Introducción: una señal bíblica que no debe ser ignorada
El hablar en lenguas es una de las manifestaciones espirituales más importantes del Nuevo Testamento. Desde el día de Pentecostés, cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, esta señal quedó asociada con la experiencia apostólica de recibir el Espíritu de Dios. Hechos 2:4 declara: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.
Este tema ha sido objeto de muchas preguntas, debates y malentendidos. Algunos lo consideran una señal bíblica vigente; otros lo reducen a un fenómeno emocional; otros lo limitan al primer siglo; y otros confunden la evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo con el don público de lenguas mencionado en 1 Corintios 12–14. Por eso es necesario estudiar el asunto con cuidado, sin temor, sin exageración y sin apagar lo que la Escritura enseña.
El hablar en lenguas se relaciona con Estudios bíblicos cristianos, Neumatología, El bautismo del Espíritu Santo, La promesa del Espíritu Santo, El derramamiento del Espíritu Santo y La obra del Espíritu Santo, porque forma parte del testimonio bíblico sobre cómo Dios llenó a los creyentes con su Espíritu y cómo esa experiencia se manifestó en la iglesia apostólica.
También se conecta con Pentecostalismo y Experiencia y práctica pentecostal, porque una fe pentecostal bíblica no debe limitarse a afirmar que el Espíritu Santo existe, sino que debe creer, predicar y vivir la experiencia apostólica con doctrina, santidad, amor y orden.
En este estudio veremos qué significa hablar en lenguas, qué pasajes bíblicos lo enseñan, por qué aparece como evidencia inicial del bautismo del Espíritu Santo, cuál es la diferencia entre hablar en lenguas al recibir el Espíritu y el don de lenguas en la congregación, cómo deben usarse las lenguas con orden, si siguen vigentes hoy y qué errores deben evitarse.
El propósito no es exaltar una manifestación por encima de Jesucristo. Al contrario, el Espíritu Santo siempre glorifica a Cristo. El hablar en lenguas, cuando es bíblico y procede del Espíritu, no aleja de Jesús, sino que confirma la obra de Dios, edifica al creyente y testifica que la promesa sigue vigente para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Qué significa hablar en lenguas según la Biblia
Hablar en lenguas significa hablar por el Espíritu Santo en un idioma que la persona no aprendió por medios naturales. En el Nuevo Testamento, la palabra “lengua” puede referirse al órgano físico de la boca o a un idioma. Por eso, cuando la Biblia habla de “otras lenguas” o “nuevas lenguas”, se refiere a una expresión sobrenatural dada por Dios.
Hechos 2:4 dice que los discípulos comenzaron a hablar en otras lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen”. Esto muestra dos aspectos importantes. Primero, los discípulos hablaron; no fueron anulados como si no participaran. Segundo, el Espíritu les dio que hablasen; la expresión no procedía del aprendizaje humano, sino de la operación divina.
El término moderno “glosolalia” se usa muchas veces para describir el hablar en lenguas. Sin embargo, lo importante no es el término técnico, sino el testimonio bíblico. La Escritura presenta el hablar en lenguas como una manifestación real del Espíritu Santo, no como un simple balbuceo sin propósito, una imitación emocional o una práctica inventada por el ser humano.
En Hechos 2, algunos oyentes reconocieron idiomas de sus propias naciones. En 1 Corintios 13:1, Pablo menciona “lenguas humanas y angélicas”, lo cual muestra que las lenguas pueden estar relacionadas con idiomas humanos no aprendidos o con expresiones espirituales que no son comprendidas naturalmente por los presentes.
Esto significa que el hablar en lenguas no debe evaluarse solo desde la capacidad humana de entenderlo. En 1 Corintios 14:2, Pablo dice: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios”. El hecho de que alguien no entienda la lengua no significa que no tenga valor espiritual. Significa que su función debe entenderse correctamente.
Hablar en lenguas es una obra sobrenatural del Espíritu Santo que puede manifestarse como evidencia inicial al recibir el Espíritu, como oración y edificación personal, o como mensaje público que requiere interpretación para edificación de la iglesia.
El hablar en lenguas fue anunciado en la Escritura
El hablar en lenguas no aparece en Pentecostés sin ninguna preparación bíblica. Aunque su cumplimiento pleno se ve en el Nuevo Testamento, hay pasajes proféticos que anticipan esta señal.
Isaías 28:11-12 dice: “Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír”. Este texto relaciona lengua extraña con reposo y refrigerio. En el Nuevo Testamento, Pablo cita este pasaje al hablar de las lenguas en 1 Corintios 14:21.
La aplicación que Pablo hace de Isaías muestra que este texto tiene relevancia para la iglesia. Dios hablaría de una manera que serviría como señal. El reposo y el refrigerio se relacionan con la obra del Espíritu Santo, porque Jesús prometió descanso a los cargados y también habló de ríos de agua viva que brotarían del interior de los creyentes, refiriéndose al Espíritu que habían de recibir (Juan 7:37-39).
Marcos 16:17 también registra esta promesa: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas”. Jesús presenta el hablar en nuevas lenguas como una señal que acompañaría a los creyentes.
Algunos han discutido el final de Marcos 16 por razones textuales, pero las verdades mencionadas allí están confirmadas por otros pasajes del Nuevo Testamento: los creyentes echaron fuera demonios, oraron por enfermos, fueron protegidos por Dios y hablaron en lenguas. El libro de los Hechos confirma que los creyentes hablaron en lenguas al recibir el Espíritu Santo.
Esto muestra que el hablar en lenguas no debe ser tratado como una rareza ajena a la Biblia. Es una señal vinculada a la promesa del Espíritu, a la experiencia apostólica y a la edificación de la iglesia cuando se administra conforme al orden bíblico.
