Los que esperan en Jehová levantarán alas como las águilas
Fuerzas renovadas para el cansancio
A lo largo de la vida, todos atravesamos momentos en los que las fuerzas parecen agotarse. Hay instantes en los que el alma se siente cansada, el corazón abatido y la fe puesta a prueba. La Biblia no ignora esta realidad humana; por el contrario, la aborda con una profundidad extraordinaria y nos revela que Dios es especialista en fortalecer al que ya no puede más. En este contexto surge una de las promesas más hermosas y esperanzadoras de toda la Escritura: “los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas”.
Este pasaje, contenido en Isaías 40:29-31, no es solo una frase poética ni una expresión motivacional. Se trata de una declaración profética cargada de consuelo, restauración y esperanza, dirigida a un pueblo cansado, quebrantado y a punto de enfrentar uno de los períodos más oscuros de su historia: el cautiverio en Babilonia. Sin embargo, su mensaje trasciende el tiempo y sigue siendo una fuente de ánimo para todo creyente que hoy se siente fatigado en su caminar con Dios.
(Puede interesarte: Sermones escritos listos para predicar)
Dios da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna
El profeta Isaías declara con claridad una verdad fundamental acerca del carácter de Dios:
“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29).
Aquí no se nos presenta a un Dios distante ni indiferente al sufrimiento humano, sino a un Dios cercano, atento y compasivo. Dios no solo observa el cansancio del ser humano, sino que interviene activamente para fortalecerlo. El texto no dice que Dios da fuerzas al fuerte, ni al autosuficiente, sino al cansado, y multiplica las fuerzas al que ya no tiene ninguna.
Este detalle es profundamente revelador: La intervención divina comienza donde se acaban nuestras fuerzas. El agotamiento humano no es un obstáculo para Dios, sino el punto de partida de Su obrar.
Isaías continúa diciendo:
“Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen” (Isaías 40:30).
Incluso aquellos que humanamente poseen vigor, energía y resistencia —los jóvenes— llegan a un punto de agotamiento. Esto demuestra que la fortaleza física, emocional o intelectual tiene límites, pero la fortaleza que viene de Dios no los tiene.
(También te puede interesar: Mejores Prédicas Escritas)
Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas (Isaías 40:31)
El corazón del mensaje se encuentra en esta poderosa afirmación:
“Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas”.
La palabra “esperar” en este pasaje no implica pasividad ni resignación. En el hebreo original transmite la idea de confiar, depender, aguardar con expectativa y esperanza activa. Esperar en Jehová es una postura del alma que reconoce su necesidad de Dios y se apoya plenamente en Él.
No se trata simplemente de resistir el paso del tiempo, sino de permanecer confiados en Dios mientras Él obra, aun cuando no vemos resultados inmediatos. Esta espera produce algo extraordinario: renovación de fuerzas.
Aquí no se habla de recuperar fuerzas viejas, sino de recibir fuerzas nuevas, frescas, renovadas, sobrenaturales. Es una obra interna que solo Dios puede realizar en el corazón del creyente.
(Puede que te interese: Para el que cree todo es posible)
Contexto histórico y profético de Isaías 40
Para comprender la profundidad de esta promesa, es necesario observar su contexto. Las profecías contenidas desde Isaías 40 hasta el capítulo 66 están dirigidas principalmente al reino de Judá, hablándoles como si el cautiverio babilónico ya fuera una realidad consumada.
Este cautiverio había sido anunciado previamente al rey Ezequías:
“He aquí que vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa… ninguna cosa quedará, dice Jehová” (Isaías 39:6).
El pueblo de Dios enfrentaría pérdida, desarraigo, humillación y dolor. En medio de ese panorama oscuro, Dios levanta la voz de Isaías para hablar consuelo antes de que llegue la aflicción, recordándoles que el cansancio no sería el final de su historia.
Isaías 40 comienza con una declaración impactante:
“Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios” (Isaías 40:1).
Antes de hablar de restauración externa, Dios trabaja primero en la esperanza interna. Por eso, el mensaje de “levantar alas como las águilas” surge como un símbolo de renovación, fortaleza y elevación espiritual en medio del sufrimiento.
(También puedes leer: De su interior correrán ríos de agua viva)
¿Qué significa levantarán alas como las águilas?
