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Jesús: ¿Un dios O Dios? (Juan 1:1 Explicación)

Un análisis unicitario del Logos eterno

Pocas declaraciones bíblicas han sido tan debatidas, reinterpretadas y hasta alteradas como Juan 1:1. Para muchos, este versículo es la “puerta de entrada” hacia la doctrina que sostienen. Para otros, es el fundamento de su fe en Jesucristo como Dios manifestado en carne. ¿Pero qué quiso decir realmente Juan? ¿Presenta el texto a Jesús como un “dios menor”? ¿O revela su plena y absoluta divinidad?

Este estudio analiza el texto griego, el contexto histórico, la teología bíblica y los errores interpretativos más comunes, especialmente los promovidos por los Testigos de Jehová y por el pensamiento trinitario tradicional.

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1. ¿Por qué Juan 1:1 es un campo de batalla doctrinal?

Juan inicia su evangelio no desde Belén, no desde el Jordán ni desde el ministerio de Jesús, sino desde la eternidad. Su intención es clara: presentar la identidad del Logos antes de su manifestación en carne. Y es precisamente esta intención la que ambas posturas —trinitaria y arriana (como la de los Testigos de Jehová)— intentan alterar para acomodarla a sus sistemas teológicos.

La Traducción del Nuevo Mundo dice:

“…y la Palabra era un dios.”

Mientras que la mayoría de traducciones dice:

“…y la Palabra era Dios.”

La diferencia no es menor. Una convierte al Logos en un ser creado, subordinado y menor. La otra lo afirma como eterno, divino y absoluto. Por eso, Juan 1:1 es un texto decisivo: define quién es Jesús.

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2. Exégesis honesta del texto griego

Para comprender Juan 1:1 sin prejuicios doctrinales, es necesario mirar el texto tal como Juan lo escribió. No desde el trinitarismo, ni desde los Testigos de Jehová, sino desde la gramática real del griego koiné y desde la cosmovisión judía monoteísta del primer siglo.

Juan 1:1 aparece así en el griego original:

  • en archê en ho logos — “En el principio era el Logos”
  • kai ho logos en pros ton theon — “y el Logos estaba hacia / perteneciente a Dios”
  • kai theos en ho logos — “y Dios era el Logos”

Cada una de estas frases contiene declaraciones explosivas que destruyen totalmente la idea de un Jesús:

  • subordinado
  • creado
  • semidivino
  • o “un dios menor” al estilo de la Traducción del Nuevo Mundo (TNM).

Una exégesis fiel demuestra que Juan jamás insinuó la existencia de dos dioses, ni una “segunda persona divina”, ni mucho menos un ser “cercano a Dios pero no plenamente Dios”. Juan habla como un judío, formado en el Shemá (Deuteronomio 6:4), y escribe para judíos y griegos monoteístas.

La estructura del verso: clave para evitar errores doctrinales

Juan 1:1 contiene tres proposiciones paralelas que deben leerse juntas. Separarlas, como hacen con frecuencia la teología trinitaria y los Testigos de Jehová, produce errores graves:

  1. “En el principio era el Logos”
    → Afirmación sobre la eternidad del Logos.
  2. “El Logos estaba pros ton theon”
    → Afirmación sobre la relación del Logos con Dios.
  3. “Dios era el Logos”
    → Afirmación sobre la naturaleza divina del Logos.

Si quitamos una de estas tres columnas, toda la estructura se cae. Pero cuando se analizan juntas, resulta evidente que Juan describe al único Dios eterno manifestándose mediante su Palabra.

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3. “En el principio era el Logos”: eternidad, no inicio

Aquí se encuentra una de las claves más poderosas del pasaje. Juan no escribe al azar: cada palabra está cargada de intención teológica.

El texto NO dice:

  • “Desde el principio comenzó el Logos”
  • “En el principio el Logos fue creado”
  • “El Logos llegó a existir”
  • “El Logos vino a ser”
  • “El Logos apareció”

El texto griego utiliza el verbo en (una forma del verbo eimi), que es imperfecto. Esto significa:

  • acción continua
  • existencia permanente
  • estado prolongado sin punto de origen

Es decir:

Juan está afirmando que, cuando el principio comenzó, el Logos ya existía desde antes.