El hablar en lenguas en el día de Pentecostés
El primer cumplimiento visible del hablar en lenguas ocurrió en el día de Pentecostés. Los discípulos estaban reunidos unánimes cuando vino del cielo un estruendo como de un viento recio, aparecieron lenguas repartidas como de fuego y todos fueron llenos del Espíritu Santo.
Hechos 2:4 dice que comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen. Esta fue la señal audible de la llenura del Espíritu Santo. El viento y las lenguas como de fuego aparecen en ese primer derramamiento, pero no se repiten como señal constante en los demás relatos. En cambio, el hablar en lenguas sí aparece nuevamente cuando otros reciben el Espíritu.
Había judíos piadosos de muchas naciones en Jerusalén. Al oír a los discípulos hablar en sus lenguas las maravillas de Dios, quedaron maravillados. Esto no significa que las lenguas fueron dadas principalmente para predicar el evangelio a cada nación presente, porque luego Pedro predicó a todos en un idioma común. Más bien, las lenguas sirvieron como señal de que Dios había derramado su Espíritu.
Pedro explicó lo ocurrido diciendo: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hechos 2:16). Luego afirmó que Jesús, exaltado por la diestra de Dios, había derramado aquello que ellos veían y oían (Hechos 2:33). Lo que la multitud veía y oía era la manifestación del Espíritu, incluyendo el hablar en otras lenguas.
Pentecostés enseña que el hablar en lenguas no fue una invención humana. Fue la señal que acompañó el primer derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia. También muestra que la experiencia no estaba separada del mensaje apostólico, porque Pedro predicó arrepentimiento, bautismo en el nombre de Jesucristo y recepción del don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
El hablar en lenguas en la casa de Cornelio
Hechos 10 muestra que el hablar en lenguas también acompañó la recepción del Espíritu Santo entre los gentiles. Cornelio era un hombre piadoso, temeroso de Dios y constante en oración, pero necesitaba escuchar el mensaje apostólico por medio de Pedro.
Mientras Pedro predicaba, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Los creyentes judíos que habían acompañado a Pedro se asombraron de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
La Escritura explica cómo supieron que los gentiles habían recibido el Espíritu: “Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:46). Esta frase es muy importante. El hablar en lenguas fue la evidencia que convenció a los creyentes judíos de que Dios había dado a los gentiles el mismo don.
Pedro luego relató el acontecimiento diciendo: “cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio” (Hechos 11:15). ¿Qué tenían en común Pentecostés y la casa de Cornelio? En ambos casos, las personas recibieron el Espíritu Santo y hablaron en lenguas.
Este relato demuestra que el hablar en lenguas no fue únicamente una señal para judíos en Jerusalén. También apareció cuando los gentiles recibieron el Espíritu. Dios mostró que la promesa era para toda carne, cumpliendo lo anunciado por Joel y lo predicado por Pedro.
Después de recibir el Espíritu, Cornelio y su casa fueron bautizados en el nombre del Señor. Esto muestra que recibir el Espíritu Santo y obedecer el bautismo en el nombre de Jesucristo pertenecen al mensaje apostólico, aunque el orden pueda variar en algunos casos.
El hablar en lenguas en Éfeso
Hechos 19 presenta otro relato muy importante. Pablo encontró a ciertos discípulos en Éfeso y les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?”. Ellos respondieron que ni siquiera habían oído si había Espíritu Santo. Pablo les explicó más plenamente el mensaje de Jesucristo, y fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
Luego Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y “hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:6).
Este caso ocurrió años después de Pentecostés. Por eso es muy importante para demostrar que hablar en lenguas no fue una señal limitada al primer derramamiento en Jerusalén ni a la apertura del evangelio a los gentiles. También ocurrió en la vida de discípulos que necesitaban recibir la experiencia completa del mensaje apostólico.
En Éfeso se mencionan lenguas y profecía. Sin embargo, el hablar en lenguas aparece primero como señal inicial de la recepción del Espíritu. La profecía fue una manifestación adicional de la obra del Espíritu, pero no aparece en todos los relatos como señal uniforme. Las lenguas, en cambio, aparecen repetidamente en los relatos donde se describe la recepción del Espíritu.
El caso de Éfeso también muestra que Pablo no asumía automáticamente que toda persona que creía ya había recibido el Espíritu Santo. Su pregunta fue directa: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?”. La iglesia actual también debe enseñar esta verdad con amor y fidelidad bíblica, guiando a los creyentes a recibir la promesa completa de Dios.
Éfeso confirma que el hablar en lenguas fue parte normal de la experiencia apostólica de recibir el Espíritu Santo.
El hablar en lenguas en Samaria
Hechos 8 relata que los samaritanos creyeron la predicación de Felipe, fueron bautizados en el nombre de Jesús y hubo gran gozo en la ciudad. Sin embargo, el texto dice que el Espíritu Santo aún no había descendido sobre ninguno de ellos.
Cuando los apóstoles en Jerusalén supieron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan. Ellos oraron por los samaritanos para que recibiesen el Espíritu Santo. Luego les imponían las manos, y recibían el Espíritu.
El pasaje no menciona explícitamente que hablaron en lenguas. Sin embargo, sí muestra que hubo una señal visible o reconocible. Simón vio que por la imposición de manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo y quiso comprar ese poder. Esto indica que la recepción del Espíritu no fue algo invisible, silencioso o meramente doctrinal.
¿Qué pudo ver Simón? No podía ser solamente gozo, porque ya había gozo en la ciudad. No podía ser solamente fe, porque ya habían creído. No podía ser el bautismo en agua, porque ya habían sido bautizados. Tampoco era simplemente la presencia de milagros, porque ya había visto milagros por medio del ministerio de Felipe.
Al comparar Samaria con Pentecostés, Cornelio y Éfeso, la explicación más coherente es que hubo una manifestación semejante: hablar en lenguas como evidencia de recibir el Espíritu Santo. La Escritura no lo declara de forma explícita en Hechos 8, pero el patrón general de Hechos lo respalda.