La imagen del águila no es casual. En la Biblia, el águila representa fuerza, altura, visión y renovación. Al decir que los que esperan en Jehová “levantarán alas como las águilas”, Dios está afirmando que aquellos que confían en Él no quedarán postrados para siempre, sino que serán capacitados para elevarse por encima de las circunstancias adversas.
El cautiverio babilónico fue aproximadamente entre los años 605 y 586 a.C. Antes de que este juicio se materializara, Dios ya estaba sembrando esperanza en el corazón de su pueblo. El mensaje era claro: el dolor no tendría la última palabra, y la espera en Jehová produciría renovación.
Así como el águila se eleva a grandes alturas utilizando las corrientes de viento, el creyente aprende a utilizar incluso las circunstancias difíciles como impulso para acercarse más a Dios.
(Podría interesarte: Dios es nuestro sanador)
Da esfuerzo al cansado: una promesa vigente
La experiencia humana del cansancio no es exclusiva de una época. Todos, en algún momento, sentimos que las fuerzas se terminan. La Escritura nos muestra que incluso los grandes siervos de Dios atravesaron momentos de profundo agotamiento emocional y espiritual.
Un ejemplo claro es el profeta Elías, quien después de grandes victorias espirituales llegó a desear la muerte:
“…y deseando morirse dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida” (1 Reyes 19:4).
Elías había llegado a su límite. Sin embargo, Dios no lo reprendió por su debilidad, sino que lo fortaleció, lo alimentó y lo renovó. Esto confirma que Dios sigue dando esfuerzo al cansado y multiplicando las fuerzas al que no tiene ninguna.
(También te puede interesar: El camino de Caín)
Levantarán alas como las águilas porque tendrán nuevas fuerzas
El cansancio, el temor y la frustración pueden llevar al ser humano a estados emocionales extremos. No es extraño que, en medio de una carga prolongada, algunos lleguen a sentirse vulnerables, desanimados e incluso sin deseos de continuar. La Biblia no oculta esta realidad, sino que la expone con honestidad para mostrarnos que la renovación de fuerzas proviene únicamente de Dios.
El profeta Elías es un ejemplo claro de ello. Después de haber experimentado una de las mayores manifestaciones del poder de Dios en el monte Carmelo, Elías terminó huyendo, exhausto y emocionalmente quebrantado. La Escritura relata:
“…Se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida…” (1 Reyes 19:4).
Aquí vemos a un hombre que había sido usado poderosamente por Dios, pero que ahora se encontraba completamente agotado. Este pasaje demuestra que el cansancio no distingue niveles espirituales. Aun los siervos fieles pueden llegar a sentirse sin fuerzas.
(Puede que te interese: Hacer vallado y ponerse en la brecha)
Dios nunca deja solo al que espera en Él
A pesar del estado emocional de Elías, Dios no lo abandonó en el desierto. La respuesta divina no fue un reproche, sino un acto de cuidado y restauración:
“Y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate y come” (1 Reyes 19:5).
Dios atendió primero la necesidad básica del profeta: descanso y alimento. Esto nos enseña que Dios conoce nuestras limitaciones humanas y sabe que, muchas veces, la restauración espiritual comienza atendiendo también nuestras debilidades físicas y emocionales.
La segunda vez que el ángel lo despertó, le dijo:
“Levántate y come, porque largo camino te resta” (1 Reyes 19:7).
Esta expresión encierra una verdad profunda: Dios no solo restaura para aliviar el presente, sino para capacitarnos para el camino que aún falta recorrer. Elías necesitaba fuerzas renovadas porque su misión aún no había terminado.
Así sucede con los que esperan en Jehová. Cuando sentimos que ya no podemos avanzar, Dios nos da el alimento espiritual necesario para continuar, porque Él sabe que todavía hay propósito por delante.
Dios nos fortalece en medio del desierto
El desierto, en la Biblia, es un lugar de prueba, pero también de provisión. Allí donde no parece haber recursos, Dios se manifiesta como sustentador. Isaías declara:
“…aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad” (Isaías 35:6).
Dios no promete ausencia de desiertos, pero sí promete Su presencia y provisión en medio de ellos. Israel experimentó esto durante cuarenta años, siendo alimentado y sustentado por Dios en un ambiente completamente adverso.