No “surgió”, no “apareció”, no “fue engendrado en ese momento”. Simplemente ya era. Esto solo se puede afirmar de Dios, porque:

  • Él es eterno (Salmo 90:2)
  • Él es el primero (Isaías 44:6)
  • Él no tiene principio (Isaías 43:10)
  • Él es autoexistente (Éxodo 3:14)

Juan, un judío monoteísta, está aplicando estas características divinas al Logos.

¿Qué descartaba esta afirmación para los primeros lectores?

Un lector judío del primer siglo habría llegado automáticamente a estas conclusiones:

  1. Si el Logos ya era antes del principio, no es un ser creado.
  2. Si el Logos ya era, es eterno.
  3. Si es eterno, es Dios, porque solo Dios existía antes de todo.

Por eso, cuando los Testigos de Jehová traducen:

“la Palabra era un dios

están en realidad contradiciendo la implicación más fuerte del texto: El Logos comparte la eternidad de Dios, y por tanto, su naturaleza divina.

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4. El Logos: la Palabra que revela al Dios invisible

Para un lector judío, el término Logos no sugería jamás:

  • una persona divina separada,
  • un dios subordinado,
  • un ser intermedio,
  • o un ángel superior.

La palabra Logos cargaba un enorme peso teológico. Representaba a Dios mismo actuando, revelándose e interviniendo en la historia.

¿Qué significaba el Logos para un judío?

  1. La expresión de Dios
    Como la palabra humana expresa el pensamiento, el Logos expresa a Dios mismo.
  2. La voz de Dios
    En el Antiguo Testamento, la dabar (palabra) de Dios:
    • creó (Génesis 1)
    • juzgó
    • salvó
    • habló a los profetas
    Los judíos jamás pensaban en la dabar como una persona distinta de Dios, sino como Dios en acción.
  3. El pensamiento de Dios en acción
    En la mentalidad hebrea, “la palabra” es la voluntad, el plan y la manifestación de la mente de Dios.
  4. La manifestación del Dios invisible
    Dios no puede ser visto en su esencia (Éxodo 33:20), pero se expresa mediante su Palabra.

Por eso, cuando Juan escribe Logos, un lector judío entiende que se refiere a: Dios manifestándose, Dios revelándose, Dios expresándose. No a un ser aparte.

Juan une esta idea hebrea con una revelación cristológica profunda

Cuando Juan dice: “El Logos se hizo carne” (Juan 1:14), no está diciendo:

  • que “un dios menor” se encarnó,
  • que “una segunda persona” tomó forma humana,
  • ni que “el hijo eterno” descendió desde el cielo.

Está afirmando algo mucho más poderoso: El único Dios invisible se manifestó en carne mediante su Palabra. Es la misma idea que Pablo expresa:

  • “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16)
  • “En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9)

Cristo no es un ser cercano a Dios: es Dios hablándonos a través de su propia carne. Así lo entendieron los apóstoles. Así lo entendió la iglesia primitiva unicitario-apostólica. Y así lo enseñan las Escrituras, sin necesidad de filosofías griegas o distinciones artificiales dentro de la Deidad.

5. “El Logos estaba con Dios”: ¿dos personas o una relación interna?

Esta frase —kai ho Logos en pros ton Theon— ha sido usada como uno de los principales pilares del argumento trinitario. Sin embargo, al examinarla con rigor lingüístico y dentro del marco del monoteísmo bíblico, descubrimos que Juan no está describiendo dos personas divinas coexistiendo, sino la relación interna entre Dios y su propia Palabra.

El problema: asumir que “con” implica dos seres separados

Nuestra interpretación moderna del español nos traiciona. Cuando escuchamos “con”, imaginamos inmediatamente:

  • dos individuos,
  • dos centros de conciencia,
  • dos entidades independientes.

Pero esa es una carga teológica ajena al pensamiento judío del primer siglo y al griego koiné.

El verdadero significado de pros

La palabra pros, aunque puede traducirse “con”, posee un rango semántico mucho más amplio y profundo. Sus usos frecuentes incluyen:

  • “hacia” (direccionalidad)
  • “perteneciente a” (propiedad)
  • “relacionado con” (conexión interna)
  • “referente a” (contexto o referencia)

A la luz de esto, pros ton Theon puede entenderse perfectamente como:

“El Logos estaba en referencia a Dios”
“El Logos pertenecía a Dios”
“El Logos era la expresión propia de Dios”

Es decir, Juan no habla de dos, sino de uno mismo expresándose.