Samaria enseña que creer y ser bautizado en agua no deben confundirse automáticamente con haber recibido el Espíritu Santo. Los apóstoles procuraron que los creyentes samaritanos recibieran la promesa de Dios.
Pablo y el hablar en lenguas
Hechos 9 relata la conversión de Saulo de Tarso. Ananías fue enviado para orar por él y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús… me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). El relato no describe en detalle cómo se manifestó esa llenura.
Sin embargo, Pablo mismo afirmó después: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18). Esta declaración muestra que Pablo hablaba en lenguas con frecuencia. No veía las lenguas como una manifestación inferior, vergonzosa o innecesaria. Al contrario, agradecía a Dios por esa experiencia.
Pablo también enseñó extensamente sobre las lenguas en 1 Corintios 12–14. Esto significa que su experiencia personal y su doctrina no estaban en contradicción. Él hablaba en lenguas, pero también enseñaba que todo debía hacerse con amor, edificación y orden.
El testimonio de Pablo es importante porque muestra que el hablar en lenguas no fue solo una señal colectiva en Pentecostés. Fue parte de la vida espiritual de un apóstol que conocía profundamente la revelación del evangelio, predicó a los gentiles, escribió epístolas inspiradas y enseñó sobre el uso correcto de los dones espirituales.
Pablo no prohibió hablar en lenguas. Dijo: “No impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39). Pero también dijo: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Esa es la enseñanza equilibrada que la iglesia debe conservar.
Comparación de los relatos de Hechos
Al comparar los relatos de Hechos, aparece un patrón claro. En Pentecostés, los creyentes recibieron el Espíritu y hablaron en lenguas. En la casa de Cornelio, los gentiles recibieron el Espíritu y hablaron en lenguas. En Éfeso, los discípulos recibieron el Espíritu y hablaron en lenguas.
En Samaria, aunque el texto no menciona las lenguas explícitamente, sí muestra una evidencia externa visible. En el caso de Pablo, Hechos 9 no describe la manifestación inicial, pero Pablo mismo testificó después que hablaba en lenguas más que los corintios.
Esto permite afirmar que el hablar en lenguas aparece en Hechos como la evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo. No es la única evidencia de una vida llena del Espíritu a largo plazo, pero sí es la señal inicial asociada con la recepción del Espíritu en el patrón apostólico.
Otras manifestaciones, como el viento, el fuego, la profecía o magnificar a Dios, no aparecen de la misma manera en todos los relatos. El viento y el fuego acompañaron el primer derramamiento en Pentecostés, pero no se repiten como señal de cada creyente. La profecía aparece en Éfeso, pero no en todos los casos. Magnificar a Dios se menciona en Cornelio, pero no como señal distintiva independiente.
El hablar en lenguas, en cambio, aparece de forma repetida y reconocible. Por eso la iglesia apostólica podía saber cuándo alguien había recibido el Espíritu Santo.
Este patrón no debe llevarnos a exaltar las lenguas por encima del Espíritu. La meta no es hablar en lenguas como fin aislado, sino recibir el Espíritu Santo. Pero cuando el Espíritu llena conforme al patrón bíblico, las lenguas aparecen como señal inicial.
¿Es necesario hablar en lenguas para ser salvo?
Esta pregunta debe responderse con precisión bíblica. El hablar en lenguas, por sí mismo, no salva. La salvación viene de Dios por gracia, mediante la fe obediente al evangelio. Nadie se salva por producir un sonido, repetir palabras o tener una experiencia externa sin arrepentimiento y obediencia.
Sin embargo, el Nuevo Testamento muestra que recibir el Espíritu Santo es parte esencial del nuevo nacimiento. Jesús dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Pedro predicó: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Pablo dijo: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9).
Entonces, la pregunta debe formularse correctamente. No es que las lenguas salven. Dios salva por medio de la obra de Cristo aplicada en el nuevo nacimiento, y el hablar en lenguas es la evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo.
La relación puede compararse con la fe y las obras. Las obras no salvan por sí mismas, pero la fe genuina produce obediencia. Del mismo modo, las lenguas no salvan por sí mismas, pero el bautismo del Espíritu Santo produce el hablar en lenguas como señal inicial.
Por eso, no debemos predicar “lenguas” separadas del evangelio. Debemos predicar arrepentimiento, bautismo en el nombre de Jesucristo y recepción del don del Espíritu Santo. Cuando una persona recibe el Espíritu, la evidencia bíblica inicial es hablar en otras lenguas según el Espíritu da que se hable.
Por qué Dios escogió la lengua como señal inicial
Dios es soberano y no está obligado a explicar todas sus razones. Si Él escogió el hablar en lenguas como señal inicial de recibir el Espíritu Santo, la iglesia debe recibir esa enseñanza con fe. Sin embargo, la Biblia nos permite ver varias razones significativas.
La lengua es uno de los miembros más difíciles de dominar. Santiago 3:8 dice: “Pero ningún hombre puede domar la lengua”. Con la lengua bendecimos, maldecimos, confesamos, mentimos, adoramos, murmuramos o testificamos. La lengua revela el corazón y expresa lo que hay dentro.
Jesús dijo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Cuando el Espíritu Santo llena el corazón, la boca da testimonio de esa llenura. Dios toma un miembro que ningún hombre puede domar y lo usa para su gloria.
El hablar en lenguas también muestra rendición. La persona no habla desde su control intelectual ni desde un idioma aprendido. Habla en fe, permitiendo que el Espíritu le dé la expresión. Esto no es desorden ni pérdida de conciencia, sino entrega voluntaria a Dios.
