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Vivir para agradar a Cristo: bosquejo para predicar

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Texto base: 2 Corintios 5:9

“Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”.

Tema: Vivir con el propósito de agradar a Cristo.

Propósito: llamar al creyente a examinar las motivaciones de su vida y cultivar una conducta gobernada por la fe, la obediencia y el deseo de honrar al Señor.

Idea central: La vida cristiana encuentra una dirección clara cuando agradar a Cristo se convierte en nuestra prioridad, porque vivimos por fe y sabemos que nuestras decisiones tienen importancia delante del Señor.

Una vida orientada hacia Cristo

Hay muchas cosas que pueden terminar gobernando nuestras decisiones. Algunas personas viven buscando aprobación; otras son dirigidas principalmente por comodidad, éxito, miedo al rechazo o deseos personales. Incluso un creyente puede participar activamente en la iglesia y, al mismo tiempo, necesitar examinar qué motivación está ocupando realmente el centro de su vida.

Pablo expresa una meta diferente:

“Procuramos… serle agradables”.

La palabra transmite propósito. Pablo no presenta agradar a Cristo como una reacción ocasional, sino como una dirección que ordenaba su manera de vivir.

El contexto fortalece todavía más esta enseñanza. Poco antes declara:

“Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).

Y después de expresar su deseo de agradar al Señor añade:

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10).

Por eso vivir para agradar a Cristo significa caminar hoy con la mirada puesta en Él, obedecer aun cuando no todo resulte fácil y recordar que nuestra vida pertenece al Señor.

Puedes encontrar otros mensajes de estructura semejante en Bosquejos cortos para predicar.

1. Agradar a Cristo debe convertirse en una meta consciente

Pablo dice:

“Procuramos… serle agradables”.

No dice simplemente que esperaba agradar al Señor por casualidad. Había una intención.

Toda vida termina orientándose hacia algo. Podemos organizar nuestras decisiones alrededor de lo que otros pensarán, de aquello que nos proporciona comodidad o de nuestros propios intereses. El creyente, en cambio, necesita aprender a hacerse una pregunta más profunda:

¿Esto agrada al Señor?

Pablo expresó una preocupación semejante en Gálatas 1:10:

“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?… Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

La aprobación humana no puede convertirse en nuestra brújula

Desear una buena relación con los demás no es pecado. Debemos escuchar consejo, tratar a las personas con respeto y evitar una actitud arrogante que desprecie toda opinión ajena.

El problema comienza cuando la aprobación humana gobierna nuestra obediencia.

Puede ocurrir cuando callamos una convicción bíblica porque tememos ser rechazados, cuando modificamos nuestra conducta para encajar, cuando hacemos algo solo para recibir reconocimiento o cuando evitamos obedecer porque sabemos que alguien no estará de acuerdo.

Jesús mismo vivió completamente orientado hacia el cumplimiento de la voluntad divina. El creyente que pertenece a Cristo recibe también un nuevo centro para su vida.

Aplicación: examina qué pesa más cuando tomas una decisión difícil. ¿La voluntad del Señor o la necesidad de ser aprobado? Vivir para agradar a Cristo requiere decidir quién tendrá la autoridad final sobre nuestra conducta.

2. Agradar a Cristo se demuestra en nuestra manera de vivir

El propósito de agradar al Señor no puede quedarse en una expresión devocional.

Colosenses 1:10 dice:

“Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra”.

Pablo relaciona directamente agradar al Señor con la manera de andar.

La vida cristiana alcanza nuestras decisiones cotidianas: cómo hablamos, cómo tratamos a otras personas, qué hacemos cuando nadie nos observa, cómo manejamos nuestros recursos, qué pensamientos alimentamos y qué respuesta damos cuando la Palabra confronta nuestra conducta.

Amar a Cristo incluye obedecer su Palabra

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

La obediencia no compra el amor de Dios ni nos hace merecedores de la salvación. Es la respuesta de una vida que reconoce a Jesucristo como Señor.

Hay ocasiones en que obedecer será agradable y otras en que tendrá un costo. Puede requerir pedir perdón cuando nuestro orgullo preferiría justificarse, rechazar una práctica pecaminosa aunque otros la normalicen, mantener integridad cuando sería más fácil aprovecharse de una situación o permanecer fiel aunque nadie reconozca nuestro esfuerzo.

Vivir para agradar a Cristo tampoco significa alcanzar perfección instantánea. Significa que existe una dirección definida: cuando fallamos, no convertimos el pecado en una forma aceptable de vida. Nos arrepentimos, buscamos la gracia de Dios y continuamos creciendo en obediencia.

La santidad según la Biblia alcanza precisamente esta vida diaria que pertenece a Dios y aprende a distinguirse del pecado.