La clave judía: Dios revelándose, no dividiéndose

En el pensamiento hebreo —que es el pensamiento de Juan— el uso de conceptos como “sabiduría”, “palabra”, o “espíritu” no señalaban seres distintos, sino acciones y expresiones del Dios único. Por eso, afirmar que Juan enseñaba dos personas eternas sería acusarlo de:

  • abandonar el monoteísmo hebreo,
  • introducir una doctrina griega ajena,
  • y presentar una especie de bipolaridad divina inexistente en toda la Escritura.

Juan no está desdoblando a Dios; está explicando cómo el Dios único se da a conocer.

6. ¿Juan negaba el monoteísmo judío? Imposible.

Para entender Juan 1:1, debemos entender quién era Juan.

  • No era filósofo.
  • No era helenista.
  • No era simpatizante de ideas griegas sobre “segundas deidades”.
  • Era un judío monoteísta, criado y discipulado bajo la Shemá: “Jehová uno es.”

Juan no podía —ni quería— contradecir la base absoluta de su fe

Si Juan hubiese insinuado siquiera la existencia de dos seres divinos eternos, habría violado los textos más sagrados de Israel:

  • Deuteronomio 6:4 – Jehová UNO es.
  • Isaías 43:10 – “Antes de Mí no fue formado dios, ni lo será después de Mí.”
  • Isaías 44:6 – “Fuera de Mí no hay Dios.”
  • Isaías 45:5–6 – “No hay más Dios que Yo.”
  • Isaías 46:9 – “Yo soy Dios, y no hay otro Dios.”

Juan conocía estos textos de memoria. Él y los demás discípulos vivieron y murieron confesando su verdad. Por lo tanto, la idea de que Juan estaría enseñando “dos personas divinas hablando entre sí desde la eternidad” es imposible por cuatro razones:

  1. Contradice la identidad judía del autor.
  2. Contradice el Antiguo Testamento, que Juan jamás rechazó.
  3. Introduce politeísmo encubierto en un texto judío.
  4. Rompe la continuidad de la revelación progresiva de Dios como Uno.

La lectura correcta

Juan está diciendo:

La expresión de Dios (el Logos) pertenece al único Dios, es parte del único Dios y revela al único Dios.

No es otro ser, no es otro dios, no es una “segunda persona”. Es Dios mismo manifestándose mediante su Palabra.

7. Testigos de Jehová: error gramatical y teológico

La Traducción del Nuevo Mundo (TNM) ofrece la lectura:

“…y la Palabra era un dios.”

Esta frase es el corazón doctrinal del arrianismo moderno. Pero esta traducción —además de teológicamente problemática— es gramaticalmente indefendible.

¿Por qué los Testigos de Jehová traducen “un dios”?

Porque en griego, theos aparece sin artículo (anárthros). Pero en griego koiné, la ausencia del artículo:

  • no indica indefinición,
  • no convierte un sustantivo en “un algo”,
  • y mucho menos crea categorías como “dios menor”.

El principio gramatical clave: predicado nominativo preverbal

Cuando un sustantivo:

  • funciona como predicado nominativo,
  • aparece antes del verbo (“era”),
  • y describe naturaleza, no identidad,

el griego no usa artículo de manera intencional. Esto es exactamente lo que pasa en Juan 1:1c.

Ejemplos del mismo tipo que nadie traduce como “un”

Juan 4:24 (griego):

“pneuma ho theos”
Literal: “espíritu (es) Dios”

“Dios es espíritu”
No: “Dios es un espíritu”.

1 Juan 4:8:

“ho theos agapê estin”

“Dios es amor”
No: “Dios es un amor”.

Si aplicáramos la lógica de los Testigos de Jehová, tendríamos:

“Dios es un espíritu”
“Dios es un amor”

Una traducción absurda, imposible y contraria al idioma griego.

Por qué su traducción no la apoya ningún experto serio

  • Va contra las reglas estándar del griego koiné.
  • Ignora la gramática del predicado nominativo.
  • Destruye la estructura literaria de Juan.
  • Contradice el monoteísmo bíblico.
  • Solo existe en su traducción sectaria; ningún académico la respalda.

El consenso unánime de los eruditos es que el texto declara:

“y la Palabra era Dios” (esencia, naturaleza, identidad divina)

No un dios menor. No una criatura exaltada. Ni una deidad secundaria.