De la misma manera, cuando el creyente se siente solo, cansado o sin dirección, Dios sigue derramando de Su Espíritu, fortaleciendo el alma y renovando la esperanza. Nunca nos dejará morir en el desierto, sino que nos dará nuevas fuerzas para seguir adelante.
(Te puede interesar: Es mejor un día en tus atrios que mil fuera de ellos)
Multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna (Isaías 40:29)
El testimonio del apóstol Pablo confirma esta verdad. En Listra, Pablo fue apedreado y arrastrado fuera de la ciudad, creyendo todos que había muerto. Sin embargo, la Escritura relata algo sorprendente:
“…rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad…” (Hechos 14:20).
Humanamente, Pablo no tenía fuerzas para levantarse. Pero Dios multiplicó las fuerzas al que no tenía ninguna. Lo que parecía el final de su ministerio se convirtió en una nueva etapa de expansión y testimonio.
Más adelante, el mismo apóstol expresa esta experiencia con palabras profundas:
“…perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:9).
Pablo reconoce que fue golpeado, presionado y derribado, pero nunca destruido. ¿Por qué? Porque su fortaleza no dependía de sus capacidades humanas, sino del poder de Dios que operaba en él.
Caminarán y no se fatigarán
Isaías 40:31 no solo menciona el levantar alas como las águilas, sino también dos acciones más:
“Correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.
Estas expresiones representan las distintas etapas de la vida espiritual. Hay momentos en los que corremos con entusiasmo, llenos de energía y pasión. Pero también hay etapas en las que solo podemos caminar, avanzando paso a paso, con perseverancia silenciosa.
La promesa de Dios no es que siempre correremos, sino que aun cuando solo podamos caminar, no nos fatigaremos, porque Él sostiene nuestras fuerzas. El creyente aprende que la constancia es tan importante como la intensidad.
Los jóvenes flaquean y caen, pero los que esperan en Jehová permanecen
Isaías afirma que incluso los jóvenes, en quienes normalmente se confía por su vigor, llegan a fatigarse y caer. Esto revela una verdad clave: la fortaleza humana es limitada, sin importar la edad o condición.
El problema no está en ser joven o viejo, sino en dónde está puesta nuestra confianza. Cuando confiamos en nuestras propias fuerzas, inevitablemente fallamos. Pero cuando aprendemos a esperar en Jehová, recibimos fuerzas renovadas que no dependen de nuestra capacidad, sino de Su gracia.
(Puede que te interese: El amor cubre multitud de pecados)
Caleb: un ejemplo de espera perseverante
Caleb es uno de los ejemplos más poderosos de alguien que aprendió a esperar en Dios. Él recibió una promesa cuando era joven, pero tuvo que esperar cuarenta y cinco años para verla cumplida.
“…ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua…” (Josué 14:9).
A pesar del paso del tiempo, Caleb no perdió su pasión ni su fuerza espiritual. Al llegar el momento de recibir su herencia, declaró:
“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió…” (Josué 14:11).
Esto no significa que Caleb no envejeció físicamente, sino que su fuerza provenía de Dios. Su secreto fue esperar en Jehová, y por eso sus fuerzas fueron renovadas constantemente.
Los que esperan en Dios conservan su pasión por Él
Una de las evidencias más claras de aquellos que han aprendido a esperar en Jehová es que su pasión espiritual no se apaga con el paso del tiempo ni con las dificultades. Cuando la confianza está puesta en Dios, el desgaste natural de la vida no logra apagar el fuego del primer amor.
Quien espera en Jehová no pierde su deseo de orar, no abandona la comunión con la iglesia, no se enfría espiritualmente ante las pruebas, ni deja de buscar la presencia de Dios. Por el contrario, cada día recibe nuevas fuerzas, porque su dependencia no está en sus emociones ni en las circunstancias, sino en la fidelidad de Dios.
Esperar en Jehová no es sinónimo de inactividad espiritual; es una postura constante de confianza, obediencia y perseverancia. Esta actitud mantiene vivo el compromiso con Dios aun en los momentos de silencio, cuando no hay respuestas inmediatas ni soluciones visibles.
Levantarán alas como las águilas: una imagen de fe madura
Isaías utiliza una de las imágenes más poderosas de la naturaleza para describir la experiencia espiritual del creyente que espera en Dios: el águila. A diferencia de otras aves, el águila posee una visión privilegiada y una capacidad única para enfrentar las tormentas.