Aplicación: identifica un área concreta de tu vida donde ya sabes qué enseña la Palabra. Agradar a Cristo comienza a hacerse visible cuando la convicción se convierte en obediencia.

3. Vivimos para agradar a Cristo porque compareceremos delante de Él

El versículo siguiente lleva el bosquejo hacia una dimensión solemne:

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10).

Pablo no separa su deseo de agradar a Cristo de esta realidad futura.

Nuestra vida actual importa.

Las decisiones presentes importan.

La manera en que servimos importa.

El uso de nuestras oportunidades importa.

El tribunal de Cristo no significa que compramos la salvación mediante obras

La Escritura enseña que somos salvos por gracia mediante la fe, no por obras humanas que puedan darnos derecho a gloriarnos delante de Dios.

Por eso podemos afirmar claramente que somos salvos por fe y no por obras y, al mismo tiempo, tomar seriamente la enseñanza bíblica sobre la evaluación de nuestra conducta y servicio.

Segunda de Corintios 5:10 dice que cada uno recibirá:

“según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

La gracia no convierte nuestra manera de vivir en algo irrelevante. Precisamente porque pertenecemos a Cristo, queremos administrar fielmente aquello que Él ha puesto en nuestras manos.

La perspectiva eterna cambia nuestras prioridades presentes

Cuando olvidamos que nuestra vida tiene una dimensión eterna, resulta fácil medirlo todo por resultados inmediatos. Podemos llegar a pensar que una decisión solo vale la pena si produce reconocimiento, comodidad o una ventaja visible.

Pero agradar a Cristo nos libera de esa medida.

Podemos hacer lo correcto aunque nadie lo aplauda.

Podemos servir aunque nuestro nombre no aparezca.

Podemos mantener integridad cuando una transacción deshonesta parecería más rentable.

Podemos escoger fidelidad incluso cuando cuesta.

Nuestra esperanza no consiste en construir una reputación impresionante delante de los hombres. Queremos vivir de tal manera que nuestra conducta honre al Señor a quien pertenecemos.

Aplicación: piensa en las decisiones que estás tomando hoy. ¿Cambiarías alguna de ellas si recordaras constantemente que tu vida será examinada delante de Cristo?

Cómo vivir cada día procurando agradar a Cristo

Comienza llevando tus decisiones delante del Señor. Antes de preguntar únicamente “¿me gusta?” o “¿me conviene?”, aprende a preguntar si aquello corresponde con la Palabra de Dios y honra a Cristo.

Examina también tus motivaciones. Es posible realizar una acción correcta por razones equivocadas. Podemos servir para recibir reconocimiento, ayudar para quedar bien o participar en el ministerio porque necesitamos sentirnos importantes. Dios quiere trabajar no solo nuestras acciones, sino también nuestro corazón.

Permite que la Escritura corrija tu camino y cultiva una vida de oración donde puedas presentar sinceramente tus deseos delante de Dios. Además, recibe corrección cuando sea necesaria. Una persona que quiere agradar a Cristo no necesita defender permanentemente su imagen; puede reconocer que se equivocó y cambiar.

Y recuerda que agradar a Cristo no requiere hacer algo espectacular cada día. Muchas veces se expresa mediante fidelidad silenciosa: cumplir una responsabilidad, hablar con verdad, tratar justamente a alguien, guardar pureza, servir con humildad y perseverar cuando nadie está mirando.

En Sermones escritos listos para predicar encontrarás otros mensajes sobre obediencia, santidad, servicio, fe y fidelidad para la enseñanza congregacional.

Conclusión: “Procuramos serle agradables”

Pablo tenía una meta:

“Serle agradables”.

Esa meta daba dirección a su presente y estaba relacionada con su esperanza futura.

Vivía por fe.

Deseaba estar con el Señor.

Y sabía que comparecería delante de Cristo.

Por eso la pregunta no es solamente:

“¿Soy cristiano?”

También necesitamos preguntarnos:

¿Estoy procurando vivir de una manera que agrade a Cristo?

Esto alcanza nuestras relaciones, decisiones, pensamientos, uso del tiempo, servicio, carácter y conducta cuando nadie nos observa.

Quizá has vivido demasiado preocupado por agradar a otros. Tal vez algunas decisiones han estado gobernadas por comodidad o por deseos que necesitan ser rendidos. Hoy puedes volver a orientar tu corazón hacia una meta más alta.

Que Cristo sea Señor de tus decisiones.

Que su Palabra gobierne tu conducta.

Que su aprobación tenga más peso que el aplauso humano.

Y que puedas decir con la misma determinación de Pablo:

“Procuramos… serle agradables”.

Puedes continuar con otros mensajes bíblicos en Bosquejos para predicar.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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