También hay un contraste hermoso con Babel. En Génesis 11, las lenguas dividieron a la humanidad por causa del orgullo y la rebelión. En Pentecostés, Dios usó las lenguas como señal de una nueva obra espiritual que reuniría a personas de muchas naciones en un solo cuerpo por el Espíritu.
Además, las lenguas sirven como señal universal. En cualquier cultura, idioma o nación, puede reconocerse que una persona está hablando en una lengua no aprendida bajo una experiencia espiritual. Dios escogió una señal audible, sencilla y poderosa para confirmar la recepción del Espíritu.
El hablar en lenguas no sustituye el fruto del Espíritu
Aunque el hablar en lenguas es la evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo, no debe confundirse con la evidencia total de una vida espiritual madura. Una persona puede haber hablado en lenguas al recibir el Espíritu, pero luego necesita crecer en santidad, doctrina, amor, obediencia y fruto espiritual.
Gálatas 5:22-23 enseña que el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Este fruto muestra el carácter que Dios produce en una vida rendida.
Jesús dijo que sus discípulos serían conocidos por el amor (Juan 13:35). Juan enseñó que el verdadero creyente obedece los mandamientos de Dios y ama a los hermanos (1 Juan 2:3-5). Pablo enseñó que, si alguien habla lenguas humanas y angélicas pero no tiene amor, viene a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe (1 Corintios 13:1).
Por eso, hablar en lenguas no debe ser usado como excusa para vivir sin santidad. Tampoco debe convertirse en motivo de orgullo espiritual. La señal inicial es importante, pero la vida continua debe mostrar transformación.
Una iglesia bíblica debe afirmar ambas cosas: la evidencia inicial de lenguas al recibir el Espíritu Santo y el fruto continuo del Espíritu en la vida del creyente. Separar estas verdades produce desequilibrio. Negar las lenguas apaga una señal bíblica. Exaltar las lenguas sin fruto produce inmadurez.
Para profundizar en este tema, conviene estudiar el fruto del Espíritu Santo, porque el Espíritu que da la señal inicial también forma el carácter de Cristo en el creyente.
El hablar en lenguas después de recibir el Espíritu Santo
La Biblia muestra que el hablar en lenguas puede continuar después de la experiencia inicial. Pablo dijo: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18). También dijo: “Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:15).
Esto indica que las lenguas no solo aparecen como señal inicial, sino que también pueden tener un uso devocional en la vida del creyente. Pablo enseña que el que habla en lengua se edifica a sí mismo (1 Corintios 14:4). Esto no significa edificación egoísta, sino fortalecimiento espiritual personal delante de Dios.
Sin embargo, la ausencia de hablar frecuentemente en lenguas después de la experiencia inicial no debe ser tratada automáticamente como señal de que alguien nunca recibió el Espíritu. La señal inicial cumple una función específica al recibir el Espíritu. Después, el creyente debe cultivar una vida espiritual completa: oración, Palabra, santidad, fruto, servicio y comunión con Dios.
Aun así, es saludable que el creyente lleno del Espíritu mantenga una vida de oración en el Espíritu. Las lenguas pueden ser parte de esa comunión, especialmente en la oración personal. Cuando el creyente se rinde a Dios, el Espíritu puede ayudarle a orar más allá de lo que su entendimiento sabe expresar.
El peligro está en dos extremos: abandonar por completo esta dimensión de oración o convertirla en una señal de superioridad espiritual. La enseñanza bíblica llama a vivir con gratitud, humildad y edificación.
El don de lenguas en 1 Corintios 12–14
1 Corintios 12–14 es el pasaje más amplio sobre el uso de las lenguas en la iglesia. Pablo escribe a creyentes que necesitaban orden, madurez y amor en la administración de los dones espirituales.
En 1 Corintios 12, Pablo enseña que hay diversidad de dones, pero el mismo Espíritu. Entre esos dones menciona “diversos géneros de lenguas” e “interpretación de lenguas” (1 Corintios 12:10). Estos dones son manifestaciones del Espíritu dadas para provecho y edificación.
En 1 Corintios 13, Pablo muestra que los dones sin amor no tienen verdadero valor espiritual. Una persona puede hablar lenguas humanas y angélicas, pero sin amor, su manifestación pierde propósito. Esto no niega las lenguas; las coloca bajo el gobierno del amor.
En 1 Corintios 14, Pablo regula el uso de las lenguas en la congregación. Enseña que el que habla en lenguas habla a Dios y por el Espíritu habla misterios. También enseña que, si hay un mensaje público en lenguas, debe haber interpretación para que la iglesia sea edificada.
Pablo no prohíbe las lenguas. Al contrario, dice: “Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas” (1 Corintios 14:5), “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18) y “No impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39).
Lo que Pablo corrige no es la existencia de las lenguas, sino su uso desordenado. La enseñanza bíblica no es apagar el Espíritu, sino permitir su obra con edificación, interpretación, amor y orden.
Diferencia entre evidencia inicial, oración en lenguas y mensaje público
Para entender correctamente el hablar en lenguas, es necesario distinguir tres usos bíblicos relacionados pero diferentes.
El primer uso es el hablar en lenguas como evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo. Esto se ve en Hechos 2, Hechos 10 y Hechos 19. La persona recibe el Espíritu y habla en lenguas según el Espíritu da que se hable. Esta señal indica que el Espíritu Santo ha sido recibido.
El segundo uso es la oración o devoción personal en lenguas. Pablo habla de orar con el espíritu y cantar con el espíritu (1 Corintios 14:14-15). También dice que el que habla en lenguas se edifica a sí mismo. Este uso no requiere necesariamente interpretación cuando ocurre en la comunión personal con Dios, porque la persona no está dando un mensaje público a la congregación.