Mientras muchos animales buscan refugio cuando perciben que se aproxima una tempestad, el águila no huye de la tormenta. Gracias a su aguda visión, la detecta desde lejos y se prepara para enfrentarla. Cuando el viento comienza a soplar con fuerza, el águila extiende sus alas y utiliza la corriente contraria para elevarse por encima de la tormenta.
Este comportamiento natural ilustra una profunda verdad espiritual: los que esperan en Jehová no son destruidos por las pruebas, sino que aprenden a elevarse por medio de ellas. Lo que para otros es motivo de caída, para el creyente se convierte en una oportunidad de crecimiento.
Tendrán nuevas fuerzas en medio de las tormentas
La promesa de Isaías no es que las tormentas desaparecerán, sino que Dios dará nuevas fuerzas para enfrentarlas. El cristiano aprende a no vivir huyendo de las dificultades, sino a confiar en que Dios usará incluso los momentos más hostiles para fortalecer su fe.
“En Cristo somos más que vencedores” (Romanos 8:37).
Ser más que vencedor no significa ausencia de lucha, sino victoria en medio de la lucha. Así como el águila se eleva gracias al viento contrario, el creyente se fortalece espiritualmente cuando decide confiar en Dios en medio de la adversidad.
José: levantado en medio de la tormenta
La vida de José es un claro ejemplo de alguien que aprendió a esperar en Jehová en medio de constantes tormentas. Desde joven fue traicionado por sus propios hermanos, vendido como esclavo, acusado injustamente y encarcelado. Cada etapa parecía peor que la anterior.
Sin embargo, la Escritura recalca una verdad fundamental:
“Mas Jehová estaba con José” (Génesis 39:21).
Las pruebas no alejaron a José de Dios, sino que lo prepararon para el propósito divino. Aquellas tormentas no lo destruyeron; lo elevaron. Al final, José fue levantado como gobernador de Egipto para preservar la vida de su familia y asegurar la continuidad del pueblo de Dios.
Los que esperan en Jehová no desperdician sus procesos, porque saben que Dios está obrando incluso cuando no lo entienden.
Job: Conocer a Dios en medio del dolor
Job también atravesó una de las pruebas más intensas registradas en la Biblia. Perdió a sus hijos, sus bienes y su salud en un corto período de tiempo. Sin embargo, su sufrimiento no fue en vano.
Al final de su proceso, Job pudo declarar:
“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).
Esto nos enseña que la adversidad puede profundizar nuestra relación con Dios. Job conocía a Dios antes, pero después de la prueba lo conoció de una manera más íntima y real. Esperar en Jehová en medio del dolor transforma nuestra fe superficial en una fe sólida y madura.
Los que esperan en Jehová crecen en medio de la adversidad
La adversidad no detiene el propósito de Dios; muchas veces lo acelera. La iglesia primitiva es prueba de ello. La persecución no apagó el evangelio, sino que lo expandió:
“…los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8:4).
Asimismo, durante la esclavitud en Egipto, la Biblia declara:
“…cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían” (Éxodo 1:12).
Esto demuestra que el pueblo de Dios no retrocede ante la presión, sino que crece cuando aprende a confiar en Jehová. Las dificultades se convierten en el escenario donde Dios manifiesta Su poder y fidelidad.
Aprender a utilizar la tormenta para subir más alto
El creyente maduro no niega el dolor, pero tampoco permite que la adversidad lo paralice. Aprende, como el águila, a extender sus alas y elevarse por encima de la tormenta, buscando una perspectiva más alta: la presencia de Dios.
Esperar en Jehová implica creer que cada proceso tiene un propósito, y que ninguna prueba es inútil cuando Dios está en control. Es en esos momentos donde se forman convicciones profundas, se purifica la fe y se renuevan las fuerzas del alma.
Antes de levantar alas, debemos ser renovados
La promesa de Isaías no solo habla de fuerzas nuevas, sino de renovación. No es posible elevarse a nuevas alturas sin antes pasar por un proceso interno de transformación. Dios no solo restaura energías; renueva el corazón, la fe y la visión espiritual.
El profeta declara que “los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas”. La palabra “nuevas” implica algo fresco, diferente, renovado. No se trata simplemente de volver al estado anterior, sino de experimentar una obra más profunda de Dios en la vida del creyente.