8. Si Juan hubiese querido decir “un dios”, lo habría escrito

Este punto es devastador para la postura arriana y para la traducción de los Testigos de Jehová. El griego koiné tenía recursos lingüísticos suficientes para expresar la idea de “un dios” o “un ser divino menor”. Pero Juan NO usa ninguno de ellos.

El griego sí puede indicar indefinición

Cuando un escritor quiere expresar:

  • “alguien”
  • “algo”
  • “uno”
  • “un cierto…”

existe un artículo indefinido natural: tis (τίς), y sus variantes (tinos, etc.). Si Juan hubiese querido decir:

“la Palabra era un dios menor”

habría escrito, sin ninguna dificultad:

  • kai ho logos en tis theos
    (“y la Palabra era un dios”)

O habría usado términos comunes entre los autores helenistas como:

  • theios (θεῖος) = “divino”, “de naturaleza divina”, pero sin ser plenamente Dios.

Pero Juan no emplea ni “tis” ni “theios”. ¿Por qué? Porque no quiere decir “un dios”, ni “algo divino”, ni “ser semejante a Dios”, sino simplemente: Dios.

Lo que Juan realmente escribe es exacto y contundente

kai theos en ho logos
“Y Dios era el Logos”

Aquí:

  • theos aparece sin artículo porque funciona como predicado nominativo,
  • y está antes del verbo,
  • indicando naturaleza, esencia, no indefinición.

Esto es una construcción intencional, elegante y teológicamente cargada. Juan está diciendo:

El Logos posee la naturaleza del único Dios.

Nada menos. Nada ambiguo y nada subordinado.

9. Inconsistencias de la Traducción del Nuevo Mundo

La TNM dedica un esfuerzo inmenso a sostener la traducción errónea:

“y la Palabra era un dios”

argumentando que la ausencia del artículo definido convierte theos en “indefinido”. Pero si fueran coherentes con su propia “regla”, tendrían que traducir muchos otros textos de Juan de manera igualmente absurda.

Juan 1:6

Griego:

“apestalmenos para theou”

La TNM debería traducir:

“Hubo un hombre enviado de un Dios.”

Pero NO lo hace. ¿Por qué? Porque incluso ellos reconocen que esa traducción es ridícula.

Juan 1:12

Griego:

“…tekna theou genesthai”

Lógicamente, según su “regla”, esto diría:

“…hijos de un Dios.”

Pero tampoco se atreven, porque derrumbaría su supuesta “coherencia gramatical” y expondría su manipulación doctrinal.

Conclusión inevitable

La TNM:

  • aplica una regla artificial en Juan 1:1,
  • la ignora en otros versículos del mismo capítulo,
  • y solo la usa cuando le conviene para justificar su teología arriana.

Esto demuestra que:

La TNM no traduce el griego, sino su propia doctrina.

Un trabajo honesto jamás sería tan inconsistente.

10. “Y Dios era la Palabra”: la declaración que destruye todo arrianismo

Juan no se anda con rodeos. Su afirmación final en Juan 1:1 es la más explosiva, la más directa y la más incompatible con cualquier doctrina que reduzca a Cristo a un ser creado.

Juan NO dice:

  • “la Palabra era divina” (theios)
  • “la Palabra era un ser superior”
  • “la Palabra era un dios menor”
  • “la Palabra tenía algo de Dios”

Dice con precisión quirúrgica:

“La Palabra era Dios.”

¿Qué implica esta frase?

  1. Identidad divina absoluta
    El Logos posee la misma esencia del Dios único.
  2. Unidad, no dualidad
    El Logos no es un dios junto a Dios, sino Dios mismo manifestándose.
  3. Eternidad compartida
    El Logos no tiene punto de origen. Era, es y será eternamente.
  4. No procede como criatura
    No fue creado, formado ni derivado. Es Dios expresándose.
  5. Cristo no es “hijo creado”: es la Palabra eterna hecha carne
    Juan 1:14 conecta todo el argumento: el Dios eterno se manifestó humanamente.

Esto aplasta por completo el arrianismo antiguo, el arrianismo moderno (Testigos de Jehová) y cualquier intento de ver a Jesús como una segunda deidad inferior.

11. El contexto confirma la divinidad absoluta del Logos

Juan 1:1 no se interpreta aislado; Juan mismo proporciona las pruebas inmediatas en los versículos siguientes.