El tercer uso es el mensaje público en lenguas dentro de la reunión congregacional. En este caso, Pablo enseña que debe haber interpretación. Si no hay interpretación, quien tiene el mensaje debe callar en cuanto a hablar públicamente a la iglesia, aunque puede hablar para sí mismo y para Dios (1 Corintios 14:28).
Esta diferencia evita confusión. En Hechos, varias personas hablaron en lenguas al mismo tiempo cuando recibieron el Espíritu. En 1 Corintios 14, Pablo limita a dos o tres los mensajes públicos en lenguas y pide interpretación. No hay contradicción, porque se trata de funciones diferentes.
Una iglesia madura debe enseñar estas diferencias para afirmar la evidencia inicial, valorar la oración en lenguas y administrar los mensajes públicos con orden.
Las lenguas como señal para los incrédulos
Pablo dice en 1 Corintios 14:22: “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos”. Esta frase debe entenderse en el contexto de Isaías 28 y de la experiencia apostólica.
En Pentecostés, las lenguas llamaron la atención de la multitud. La gente se maravilló, hizo preguntas y Pedro aprovechó la ocasión para predicar a Jesucristo. Las lenguas no reemplazaron la predicación, pero sirvieron como señal que abrió la puerta al mensaje.
En la casa de Cornelio, las lenguas sirvieron como señal para los creyentes judíos que acompañaban a Pedro. Ellos quedaron convencidos de que Dios también había dado el Espíritu Santo a los gentiles. En ese caso, las lenguas no fueron solo señal para inconversos, sino también confirmación para quienes necesitaban reconocer la obra de Dios.
Sin embargo, Pablo también advierte que si toda la congregación habla en lenguas de manera desordenada ante personas que no entienden, los visitantes podrían pensar que están locos (1 Corintios 14:23). Esto muestra que una señal puede ser mal administrada si no hay orden.
Las lenguas como señal deben llevar a la fe, no a la confusión. Deben abrir el corazón a la Palabra, no desplazar la predicación. Deben manifestar la obra de Dios, no convertirse en espectáculo.
Por eso, la iglesia debe mantener el equilibrio apostólico: creer en las lenguas como señal, pero también enseñar, interpretar cuando sea necesario y hacer todo para edificación.
¿Han cesado las lenguas?
Algunos enseñan que las lenguas cesaron con los apóstoles o con la finalización del Nuevo Testamento. Uno de los textos usados para esta idea es 1 Corintios 13:8-10, donde Pablo dice que las profecías se acabarán, las lenguas cesarán y la ciencia acabará cuando venga lo perfecto.
El problema es identificar “lo perfecto” con la terminación del canon bíblico. El contexto de 1 Corintios 13 habla de conocer en parte y profetizar en parte, pero luego ver cara a cara y conocer como fuimos conocidos. Esta descripción apunta mejor a la consumación final, cuando Cristo venga y la iglesia entre en la plenitud de la perfección.
Pablo escribió a los corintios diciendo que no les faltaba ningún don mientras esperaban la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Corintios 1:7). Esto sugiere que los dones permanecen necesarios mientras la iglesia espera la venida del Señor.
Además, si se afirma que las lenguas cesaron porque vino “lo perfecto”, habría que afirmar también que cesó la profecía y que la ciencia acabó en el mismo sentido. Pero la iglesia todavía necesita edificación, predicación inspirada, conocimiento espiritual y operación del Espíritu.
Pablo no dijo: “prohibid las lenguas”. Dijo: “No impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39). La iglesia no tiene autoridad para prohibir lo que la Escritura permite y regula.
Las lenguas cesarán en la consumación, cuando ya no sea necesario lo parcial. Pero mientras la iglesia peregrina, predica, ora, espera y necesita edificación, los dones del Espíritu siguen teniendo lugar conforme a la Palabra.
Los milagros y los dones siguen siendo para la iglesia
La oposición al hablar en lenguas suele estar relacionada con la idea de que los milagros ya no son para hoy. Sin embargo, el Nuevo Testamento presenta los dones espirituales como parte de la vida de la iglesia.
Jesús dijo que señales seguirían a los que creen. El libro de los Hechos muestra milagros no solo por medio de los doce apóstoles, sino también en la vida de otros creyentes como Esteban, Felipe, Ananías, Pablo y Bernabé. La obra del Espíritu no estuvo limitada a un pequeño grupo.
Pablo enseñó a la iglesia sobre dones espirituales y no los presentó como algo que debía desaparecer inmediatamente. Al contrario, corrigió su uso para que edificaran correctamente. Si los dones fueran a cesar pronto, la instrucción detallada sobre su administración tendría poco sentido para la iglesia en general.
Hebreos 2:4 habla de Dios testificando con señales, prodigios, diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Marcos 16:20 dice que el Señor confirmaba la palabra con las señales que la seguían.
Esto no significa que la iglesia deba buscar señales por orgullo o espectáculo. Tampoco significa que toda manifestación que alguien reclame sea auténtica. La Biblia manda examinarlo todo y retener lo bueno. Pero examinar no es apagar. Discernir no es negar. Ordenar no es prohibir.
La iglesia necesita uso de los dones espirituales, el propósito de los dones espirituales y la supremacía del amor sobre los dones espirituales, porque los dones deben operar bajo la autoridad de la Palabra, con amor y para edificación.
Lenguas verdaderas y falsas: la necesidad de discernimiento
La Biblia enseña que existen manifestaciones verdaderas del Espíritu, pero también advierte sobre engaños, imitaciones y desorden. Por eso, hablar en lenguas debe tratarse con reverencia y discernimiento.
No todo sonido extraño es necesariamente una lengua dada por el Espíritu. Puede haber imitaciones humanas, presión emocional, aprendizaje de sílabas repetidas, deseos de aparentar espiritualidad o incluso manifestaciones espirituales engañosas. La existencia de lo falso, sin embargo, no elimina la realidad de lo verdadero.