El proceso de renovación del águila: una poderosa lección espiritual
Se ha utilizado tradicionalmente la imagen del águila para ilustrar la renovación espiritual. Al llegar a cierta etapa de su vida, el águila enfrenta una decisión crítica: rendirse y morir, o atravesar un proceso doloroso de renovación.
Con el paso de los años, sus garras pierden fuerza, su pico se encorva y sus plumas se vuelven pesadas, dificultando su vuelo. Si no pasa por un proceso de cambio, su supervivencia se ve amenazada.
El águila se remonta a lo alto de una montaña y comienza un proceso difícil: su pico se quiebra contra la roca, sus garras viejas son desprendidas y sus plumas caen para dar paso a otras nuevas. Solo después de este proceso, el águila vuelve a levantar el vuelo con fuerzas renovadas.
Más allá del detalle natural, la enseñanza espiritual es clara: no hay renovación sin quebrantamiento, y no hay nuevas fuerzas sin un proceso de transformación.
(Puede interesarte: Sadrac, Mesac y AbedNego)
La renovación espiritual requiere quebrantamiento
El creyente también enfrenta momentos en los que debe decidir si permanecer en una condición espiritual debilitada o postrarse ante Dios para ser renovado. Muchas veces, el dolor, la prueba o la adversidad se convierten en el escenario donde Dios trabaja profundamente en nuestro interior.
La Escritura nos recuerda que Cristo es la Roca:
“…y la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4).
Cuando el creyente cae sobre la Roca, es quebrantado, pero no destruido. Jesús mismo afirmó:
“Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado…” (Mateo 21:44).
Este quebrantamiento no es castigo, sino restauración. Es el proceso mediante el cual Dios elimina lo viejo, lo que ya no sirve, y nos prepara para recibir nuevas fuerzas.
Dios multiplica las fuerzas y las renueva
Caer sobre la Roca implica reconocer nuestra dependencia absoluta de Dios. Es en ese acto de humildad donde Dios multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. El creyente deja de confiar en su capacidad y comienza a experimentar el poder sobrenatural de Dios.
El quebrantamiento produce renovación, y la renovación produce elevación espiritual. Así, los que esperan en Jehová no solo resisten las pruebas, sino que se levantan por encima de ellas, con una fe más firme y una visión más clara.
Los jóvenes flaquean y caen, pero los que esperan en Jehová se renuevan
Isaías recalca que la fortaleza humana es temporal. La juventud, la experiencia o el conocimiento no garantizan permanencia espiritual. Lo único que sostiene al creyente a largo plazo es una relación viva y constante con Dios.
Esperar en Jehová es una decisión diaria. Implica rendir nuestras cargas, debilidades y temores delante de Él, confiando en que Su gracia es suficiente para renovarnos una y otra vez.
Levantarán alas como las águilas: una vida por encima de las tormentas
Cuando Dios renueva nuestras fuerzas, nos capacita para vivir por encima de las circunstancias, no negándolas, sino superándolas en Su poder. El creyente renovado no vive dominado por el miedo, la frustración o el cansancio, sino sostenido por la esperanza en Dios.
Levantar alas como las águilas significa:
- Caminar con fe en medio de la incertidumbre
- Perseverar aun cuando las fuerzas humanas se agotan
- Confiar en Dios incluso cuando el proceso es doloroso
- Elevar la mirada más allá de la tormenta
Conclusión: nuevas fuerzas para los que esperan en Jehová
Qué bendición tan grande es saber que tenemos un Dios que da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. Un Dios que no abandona en el desierto, que no rechaza al quebrantado y que no desprecia al que se siente débil.
Cuando nos postramos ante Él, cuando caemos sobre la Roca que es Cristo, somos renovados. Dios quita lo viejo, sana lo dañado y nos concede fuerzas nuevas para continuar el camino.
Por eso, los que esperan en Jehová levantarán alas como las águilas. No quedarán postrados en medio de la tormenta, sino que se elevarán a las alturas de Su presencia, caminando por encima de las pruebas y viviendo sostenidos por la fidelidad de Dios.
Que esta promesa sea una realidad viva en nuestra vida diaria: esperar en Jehová, confiar en Él y experimentar cada día la renovación sobrenatural que solo Dios puede dar.