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Jesús es nuestra paz: bosquejo para predicar

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Texto base: Efesios 2:14

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”.

Tema: Jesucristo es nuestra paz.

Propósito: mostrar que la paz que encontramos en Cristo nace de su obra reconciliadora, sostiene al creyente en medio de la aflicción y transforma nuestras relaciones con los demás.

Idea central: Jesús no solamente habla de paz: Él mismo es nuestra paz, porque por medio de su obra nos acerca a Dios, derriba la enemistad y forma un pueblo reconciliado.

Introducción: “Él es nuestra paz”

Cuando Pablo escribió “él es nuestra paz”, no estaba hablando primero de una sensación de tranquilidad interior. Efesios 2 describe una situación mucho más profunda. Los gentiles habían estado alejados de las promesas dadas a Israel, “sin esperanza y sin Dios en el mundo”, pero ahora habían sido acercados por la sangre de Cristo (Efesios 2:12-13).

Entonces Pablo declara:

“Porque él es nuestra paz”.

Cristo había hecho de judíos y gentiles un solo pueblo, derribando la enemistad que los separaba. Y en el versículo 16 añade que su obra tenía el propósito de:

“reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, mediante la cruz”.

Por eso la paz de Cristo tiene una profundidad que va mucho más allá de sentir calma. Jesús trae reconciliación con Dios y produce una nueva relación entre aquellos que antes estaban separados.

Este mensaje pertenece a nuestra colección de bosquejos cortos para predicar y desarrolla tres dimensiones de esta verdad: Cristo nos reconcilia con Dios, sostiene nuestro corazón y nos enseña a vivir reconciliados.

1. Jesús es nuestra paz porque por medio de Él somos reconciliados con Dios

Efesios 2:13 declara:

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”.

El pecado coloca al ser humano en una condición que no puede resolver mediante buenas intenciones o méritos personales. Necesitamos reconciliación.

Más adelante Pablo declara:

“Y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo” (Efesios 2:16).

La paz con Dios descansa en la obra de Jesucristo. Pablo expresa la misma verdad en 2 Corintios 5:19:

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”.

Dios mismo actuó en Cristo para efectuar nuestra reconciliación. Por eso la paz cristiana no comienza simplemente intentando sentirnos mejor con nosotros mismos. Comienza cuando somos confrontados por el evangelio y respondemos al Señor con fe y obediencia.

La culpa humana necesita algo más profundo que tranquilidad

Podemos distraer la mente durante un tiempo, llenar la agenda o intentar convencernos de que todo está bien. Pero nada de eso sustituye la reconciliación con Dios.

Romanos 5:1 declara:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Esta paz no significa que nunca volveremos a enfrentar luchas internas. Significa que nuestra relación con Dios ya no depende de nuestros méritos, sino de la obra salvadora que Él realizó en Jesucristo.

El creyente puede acercarse al Señor no porque haya conseguido corregir perfectamente su pasado, sino porque en Cristo existe perdón, gracia y reconciliación.

Aplicación: si tu conciencia te acusa por pecados que necesitas confesar y abandonar, no busques solamente sentir alivio. Acércate a Dios con arrepentimiento y fe, confiando en la gracia que Él ha manifestado en Jesucristo.

2. La paz de Cristo sostiene el corazón aun cuando las circunstancias son difíciles

La paz que nace de la reconciliación con Dios también alcanza nuestra vida cotidiana. Jesús dijo a sus discípulos:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

Estas palabras fueron pronunciadas mientras Jesús preparaba a sus discípulos para momentos difíciles. Su paz no era la promesa de una vida sin oposición, dolor o incertidumbre.

Más adelante les dijo:

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

La paz de Cristo puede permanecer incluso cuando todavía existen razones humanas para sentirse preocupado.

La paz bíblica no depende de que todos los problemas desaparezcan

A veces pensamos que tendremos paz cuando termine el problema, cuando mejore la situación económica, cuando se resuelva el conflicto o cuando recibamos determinada respuesta. Pero si nuestra paz depende completamente de que las circunstancias sean favorables, siempre será frágil.

Filipenses 4:6-7 dirige al creyente a llevar sus peticiones delante de Dios mediante oración y ruego con acción de gracias. Después afirma:

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

La enseñanza de Mi paz os dejo, mi paz os doy profundiza precisamente en la promesa de Juan 14:27 y en la diferencia entre la paz de Cristo y una tranquilidad que depende únicamente de las circunstancias.