Juan 1:3 — El Logos creó todas las cosas

“Todas las cosas por él fueron hechas…”

La TNM añade “todas las demás cosas” para excluir al Logos del grupo de las cosas creadas. Pero la palabra “demás”:

  • NO está en el texto griego,
  • NO aparece implícita,
  • NO es necesaria,
  • y es una manipulación consciente.

El texto dice, de manera total y absoluta:

El Logos creó todo lo que existe.

Si todo fue creado por Él, entonces:

  • Él no es parte de lo creado.
  • No pudo crearse a sí mismo (imposible).
  • Por lo tanto, es eterno.

Esta es una de las afirmaciones más poderosas de la divinidad de Cristo en todo el Nuevo Testamento.

Juan 1:4 — “En Él estaba la vida”

No dice:

  • “se le dio la vida”
  • “recibió vida”
  • “fue vivificado”

Dice:

“En Él estaba la vida”

De manera intrínseca, autónoma, esencial. Solo Dios posee la vida en sí mismo (cf. Juan 5:26).
Por lo tanto, el Logos:

es la fuente original de la vida – algo imposible para cualquier criatura.

Conclusión del contexto

Juan no presenta un “ser divino subordinado”. Presenta:

  • al Creador eterno,
  • a la Vida absoluta,
  • a la Luz verdadera,
  • a Dios mismo expresándose en forma personal,

quien luego se hace carne (Juan 1:14).

12. Juan 1:18: “El unigénito Dios”

Juan 1:18 es uno de los textos más fuertes sobre la divinidad de Cristo, pero también uno de los más suavizados o modificados por muchas traducciones. El texto griego más antiguo y mejor atestiguado dice:

μονογενὴς θεός
monogenēs theos
“El unigénito Dios…”

Esta lectura, preservada por manuscritos como P66 y P75, revela que el apóstol Juan quiso afirmar explícitamente dos verdades:

1. El Logos es “unigénito”, pero no creado

El término monogenēs no significa “único creado”, sino “único en su clase”, “único en su manifestación”, “único en su tipo”. Se usa para Isaac (Hebreos 11:17), aunque Isaac no era el único hijo de Abraham. Su “unicidad” no era biológica, sino de promesa y propósito.

Por lo tanto:

  • “Unigénito Dios” significa Dios manifestado de manera única.
  • Dios revelándose de un modo singular, incomparable e irrepetible.
  • No implica creación, inicio, origen ni inferioridad.

2. “Que está en el seno del Padre” — lenguaje de intimidad, no de dos personas

La expresión “en el seno del Padre” no describe dos seres divinos sentados uno al lado del otro desde la eternidad. Es una expresión hebrea que comunica:

  • intimidad,
  • cercanía,
  • unidad,
  • procedencia revelatoria,
  • relación interna entre Dios y su propia manifestación.

El “unigénito Dios” es Dios entrando en relación con la humanidad, no otro Dios junto al Padre.

3. Juan resume todo su prólogo con una declaración arrasadora

El único Dios, revelado de manera única, nos ha dado a conocer al Padre.

Es decir:

  • No hay dos Dioses.
  • No hay dos personas divinas dialogando en la eternidad.
  • Hay un solo Dios que se revela a través de su Logos, su Palabra, su manifestación.

El unigénito Dios es Jesucristo revelando al Padre, no un dios menor distinto del Padre.

13. El Logos se hace carne: la culminación de la revelación

Juan 1:14 constituye uno de los versículos más trascendentales de toda la Escritura. No es simplemente una frase poética o simbólica: es la declaración central del cristianismo apostólico.

“Y el Logos se hizo carne…”

Estas palabras son tan potentes que desmantelan de inmediato toda visión que reduzca a Cristo a:

  • un ángel elevado,
  • un ser semidivino,
  • un dios secundario,
  • o la “segunda persona” de una divinidad compuesta.

Juan no dice:

“El Logos entró en un hombre.”
“Ni el Logos habitó dentro de un cuerpo humano ajeno.”
“El Logos tomó apariencia humana.”

Todas esas opciones serían compatibles con una doctrina de dos seres distintos: uno divino y uno humano. Pero Juan utiliza el verbo ἐγένετο (egeneto): “llegó a ser, se convirtió, se hizo”.

Esto significa que el Logos —la Palabra eterna— llegó a ser verdaderamente humano, no por sustitución, sino por manifestación. No apareció como humano: se hizo humano. Esa es la esencia de la encarnación bíblica.

