande

Hebreos 2:3 pregunta:

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”

La pregunta no es cómo podremos salvarnos mediante nuestros propios recursos. La salvación ya ha sido provista por Dios.

El peligro está en descuidarla.

Puedes poseer conocimientos bíblicos y continuar sin responder.

Puedes escuchar predicaciones durante años y seguir posponiendo el arrepentimiento.

Puedes reconocer que Jesucristo es el Salvador y todavía resistirte a rendirle tu vida.

La advertencia a Lot fue urgente porque el tiempo para salir de Sodoma tenía un límite. Nuestra vida también tiene un límite que desconocemos.

Segunda de Corintios 6:2 declara:

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”.

Aplicación: no necesitas esperar a que tu vida se destruya para reconocer que necesitas a Dios. La Palabra ya ha revelado la gravedad del pecado y también ha anunciado la misericordia disponible en Jesucristo.

2. Deja atrás aquello de lo cual Dios te está llamando a salir

La orden continuó:

“No mires tras ti, ni pares en toda esta llanura”.

No bastaba con reconocer que Sodoma estaba en peligro.

Había que salir.

Lot no podía recibir la advertencia de los ángeles, afirmar que estaba de acuerdo con ella y permanecer tranquilamente en la ciudad.

La advertencia demandaba respuesta.

Lot tuvo dificultades para desprenderse

Uno de los detalles más reveladores del relato está en Génesis 19:16:

“Y deteniéndose él…”

Lot se demoraba.

Había vivido en Sodoma. Allí estaban su casa, sus bienes, sus relaciones y buena parte de la vida que había construido.

La misericordia de Dios intervino:

“Los varones asieron de su mano… según la misericordia de Jehová para con él”.

Dios no presentó la destrucción de Lot como su deseo. Lo sacó de la ciudad y le advirtió que no regresara.

El pecador también puede acostumbrarse a aquello que lo está destruyendo. El pecado promete placer, seguridad, aceptación o satisfacción, mientras poco a poco esclaviza el corazón.

Jesús dijo:

“Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8:34).

El arrepentimiento comienza cuando dejamos de defender aquello que Dios nos llama a abandonar.

“No mires tras ti”

La esposa de Lot salió físicamente de Sodoma, pero Génesis 19:26 registra:

“Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”.

Siglos más tarde, Jesús pronunció una advertencia extremadamente breve:

“Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17:32).

Su historia recuerda el peligro de una salida que conserva el corazón vuelto hacia aquello que Dios ha mandado dejar.

Jesús retomó esta advertencia siglos después al decir: “Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17:32). Su historia sigue siendo una solemne advertencia acerca del peligro de salir exteriormente mientras el corazón continúa deseando aquello que Dios ha mandado dejar. Este tema se profundiza en la mujer de Lot.

Arrepentirse no consiste únicamente en sentir miedo por las consecuencias del pecado. Implica un cambio de mente y dirección delante de Dios.

No podemos decir:

“Quiero a Cristo, pero también quiero conservar el gobierno del pecado sobre mi vida”.

La gracia perdona al pecador, pero también lo llama a una nueva dirección.

Abandonar el pecado no significa abandonar a las personas que necesitan el evangelio

Salir de Sodoma no significa que el creyente deba aislarse de toda persona que todavía no conoce a Dios.

Jesús convivió con pecadores sin participar de sus pecados.

La iglesia ha sido enviada precisamente al mundo para anunciar el evangelio.

La separación cristiana no consiste en tratar con desprecio a quien vive lejos de Dios. Consiste en no permitir que el sistema de valores contrario a Dios determine nuestra conducta.

Pablo escribió:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2).

Podemos amar al perdido sin amar el pecado.

Podemos evangelizar a una sociedad sin imitar sus valores.

Podemos caminar entre personas que todavía no creen sin permitir que ellas definan nuestra fidelidad a Dios.

¿Qué estás intentando conservar?

Jesús preguntó:

“¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

Hay personas que conocen la verdad, pero temen lo que perderán si se rinden completamente al Señor.

Una relación.

Una costumbre.

Una posición.

Una forma de vivir.

La aprobación de determinadas personas.

Pero nada que tengamos que abandonar por obediencia a Dios vale más que nuestra alma.