La paz espiritual no significa que un creyente jamás experimente preocupación, tristeza o cansancio. Significa que esas realidades no tienen que convertirse en el fundamento último de su esperanza.

Aplicación: cuando tu mente esté cargada, lleva tus preocupaciones a Dios en oración. Recuerda aquello que Cristo ha hecho, aquello que ha prometido y quién permanece contigo. Quizá la situación no cambie inmediatamente, pero puedes atravesarla descansando en la fidelidad del Señor.

3. Jesús es nuestra paz porque derriba la enemistad

Aquí regresamos directamente al énfasis de Efesios 2:14.

Pablo declara que Cristo:

“de ambos pueblos hizo uno”.

Los dos grupos son judíos y gentiles. Existían profundas diferencias religiosas, sociales y culturales, pero la obra de Cristo creó una nueva realidad.

Efesios 2:15 habla de:

“crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”.

Y el versículo 18 añade:

“porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre”.

La paz de Cristo no es solamente individual. El evangelio forma un pueblo.

Quien ha recibido reconciliación también es llamado a procurar la paz

No podemos proclamar que Cristo derriba enemistades mientras cultivamos voluntariamente resentimiento, desprecio y división.

Esto no significa que todo desacuerdo desaparecerá ni que la paz consista en ignorar el pecado. La verdad y la reconciliación no son contrarias. Hay ocasiones en que será necesario hablar con claridad, corregir algo, establecer límites o reconocer que recuperar la confianza requiere tiempo.

Pero el creyente no debe alimentar deliberadamente el odio.

Jesús declaró:

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Ser pacificador no significa evitar todos los conflictos. Significa procurar relaciones gobernadas por la verdad, el amor, el perdón y la justicia en lugar de contribuir innecesariamente a la enemistad.

Cuando una relación ha sido dañada, los principios de Pasos para la reconciliación ayudan a distinguir entre perdonar, reconocer responsabilidades, reparar el daño y reconstruir una relación con sabiduría.

Aplicación: examina si existe alguna relación donde estés alimentando resentimiento. Puede haber situaciones complejas que no dependan únicamente de ti, pero Romanos 12:18 sigue estableciendo un principio: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”.

Cómo vivir recordando que Jesús es nuestra paz

La declaración de Efesios 2:14 puede acompañarnos en distintas áreas de la vida. Cuando recordamos la cruz, entendemos que nuestra relación con Dios descansa en la obra de Cristo. Cuando atravesamos incertidumbre, podemos llevar nuestras cargas al Señor. Y cuando surgen conflictos, la misma gracia que hemos recibido nos llama a actuar con verdad, misericordia y disposición hacia la paz.

Esto convierte la paz cristiana en algo mucho más profundo que una emoción pasajera. Afecta nuestra relación con Dios, nuestra manera de enfrentar las dificultades y la forma en que tratamos a otras personas.

Para preparar mensajes de mayor desarrollo sobre reconciliación, esperanza, relaciones y vida cristiana, también puedes explorar nuestros sermones escritos listos para predicar.

Conclusión: Cristo mismo es nuestra paz

Pablo no dijo solamente que Jesús conoce el camino hacia la paz.

Dijo:

“Él es nuestra paz”.

En Cristo, los que estaban lejos son acercados.

Por medio de la cruz, hay reconciliación con Dios.

En Él, aquellos que estaban separados pueden formar un solo pueblo.

Y mediante su presencia y sus promesas, el creyente puede encontrar paz aun cuando las circunstancias todavía no estén completamente resueltas.

Por eso nuestra primera necesidad no es construir una vida donde nunca existan problemas. Necesitamos permanecer en Jesucristo.

Si existe culpa, busca reconciliación con Dios.

Si existe preocupación, lleva tu carga delante del Señor.

Si existe enemistad, permite que la gracia recibida transforme también tu manera de relacionarte con otros.

Jesús es nuestra paz. No solamente porque nos hace sentir mejor, sino porque su obra en la cruz cambió nuestra relación con Dios y abrió el camino para una vida reconciliada.

Puedes continuar con otros mensajes breves dentro de Bosquejos para predicar.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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