El creyente no debe fingir hablar en lenguas. Nadie debe enseñar a otro a repetir frases o sonidos para aparentar una experiencia. Hechos 2:4 dice que hablaron según el Espíritu les daba que hablasen. El Espíritu da la expresión; el creyente habla en fe.
También se debe evitar el extremo de sospechar de toda manifestación espiritual. La Biblia no dice “apagad todo por temor a lo falso”, sino “examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). El discernimiento bíblico permite recibir lo que viene de Dios y rechazar lo que no edifica.
La iglesia necesita enseñanza sana sobre Discernimiento de espíritus y Don de discernimiento de espíritus en la Biblia, porque las manifestaciones espirituales deben evaluarse con Palabra, fruto, doctrina, reverencia y dirección del Espíritu Santo.
El hablar en lenguas verdadero glorifica a Dios, armoniza con la Escritura, no contradice la santidad, no fomenta orgullo y no produce confusión cuando se administra conforme al orden bíblico.
Cómo ocurre el hablar en lenguas
El hablar en lenguas genuino ocurre según el Espíritu Santo da que se hable. No nace de técnica humana, repetición aprendida ni manipulación emocional. La persona habla, pero el Espíritu da la expresión.
Cuando alguien busca recibir el Espíritu Santo, no debe concentrarse en fabricar lenguas, sino en arrepentirse, creer, obedecer y rendirse a Dios. La meta principal no es “hablar algo”, sino recibir el Espíritu Santo. Cuando el Espíritu llena, la evidencia bíblica inicial aparece.
Al mismo tiempo, la persona debe entender que el Espíritu no la obliga a hablar como si fuera un objeto. Hechos 2:4 dice que ellos comenzaron a hablar. Esto implica participación de fe. El Espíritu da, pero el creyente responde. El creyente no debe fingir, pero tampoco debe resistir por temor.
Por eso, cuando una persona siente que Dios está obrando, debe adorar, rendirse y permitir que el Espíritu dé la expresión. No debe seguir hablando en su idioma conocido para controlar la experiencia, ni repetir palabras que otros le enseñen. Debe confiar en Dios.
Para una orientación pastoral más específica sobre el momento de buscar la llenura, conviene estudiar Recibir el Espíritu Santo hablando en lenguas. Ese tema guía al lector en arrepentimiento, fe, obediencia, adoración y rendición. Este estudio se enfoca más en el fundamento bíblico y doctrinal del hablar en lenguas.
El hablar en lenguas ocurre cuando el Espíritu Santo llena y la persona responde en fe, usando su voz para expresar lo que Dios le da.
Orden bíblico para las lenguas en la iglesia
Pablo concluye su enseñanza en 1 Corintios 14 diciendo: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Esta frase es clave para una práctica sana de las lenguas en la iglesia.
El orden bíblico no consiste en apagar toda manifestación espiritual. Tampoco consiste en permitir cualquier cosa sin discernimiento. El orden bíblico permite la operación del Espíritu dentro de los límites de la edificación, el amor, la interpretación cuando es necesaria y la sujeción a la Palabra.
Si alguien habla en lenguas en oración personal o en adoración a Dios, no siempre se requiere interpretación, porque no está dando un mensaje público a la congregación. Pero si alguien se levanta o habla de manera que la congregación debe recibirlo como mensaje público, entonces debe haber interpretación para que todos sean edificados.
Pablo enseña que los mensajes públicos en lenguas deben ser limitados, por turno y con interpretación. Si no hay intérprete, quien tiene el mensaje debe callar en cuanto al mensaje público y hablar para sí mismo y para Dios.
Esto muestra que la persona llena del Espíritu no pierde el dominio de sí misma. “Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (1 Corintios 14:32). El Espíritu Santo no produce caos. La unción verdadera puede ser poderosa, pero no contradice el orden de Dios.
Una iglesia sana debe permitir las lenguas, enseñar su uso correcto, corregir el desorden con amor y no prohibir lo que la Biblia manda no impedir.
El hablar en lenguas y la edificación personal
Pablo dice: “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica” (1 Corintios 14:4). Esta edificación personal no debe despreciarse. El creyente necesita fortalecimiento espiritual, oración profunda y comunión con Dios.
En la oración en lenguas, el creyente puede hablar a Dios aunque su entendimiento no comprenda todo lo que expresa. Pablo dijo: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (1 Corintios 14:14). Luego añadió: “Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento” (1 Corintios 14:15).
Esto enseña equilibrio. No debemos abandonar la oración con entendimiento, porque necesitamos presentar nuestras peticiones, confesar, alabar y meditar con claridad. Pero tampoco debemos despreciar la oración en el Espíritu, porque Dios puede edificar el espíritu del creyente más allá de las palabras humanas conocidas.
La edificación personal no debe convertirse en egoísmo espiritual. El creyente edificado en oración debe servir mejor, amar más, obedecer más y testificar con mayor fuerza. La comunión personal con Dios debe producir fruto visible en la vida diaria.
El hablar en lenguas en la devoción privada también puede ayudar al creyente en momentos de carga, intercesión o debilidad. Romanos 8:26 enseña que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues no sabemos pedir como conviene.
Por eso, la oración en lenguas tiene un lugar bíblico en la vida del creyente lleno del Espíritu, siempre con humildad, reverencia y sujeción a Dios.
El hablar en lenguas y la edificación de la iglesia
Las lenguas también pueden edificar a la iglesia cuando van acompañadas de interpretación. Pablo enseña que un mensaje público en lenguas debe ser interpretado para que la congregación reciba edificación.
La interpretación de lenguas no siempre es una traducción palabra por palabra como en una clase de idiomas. Es una manifestación espiritual por la cual Dios da el sentido del mensaje para edificación de la iglesia. El resultado debe ser comprensible, bíblico y útil para los oyentes.