Aplicación: examina si existe algo a lo que sigues mirando con deseo aun sabiendo que te aleja de Dios. La misericordia que te llama a salir también te da una oportunidad para comenzar una vida nueva.

3. Escapa hacia la salvación que Dios ha provisto

Los ángeles dijeron:

“Escapa por tu vida”.

Lot tenía que moverse.

La advertencia no terminaba en saber que Sodoma sería destruida. Tenía que responder a la salida que Dios estaba colocando delante de él.

Este principio alcanza su máxima expresión en el evangelio. Dios no solamente nos revela que somos pecadores; nos muestra dónde está la salvación.

La respuesta no es simplemente:

“Corre”.

Es:

Ven a Jesucristo.

Jesucristo vino a salvar a los perdidos

Jesús declaró:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

Primera de Timoteo 1:15 añade:

“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”.

La salvación cristiana no descansa en nuestra capacidad para fabricar una salida.

Dios mismo actuó para salvarnos.

Jesucristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó. La cruz demuestra tanto la gravedad de nuestra condición como la profundidad de la gracia de Dios.

Romanos 5:8 dice:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Por eso el evangelio no dice únicamente:

“Sal de tu pecado”.

También proclama:

“Ven al Salvador”.

No corras hacia sustitutos religiosos

Una persona puede sentir temor por su condición espiritual y, aun así, buscar refugio en lugares equivocados.

Puede confiar en haber crecido dentro de una familia cristiana.

Puede apoyarse en su conocimiento bíblico.

Puede pensar que sus buenas obras compensarán sus pecados.

Puede pertenecer a una congregación sin haberse rendido verdaderamente al Señor.

Puede experimentar emociones religiosas sin obedecer el evangelio.

Jesucristo dijo:

“Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

Nuestra esperanza está en Él.

La religión sin transformación no salva.

Las buenas obras no compran el perdón.

La emoción por sí sola no produce nuevo nacimiento.

Necesitamos a Jesucristo.

La gracia de Dios llama a una respuesta

Cuando Pedro predicó a Jesucristo crucificado y resucitado en Pentecostés, los oyentes fueron compungidos de corazón y preguntaron:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37).

La respuesta fue:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

El evangelio no presenta el arrepentimiento, el bautismo en el nombre de Jesucristo y la recepción del Espíritu Santo como méritos mediante los cuales compramos la salvación. Dios es quien salva por gracia; la fe responde obedientemente a aquello que Él ha mandado.

El arrepentimiento vuelve el corazón hacia Dios.

El bautismo en el nombre de Jesucristo nos identifica con el nombre salvador y responde al mandato apostólico.

El Espíritu Santo es la promesa de Dios que da vida y poder al creyente.

El evangelio de Jesucristo anuncia una salvación completa, centrada en la muerte y resurrección del Señor y en la respuesta que la Palabra demanda.

No pospongas la respuesta

Segunda de Corintios 6:2 afirma:

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”.

No conocemos el día de nuestra muerte.

Tampoco sabemos cuántas oportunidades tendremos para escuchar claramente el llamado de Dios.

Pero sí sabemos cuándo podemos responder:

hoy.

El problema de aplazar continuamente la obediencia es que cada “mañana” puede convertirse en otro día de resistencia.

No digas:

“Cuando sea mayor”.

“Cuando arregle primero mi vida”.

“Cuando tenga menos problemas”.

“Cuando termine de disfrutar esta etapa”.

“Cuando me sienta preparado”.

Nadie se prepara para la gracia haciéndose suficientemente digno.

Ven a Cristo porque lo necesitas.

Escapa por tu vida no significa huir físicamente del mundo

Jesús no llamó a su iglesia a esconderse de la humanidad, sino a ser luz en medio de ella.

En Juan 17:15 oró:

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

La aplicación de Génesis 19 no consiste en abandonar ciudades, familias, empleos o sociedades como si la geografía produjera santidad. El creyente sigue viviendo en este mundo, trabajando, sirviendo, formando familia y anunciando el evangelio.

Lo que debe abandonar es el dominio del pecado.

Primera de Juan 2:15 declara:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”.