1. ¿Quién es el Logos que se hace carne?

Para entender la magnitud de la encarnación, Juan mismo responde:

  • El que era desde el principio —existencia eterna.
  • El que estaba en relación interna con Dios —no externo, sino propio de Dios.
  • El que era Dios en esencia —Juan no deja ningún espacio para interpretarlo como un dios menor.
  • El que creó todas las cosas —si creó todo, Él no es creación.
  • El que tiene vida en sí mismo —atributo exclusivo de Dios.

Es éste, no otro, quien “se hace carne”. La encarnación no convierte a alguien inferior en alguien superior, ni a alguien superior en alguien inferior. No hay cambio de naturaleza divina. Lo que cambia es la forma de manifestación. El eterno Dios, a través de su Logos, asume una plena naturaleza humana sin dejar de ser Dios.

2. No vino un ángel

En toda la Biblia, los ángeles:

  • son creados,
  • son enviados,
  • no poseen vida en sí mismos,
  • no son eternos en esencia,
  • no son omnipotentes ni omniscientes.

Pero el Logos:

  • es eterno,
  • es creador,
  • es fuente de vida,
  • es llamado “Dios”.

El ángel más glorioso no podría cumplir Juan 1:1–3 ni Juan 1:4. La encarnación no es un mensajero viniendo: es el Autor entrando a la escena.

3. No vino un “dios pequeño”

Juan utiliza theos, no theios (“divino”). Llama al Logos Dios en esencia, no simplemente “de naturaleza divina”. La categoría “dios menor” jamás existió en la mentalidad judía ni en la gramática de Juan.

Si Juan hubiera querido decir “divino”, habría usado theios.
Si hubiera querido decir “un dios”, habría usado tis theos.

Pero asegura:

“El Logos era Dios.”

No un dios, no un ser intermedio, no un dios secundario.

4. No vino una “segunda persona divina”

Juan no presenta dos centros de conciencia divinos. No hay dos seres dialogando en la eternidad.

En el prólogo no hay:

  • dos glorias,
  • dos voluntades divinas,
  • dos eternos con una relación interpersonal,
  • ni dos dioses coordinándose.

Juan presenta un solo Dios que se expresa mediante su Palabra. La relación “pros ton theon” no es de dos personas separadas, sino de expresión interna, como:

  • la palabra expresa el pensamiento,
  • la voz expresa la mente,
  • la luz expresa la fuente que la produce.

No son dos luces: es una luz expresándose.

5. La encarnación es Dios en plena manifestación humana

Juan continúa:

“y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre…”

La palabra “vimos” es escandalosa. El Antiguo Testamento afirma:

“A Dios nadie le vio jamás.”

Pero ahora Juan dice:

“Le vimos… vimos su gloria.”

¿Cómo es posible? Porque el Dios invisible ahora se revela mediante un cuerpo visible.
No dejó de ser Dios; simplemente se manifestó de un modo accesible.

Las equivalencias teológicas que Juan quiere que veas

  • El que habló desde la zarza ardiente en Éxodo 3,
    ahora habla desde un pesebre en Belén.
  • El que descendió con truenos y fuego sobre el Sinaí,
    ahora camina por los polvosos caminos de Galilea.
  • El que creó los cielos y las estrellas,
    ahora duerme en una barca cansado del viaje.
  • El que dijo “Yo soy el que soy”,
    ahora dice “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy la puerta”, “Yo soy el buen pastor”.

En Cristo no tenemos a alguien enviado por Dios, sino a Dios mismo acercándose al hombre. Esto es lo que Juan 1:14 afirma con fuerza:

La encarnación no es “otro Dios viniendo”.
Es el único Dios manifestándose humanamente.

14. Conclusión: ¿Jesús es “un dios” o es Dios?

Al llegar al final del prólogo de Juan (1:1–18), queda claro que Juan no está jugando con categorías ambiguas. Su intención no es abrir la puerta a la idea de “dos deidades”, ni a dos “personas divinas eternas”, ni a una especie de “jerarquía celestial” donde Jesucristo ocupa un nivel inferior o subordinado.

Cuando se deja que el texto hable en su propio lenguaje —sin añadir conceptos filosóficos posteriores— la conclusión aparece luminosa: Jesús no es “un dios” inferior.
Jesús es el único Dios eterno manifestado en carne.