Cuando hay interpretación, las lenguas pueden funcionar junto con otros dones para exhortar, consolar, edificar y dirigir la atención hacia Dios. Pero si no hay interpretación, el mensaje público en lenguas no edifica a la congregación, aunque pueda edificar al que habla en su comunión con Dios.
Esto muestra que el amor debe gobernar los dones. No se trata de que alguien demuestre que tiene una manifestación espiritual, sino de que la iglesia sea edificada. Pablo repetidamente enfatiza la edificación como criterio principal en 1 Corintios 14.
Una iglesia que cree en las lenguas debe creer también en la interpretación, el discernimiento y el orden. De lo contrario, puede causar confusión. Pero una iglesia que prohíbe las lenguas por temor al desorden también se aparta de la instrucción apostólica.
El camino bíblico es permitir la obra del Espíritu y administrarla con amor, claridad y reverencia.
Objeciones comunes sobre el hablar en lenguas
Una objeción común dice que las lenguas fueron solo para los apóstoles. Pero en Pentecostés hablaron en lenguas más personas que solo los doce. En la casa de Cornelio hablaron gentiles. En Éfeso hablaron discípulos que no eran apóstoles. Pablo mismo habló en lenguas y enseñó a la iglesia sobre su uso.
Otra objeción afirma que las lenguas fueron solo idiomas humanos para predicar el evangelio. En Hechos 2 algunos idiomas fueron reconocidos por oyentes, pero Pedro luego predicó el evangelio en un idioma común. En 1 Corintios 14, Pablo habla de lenguas que nadie entiende y en las cuales se habla a Dios. Por tanto, las lenguas no se limitan a predicación misionera en idiomas humanos conocidos por los oyentes.
Otros dicen que las lenguas crean desorden. La respuesta bíblica no es prohibirlas, sino ordenarlas. Pablo no dijo: “Dejen de hablar en lenguas”. Dijo: “No impidáis el hablar lenguas” y “hágase todo decentemente y con orden”.
Otros creen que las lenguas son innecesarias porque ya tenemos la Biblia. Pero la Biblia misma enseña sobre las lenguas. Tener la Escritura no elimina la necesidad de obedecer lo que la Escritura enseña acerca del Espíritu Santo.
Otros temen lo falso. Ese temor debe llevar al discernimiento, no a la negación de lo verdadero. La iglesia debe examinar todo, retener lo bueno y rechazar lo que no procede de Dios.
Las objeciones deben responderse con Escritura, equilibrio y amor.
Errores que deben evitarse al enseñar sobre las lenguas
El primer error es negar lo que la Biblia muestra. Si Hechos presenta el hablar en lenguas como evidencia inicial del Espíritu, la iglesia no debe quitar esa señal por comodidad doctrinal.
El segundo error es exaltar las lenguas por encima de Jesucristo. El centro del evangelio es Jesús: su muerte, resurrección, nombre, señorío y obra salvadora. Las lenguas son señal del Espíritu, pero el Espíritu glorifica a Cristo.
El tercer error es fabricar lenguas. Nadie debe enseñar a repetir sílabas, imitar sonidos o aparentar una experiencia. El Espíritu Santo da la expresión.
El cuarto error es medir toda espiritualidad solo por las lenguas. La evidencia inicial es importante, pero la madurez se ve en doctrina, santidad, amor, obediencia y fruto.
El quinto error es permitir desorden en la congregación. Las manifestaciones espirituales deben administrarse conforme a 1 Corintios 14.
El sexto error es avergonzar a quienes todavía no han recibido el Espíritu. La enseñanza debe ser clara, pero también pastoral. La iglesia debe acompañar con paciencia a quienes buscan la promesa.
El séptimo error es apagar el Espíritu por miedo a abusos. La solución bíblica no es prohibir, sino enseñar, discernir y ordenar.
La iglesia necesita una doctrina de las lenguas que sea bíblica, cristocéntrica, pentecostal, santa, ordenada y llena de amor.
Relación con otros estudios sobre el Espíritu Santo
El hablar en lenguas se relaciona directamente con El bautismo del Espíritu Santo, porque aparece como evidencia inicial de recibir el Espíritu. También se relaciona con Recibir el Espíritu Santo hablando en lenguas, que ofrece una guía práctica para quienes están buscando la promesa de Dios.
Para entender el fundamento profético y apostólico, conviene estudiar La promesa del Espíritu Santo y El derramamiento del Espíritu Santo. Para comprender todo lo que el Espíritu hace en la vida del creyente, es importante leer La obra del Espíritu Santo. Para estudiar su identidad, se puede profundizar en Qué es el Espíritu Santo según la Biblia y El Espíritu Santo en la Biblia.
Este tema también se conecta con El sonido del Espíritu, porque Juan 3:8 y Hechos 2 muestran una dimensión audible en la obra del Espíritu. Se relaciona con el fruto del Espíritu Santo, porque la señal inicial debe ir acompañada de vida transformada. También se relaciona con cuáles son los dones del Espíritu Santo, Los 9 dones del Espíritu Santo, Dones espirituales sobrenaturales, uso de los dones espirituales, el propósito de los dones espirituales y la supremacía del amor sobre los dones espirituales, porque las lenguas forman parte de la manifestación del Espíritu en la vida y edificación de la iglesia.
La doctrina de las lenguas debe ubicarse dentro de una visión completa del Espíritu Santo: promesa, derramamiento, bautismo, evidencia inicial, oración, dones, fruto, santidad y misión.
Conclusión: no impidáis el hablar en lenguas
El hablar en lenguas es una enseñanza bíblica que debe ser recibida con fe, explicada con claridad y practicada con orden. Aparece en el día de Pentecostés, en la casa de Cornelio y en Éfeso como evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo. También se ve en la vida del apóstol Pablo y en la enseñanza de 1 Corintios como una manifestación útil para la oración personal y, con interpretación, para la edificación de la iglesia.