En ese contexto, “mundo” describe un sistema de deseos y orgullo contrario a Dios, no a las personas por quienes Cristo murió.

Por eso escapar espiritualmente significa romper con el señorío del pecado y volvernos hacia Jesucristo.

La iglesia no huye de los perdidos.

Va hacia ellos con el evangelio.

La iglesia no ha sido llamada a esconderse de quienes todavía no conocen al Señor, sino a llevarles el mensaje de salvación. El evangelismo y las misiones nacen precisamente del mandato de anunciar a Jesucristo, mientras que una verdadera vida cristiana debe reflejar esa preocupación por alcanzar a otros con la verdad y el amor del evangelio.

La misericordia de Dios aparece antes de la destrucción de Sodoma

Uno de los aspectos más hermosos de Génesis 19 es que la misericordia de Dios no aparece después de que Lot hubiera demostrado una obediencia perfecta.

Aparece mientras se demoraba.

“Deteniéndose él, los varones asieron de su mano… según la misericordia de Jehová para con él” (Génesis 19:16).

Lot necesitaba salir, pero su salida comenzó con la misericordia de Dios.

Esto también ilumina el evangelio.

Dios no nos salva porque primero logremos transformarnos mediante nuestra propia fuerza.

Su gracia nos alcanza siendo pecadores.

Tito 3:5 declara:

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”.

Sin embargo, aquella misericordia no fue permiso para que Lot regresara a Sodoma.

Lo sacó de allí.

De la misma forma, la gracia no es autorización para continuar deliberadamente bajo el dominio del pecado. Tito 2:11-12 enseña que la gracia que trae salvación también nos enseña a renunciar a la impiedad y a vivir sobria, justa y piadosamente.

La misericordia nos alcanza donde estamos, pero no nos abandona allí.

Aplicación evangelística: ¿de qué necesitas escapar y hacia quién debes correr?

Tal vez conoces mucho acerca de Dios.

Quizá has escuchado predicaciones durante años.

Tal vez sabes explicar el evangelio, pero sigues resistiendo su llamado.

La pregunta de este mensaje no es únicamente:

“¿De qué debo escapar?”

También es:

“¿Hacia quién voy a correr?”

El cristianismo no consiste en abandonar una lista de pecados para quedar espiritualmente vacío. Dejamos el pecado para pertenecer a Jesucristo.

No corras solamente por miedo al juicio.

Corre hacia el Salvador que murió por ti.

No abandones únicamente hábitos dañinos.

Entrégale tu vida al Señor.

No te conformes con sentir remordimiento.

Arrepiéntete.

No te quedes únicamente con una profesión verbal de fe.

Obedece el evangelio.

No mires hacia atrás deseando regresar al dominio del pecado.

Comienza a caminar con Cristo.

Si deseas preparar otros mensajes con un llamado claro a la salvación, puedes continuar en Bosquejos para predicar, donde se reúnen estructuras bíblicas para diferentes pasajes y necesidades ministeriales.

Conclusión: hoy sigue siendo el día de salvación

La orden dada a Lot fue sencilla:

“Escapa por tu vida”.

Primero debía reconocer el peligro:

“No sea que perezcas”.

Después debía dejar atrás aquello que Dios había condenado:

“No mires tras ti”.

Finalmente debía responder con urgencia:

“Escapa”.

El evangelio también nos coloca ante una decisión.

El pecado es real.

El juicio es real.

Pero la misericordia de Dios también es real.

Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos esperanza de vida.

Por eso no tienes que permanecer bajo la condenación del pecado.

Puedes arrepentirte.

Puedes acudir a Jesucristo.

Puedes obedecer el evangelio.

Puedes recibir la promesa del Espíritu Santo.

Y puedes comenzar una vida nueva siguiendo al Señor.

Lot no fue salvado porque Sodoma resultara menos peligrosa de lo que parecía. Fue sacado porque Dios tuvo misericordia de él.

Nuestra esperanza tampoco consiste en convencernos de que el pecado no importa o que el juicio nunca llegará.

Nuestra esperanza está en Jesucristo.

Escapa por tu vida. No hacia una montaña simbólica, una ceremonia o un esfuerzo humano, sino hacia el Salvador que hoy te llama por medio del evangelio.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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