Es la declaración más radical del cristianismo apostólico: el Dios del Antiguo Testamento se revela plenamente en Jesucristo. A continuación, profundizamos cada punto de evidencia:

1. El Logos no comenzó a existir: ya “era” antes del principio

Juan no dice: “En el principio comenzó el Logos” o “En el principio fue creado el Logos”. Dice: “En el principio era el Logos”. El verbo ēn (era) describe existencia continua, no un inicio. Juan está diciendo:

  • Antes de la creación… ya era.
  • Antes del tiempo… ya era.
  • Antes de que algo existiera… Él ya existía eternamente.

Esto solo puede afirmarse de Dios. No de un ángel, no de un ser intermedio, no de una persona subordinada dentro de una pluralidad divina.

2. El Logos no estaba separado de Dios: estaba “pros ton theon”

La expresión pros ton theon no implica “dos dioses frente a frente”. Pros indica orientación, intimidad, relación interna, algo así como:

  • “en plena comunión”,
  • “en relación íntima”,
  • “hacia Dios y de Dios”.

Juan no está describiendo dos seres independientes, sino la auto-expresión interna de Dios, su Palabra, su Verbo, su Revelación misma.

El Logos no es otro Dios junto al Padre. El Logos pertenece a Dios y sale de Dios como expresión de su propio ser.

3. El Logos no es un dios menor: Juan lo llama simplemente “Dios”

La frase “el Logos era Dios” (theos ēn ho logos) no incluye ningún artículo antes de theos porque Juan está resaltando la naturaleza, no una identidad separada.

En gramática griega:

  • Juan no dice “el Logos era el Dios” (identidad absoluta).
  • Juan no dice “el Logos era un dios” (naturaleza inferior).

Juan dice algo más preciso: “El Logos era de la misma naturaleza divina que Dios mismo.” No es un dios pequeño ni un ser exaltado: Es plenamente Dios.

4. El Logos creó todas las cosas

Juan 1:3 derrumba definitivamente cualquier intento de presentar al Logos como un ser creado: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Si fue hecho, no puede ser creador. Si está del lado de los creados, no puede crear.

Juan separa el universo en dos categorías:

  • Lo que fue creado
  • Lo que no fue creado

Y el Logos está claramente del lado de lo no creado. Esto solo es cierto de Dios mismo.

5. El Logos posee vida en sí mismo

Juan 1:4: “En él estaba la vida”. Esta afirmación es monumental.

La vida no le fue dada.
La vida no le fue concedida.
Y la vida no le fue prestada.

La vida estaba en Él como propiedad intrínseca. Y según la Biblia, solo Dios posee “vida en sí mismo” (Juan 5:26).

6. El Logos es llamado “el unigénito Dios”

Juan 1:18 en su lectura más antigua y sólida declara: “El unigénito Dios, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” Aquí no dice:

  • “el unigénito Hijo” (lectura tardía, suavizada)
  • “un dios”
  • “una manifestación menor”

Juan lo identifica como: El único Dios en expresión reveladora. “Unigénito” describe manera de revelarse, no “origen” ni “principio”. Es la forma única, incomparable e irrepetible en que Dios se da a conocer.

7. El Logos se hizo carne

El clímax absoluto: El Dios eterno se manifestó en forma humana.

No entró en un cuerpo ajeno.
No se fusionó con un humano preexistente.
Y No actuó como “persona número dos”.

El Logos —Dios mismo— se hizo carne, es decir: Dios tomó humanidad sin dejar de ser Dios. En Jesús vemos:

  • el carácter de Dios,
  • el poder de Dios,
  • la gloria de Dios,
  • la autoridad de Dios,
  • la vida de Dios,
  • y la revelación suprema de Dios.

Todo esto, en un rostro humano.

El mensaje total del prólogo de Juan

Juan 1:1–18 no enseña:

  • dos dioses
  • dos personas divinas
  • un dios creado
  • un dios subordinado
  • un intermediario celestial
  • un “hijo eterno” separado del Padre

Juan presenta algo mucho mayor y más glorioso: El único Dios verdadero revelándose en su Logos, y ese Logos manifestándose en carne como Jesús de Nazaret. Este es el corazón del monoteísmo bíblico. Esta es la esencia de la fe apostólica. Por eso Pablo resume todo lo que Juan desarrolla: “Dios fue manifestado en carne.” (1 Timoteo 3:16)

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