Las lenguas no salvan por sí mismas, pero el Espíritu Santo es esencial en el nuevo nacimiento, y la Biblia presenta el hablar en lenguas como señal inicial de recibir el Espíritu. Las lenguas no reemplazan el fruto, la santidad ni el amor, pero tampoco deben ser negadas, ridiculizadas o prohibidas.
La iglesia necesita equilibrio apostólico. Debe predicar arrepentimiento, bautismo en el nombre de Jesucristo y recepción del don del Espíritu Santo. Debe enseñar que el hablar en lenguas es evidencia inicial, pero también debe formar creyentes santos, amorosos, obedientes y maduros.
Pablo dijo: “No impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39). También dijo: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Estas dos frases deben caminar juntas. No apagar el Espíritu, pero tampoco permitir desorden. No negar las lenguas, pero tampoco usarlas sin amor. No abandonar la experiencia, pero tampoco separarla de la Palabra.
El hablar en lenguas sigue siendo parte de la experiencia bíblica del creyente lleno del Espíritu, de la devoción personal y de la vida congregacional cuando se administra conforme a la Escritura. La promesa sigue vigente, y la iglesia debe seguir esperando que quienes reciben el Espíritu Santo hablen en otras lenguas según el Espíritu les da que hablen.
Preguntas frecuentes sobre el hablar en lenguas en la Biblia
¿Qué es hablar en lenguas según la Biblia?
Hablar en lenguas es hablar por el Espíritu Santo en un idioma que la persona no aprendió naturalmente. En Hechos 2:4, los discípulos hablaron en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen. Puede tratarse de idiomas humanos reconocibles, como ocurrió en Pentecostés, o de expresiones espirituales no entendidas por los oyentes, como Pablo explica en 1 Corintios 14:2. No es una imitación humana ni un balbuceo sin propósito, sino una manifestación sobrenatural dada por Dios.
¿Hablar en lenguas es la evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo?
Sí. En el patrón del libro de los Hechos, el hablar en lenguas aparece como evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo. En Pentecostés, los discípulos hablaron en lenguas al ser llenos. En la casa de Cornelio, los judíos supieron que los gentiles habían recibido el Espíritu porque los oían hablar en lenguas. En Éfeso, los discípulos hablaron en lenguas cuando vino sobre ellos el Espíritu Santo. Esta evidencia inicial no reemplaza el fruto espiritual, pero sí confirma la recepción del Espíritu.
¿Las lenguas salvan a una persona?
Las lenguas no salvan por sí mismas. La salvación es obra de Dios por medio de Jesucristo, recibida mediante una fe obediente al evangelio. Sin embargo, recibir el Espíritu Santo es parte esencial del nuevo nacimiento, y la Biblia muestra que el hablar en lenguas es la evidencia inicial de recibir el Espíritu. Por eso, no predicamos las lenguas separadas de Cristo, sino arrepentimiento, bautismo en el nombre de Jesucristo y recepción del don del Espíritu Santo.
¿Cuál es la diferencia entre hablar en lenguas y el don de lenguas?
Hablar en lenguas como evidencia inicial ocurre cuando una persona recibe el Espíritu Santo. El don de diversos géneros de lenguas mencionado en 1 Corintios 12 es una manifestación espiritual para edificación de la iglesia, especialmente cuando se da como mensaje público y va acompañado de interpretación. En Hechos, las lenguas aparecen al recibir el Espíritu; en 1 Corintios 14, Pablo regula su uso congregacional. Ambos proceden del Espíritu, pero cumplen funciones distintas.
¿Todos los creyentes deben hablar en lenguas?
Según el patrón de Hechos, todos los que reciben el Espíritu Santo hablan en lenguas como evidencia inicial. Sin embargo, no todos necesariamente ejercen el don público de lenguas en la congregación. Esta diferencia es importante. Pablo regula el don público de lenguas en 1 Corintios 14, pero Hechos muestra la evidencia inicial al recibir el Espíritu. Por eso, la iglesia debe enseñar que recibir el Espíritu viene acompañado de lenguas, sin confundirlo con el ministerio público del don.
¿Las lenguas cesaron después de los apóstoles?
La Biblia no enseña que las lenguas cesaron con los apóstoles. Pablo dijo que no impidiéramos el hablar en lenguas y enseñó que los dones eran necesarios mientras la iglesia esperaba la manifestación de Jesucristo. 1 Corintios 13 habla de que las lenguas cesarán cuando venga lo perfecto, una expresión que apunta a la consumación final, cuando veamos cara a cara. Mientras la iglesia siga necesitando edificación, oración, testimonio y poder del Espíritu, las lenguas siguen teniendo lugar conforme a la Palabra.
¿Cómo deben usarse las lenguas en la iglesia?
Las lenguas deben usarse con amor, edificación y orden. Si una persona ora en lenguas en su devoción personal, habla a Dios y se edifica espiritualmente. Pero si alguien da un mensaje público en lenguas a la congregación, debe haber interpretación para que todos sean edificados. Pablo enseña que todo debe hacerse decentemente y con orden. La iglesia no debe prohibir las lenguas, pero tampoco permitir confusión o desorden en nombre del Espíritu.
¿Puede haber lenguas falsas?
Sí, puede haber imitaciones humanas, presión emocional, repetición aprendida o manifestaciones que no proceden del Espíritu Santo. La existencia de lo falso no elimina lo verdadero. La Biblia manda examinarlo todo y retener lo bueno. Las lenguas verdaderas proceden del Espíritu, armonizan con la Escritura, no contradicen la santidad, no producen orgullo y deben administrarse con orden. La iglesia necesita discernimiento espiritual para recibir lo que viene de Dios y rechazar lo que no edifica.